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La cuerda floja del Ahora

por Eckhart Tolle Ttranscripción de la charla del Encuentro del 2000 de Inner Directions
Eckhart Tolle

Sin expectativas... sin esperar que algo suceda... estando completamente presentes aquí. Vamos a estar juntos sentados una hora y media o dos horas dejando simplemente que el estado de consciencia que está libre del futuro, libre del pasado ―un estado atemporal de simple presencia― surja dentro de ustedes, porque para eso están aquí. No han venido aquí para ser alimentados con nuevos pensamientos, conceptos e ideas. Quizás unos pocos indicadores sean útiles. Pero ustedes no han venido aquí para recoger más indicadores que digan: "Roma o Meca o Iluminación" y luego llevárselos a casa para colocarlos en su biblioteca o en su salón: "¿No es este un hermoso indicador?" O rendir culto al indicador como un concepto, una idea, un pensamiento.

Estamos realmente aquí (esta no es una conferencia normal que transmita información para llevarse a casa) para que lo opuesto de todo eso pueda suceder: un abandono de todos los conceptos e ideas.

Estamos aquí, en última instancia (y esto puede sonar un poco aterrador para la mente) para renunciar al pensamiento. ¿Qué es la quietud más que el estado de consciencia que está libre del ruido? Este no es un objetivo lejano para ser alcanzado en diez años o en una vida futura. Si este estado de consciencia no estuviera surgiendo ya en ustedes, no estarían sentados aquí. Pero para la mente y para el sentido egoico del yo, el mi, mi historia, mi pasado, mi futuro ― puede ser un poco aterrador. ¿Ningún pensamiento? ¿Quién sería yo sin pensamientos?

Ayer, Katie hizo la pregunta, "¿Quién serías sin el pensamiento?"

Todo es cuestión de abandonar el apego al pensamiento y finalmente ir más allá de la necesidad compulsiva de pensar. Entonces lo que surge es la Presencia ―un estado de claridad, simplicidad de puro estado de ser― un profundo permitir o aceptar que este momento sea lo que es. Eso es todo lo que es, amor. También es compasión, un profundo afecto, un abrazar todo lo que es. En otras palabras: abrazar la vida, diciendo "Sí" a la vida. ¿Dónde está la vida? Aquí y Ahora. La vida no puede existir separadamente del aquí y del ahora. Así que cualquier negación del ahora, resistencia al ahora, huir mentalmente del ahora ― siempre tratando de llegar al siguiente momento porque la realización está ahí en alguna parte, hace que te pierdes esta vida. Y entonces te llega la edad de 85 años, todavía buscando algo, y te has perdido al Amado, lo Divino que está aquí, en cada momento. Ahora, este momento, ahora, sólo hay un momento.

Aparece en diferentes formas. Este momento en particular resulta ser hermoso externamente ― ambiente hermoso, gente maravillosa. Así que es un poco más fácil entrar en el estado de aceptación cuando nos sentamos aquí.

Puede haber momentos en que no parece ser tan bueno en la superficie ― no bueno en una forma más o menos importante. Pierdes el autobús o el avión... algo poco... o algo muy importante sucede, algún fracaso en tu vida, alguna pérdida. ¿Qué sucede entonces? Por lo general, la resistencia aparece. Un profundo no a lo que es. Esa es la reacción del pequeño yo ― el sentido de uno mismo fabricado por la mente, la historia. Se vuelve más fuerte, cuanto más profundo es el no a este momento, y cuando la resistencia aparece, el no puede llegar a ser muy intenso. Y eso, por supuesto, es dolor, sufrimiento. Cuanto más fuerte es el no, cuanto más profundo el desafío, más fuerte es la reacción del no.

Y lo que yo llamo el "pequeño yo", que es una imagen creada por la mente de quien soy, se basa en el pasado, las cosas que me han ocurrido. No sólo eso, sino aún más importante, se basa en una interpretación de esas cosas que han ocurrido. Con los años se forma una imagen en la cabeza: el yo. Y hay una historia, por supuesto, que es una parte intrínseca de la imagen del yo.

