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Colaboraciones - José Miguel Ruiz Valls

Hágase tu voluntad

por José Miguel Ruiz Valls
Jose Miguel

Si queremos definir la no-dualidad, bien podemos empezar diciendo que no es más que un juego de palabras. La no-dualidad "no es ninguna creencia" y también "es ninguna creencia" (pues no se trata de creer sino de descreer). Si imaginamos la mente como un árbol, es la ruta desde cualquiera de las múltiples ramas (En las que cualquiera se puede perder), hasta el único tronco, el viaje hasta donde "no hay dos", el regreso al origen. El juego consiste en plantear preguntas y en hallar las respuestas, siempre sin perder la lógica, hasta dar con una pregunta que no se puede responder lógicamente... ¿Qué se consigue con ello?... Pues conocer los límites de la mente, para poder conocer la propia mente... ¿Podrías conocer un objeto cualquiera, si no percibieras sus límites?... Así pues, como el propósito de la no-dualidad es conocer, saber, bien podemos llamarla la vía de la sabiduría o del conocimiento. La vía por la que se puede llegar a saber que no hay un ser llamado Dios más otro ser llamado josé miguel, pues si Dios existe, y es infinito, ¿Queda espacio para alguien más?

Saber no es más que reconocer que no se sabe, como dijo Sócrates, y eso se logra al hallar los límites de la mente, al hallar las preguntas que la mente no puede responder. Si tú mismo te defines como buscador de la verdad, debes admitir que, hasta ahora, no la has hallado pues, ¿Quién buscaría lo que ya tiene?... Por tanto, si en este mismo instante, te sientes buscador espiritual, buscador del espíritu, debes admitir que, hasta este mismo instante, no has encontrado al espíritu. Debes admitir que nada de lo que has aprendido, hasta ahora, te ha ayudado a conocer al espíritu. Debes aceptar que todo lo que tienes son creencias que, al ser para ti incuestionables, te impiden hacerte preguntas, te impiden averiguar, te impiden saber hasta qué punto se puede saber. Cuando aceptas que no sabes, que las cosas que tienes en la mente "no sirven", no temes vaciar tu mente; y una mente vacía es una mente silenciosa, tranquila, calmada, en paz; y es en ese estado de paz donde puedes reconocer a Dios, donde puedes reconocerte a ti... Y es que, mientras creas que Dios está fuera ¿Cómo lo vas a buscar dentro?

Los creyentes suelen escandalizarse con este mensaje y suelen enfadarse con el mensajero (Cuentan que, a uno de ellos, incluso lo crucificaron); y eso es porque ellos no razonan, no investigan, y por tanto, no saben. A ellos les enseñaron a creer cuando eran niños y ahora que son adultos siguen creyendo exactamente lo mismo que entonces creían... ¡Son adultos con ideas de niño!... Y ya sabemos lo fácil que es impresionar a un niño con cuentos de hadas, lo fácil que es meterle miedo con historias de brujas. Pero cuando uno sabe qué es Dios, pierde todo miedo pues ¿A quién, o a qué, puede temer Dios?... Los creyentes creen que tenerse a uno mismo por Dios es propio de locos pero ¿Encerrarías a alguien en un psiquiátrico por el hecho de haber perdido su miedo?... ¿Acaso no están allí, precisamente, los que tienen fobias, los que más miedo tienen?... ¿Qué darías por no sentir miedo?

El caso es que los creyentes no pueden ver a Dios por la sencilla razón de que han fabricado una imagen de Dios... ¡Y están viendo un póster!... Y eso que Dios les otorgó unos "Mandamientos" (Ellos dicen que de obligado cumplimiento) en los que ya les advirtió que no fabricaran imágenes. Los creyentes tienen una imagen mental de Dios porque desconocen los límites de la mente y creen que pueden meter a Dios en la mente. Pero el que humildemente reconoce que su mente limitada no puede abarcar lo ilimitado; o el que se da cuenta de que Dios no puede tener una imagen estática, inmóvil (pues si así fuera, estaría limitado por esa propia imagen); en el mismo momento en que reconoce su ignorancia, comprende que no pudo ser responsable de nada, y por tanto es del todo inocente; y deja de sentirse "no digno de Dios"... ¿Crearía Dios algo indigno de sí mismo?

El que deja de sentirse indigno de Dios, deja de sentir temor de Dios; y ya nada le impide entrar por la puerta estrecha de la que habló Jesús. El que no averigua los límites de la mente, no puede reconocer su ignorancia y no puede sentirse inocente sino que, al contrario, se siente culpable por creer que puede atrapar lo ilimitado en su limitada mente, ¿No es eso pretender ser más grande que Dios?... Y la culpa le hace sentir temor de Dios, y su miedo le lleva a esconderse, a separarse... Y como, aunque no se sienta Dios, lo sigue siendo, ¡Su voluntad se cumple!

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