Así que todo el mundo vive en esa obra de ficción creada por la mente. Y el yo es el principal protagonista. Puede ser un gran drama; puede ser una tragicomedia, o una mezcla. De modo que para estar atrapado en un sentido de identidad tan pequeño, necesito revivir mentalmente mi pasado, mi historia, continuamente. Y el pequeño yo vive en resistencia a lo que es, debido a que las necesidades ficticias de dicha entidad no pueden sostenerse, salvo en un estado de resistencia al ahora o de negación del ahora.

Cada historia de vida ―la historia del pequeño yo― es a la larga insatisfactoria. Si nos fijamos en la historia del yo: "Eso no resultó ser de la manera que debería... no es así como me imaginé que fuera mi vida... parece que algo ha ido mal", uno siempre descubre este elemento de insatisfacción.

Sin embargo, si hay un pequeño yo sentado aquí, puede haber una o dos personas pensando en este momento, "Él debe de estar hablando de otras personas, pero yo estoy bien, porque he encontrado a la pareja ideal, acabo de enamorarme, y la historia ha llegado a una conclusión satisfactoria. Así que el pequeño yo está bien. Está equivocado sobre mí, pero puede que tenga razón sobre todos los demás. Mi historia es realmente estupenda. Es un final feliz".

O acabas de conseguir el trabajo ideal o de ganar 5 millones de dólares en la lotería, y luego el pequeño yo dice: "¡Oh, esto es todo! " Si ese es el caso, nos veremos aquí de nuevo el próximo año, cuando hayas regresado de la luna de miel.

Así que sólo estamos aquí en este momento, viendo simplemente la naturaleza inconsciente mecánica de la estructura mental. Pero es más que eso. Cuando la vemos ― el ver no es parte de ella. El ver es parte de algo que no tiene nada que ver con la consciencia de la mente condicionada. Y eso está surgiendo aquí. Así que si no has salido de la historia del yo del todo, lo peor que puede pasarte sería que ya no tengas más futuro porque entonces, el pequeño yo entra en pánico y dice: "La historia no terminará. Si me quitas el futuro, me quitas la posibilidad de un final feliz a mi historia". Y me sienta mal decirte que no tienes más futuro o casi ningún futuro. Y lo extraño es que, en realidad, eso es lo que está pasando aquí de una manera sutil. Yo no quiero asustarte, pero de una manera muy sutil gradualmente estamos eliminando el futuro de nuestra consciencia para que ese nivel de consciencia sea reemplazado gradualmente por otra cosa. Pero vamos poco a poco para que el pequeño yo no entre en contracción y salga corriendo de esta sala.

El futuro... buscar la salvación, buscar la culminación en el futuro, ese es un aspecto de la salvación para el pequeño yo. La otra parte es que el pequeño yo también sabe que el futuro es muy amenazador. Pero es atraído hacia él como una respuesta a la historia, pero sabe al mismo tiempo que el futuro acabará con él. Por supuesto que sí. Así surge un dilema terrible para el pequeño yo. Es atraído hacia el futuro como una respuesta, como la salvación, como la culminación. Y al mismo tiempo, está continuamente amenazado por el futuro, porque cualquier cosa puede suceder. "Puedo perder lo que ya tengo, puede que no sea tan satisfactorio, pero al menos tengo eso, y el futuro puede arrebatármelo".

Así que hay dos movimientos que gobiernan la entidad ficticia en la que los humanos están atrapados. Un profundo afán por el futuro como una respuesta, es el movimiento del querer y necesitar. Es por eso que todo el mundo está corriendo hacia él. Tradicionalmente, a esto se ha llamado "Deseo" en las enseñanzas espirituales. El otro movimiento relacionado con el futuro es: "Dios mío, ¿qué va a pasar conmigo?" Eso se llama "Miedo". Surge el miedo.

Así que los seres humanos se mueven entre estos dos, en un continuo conflicto o dilema. El deseo, que es querer y necesitar, y el miedo. Somos atraídos hacia el futuro y al mismo tiempo le tenemos miedo. Es fácil ver por qué los seres humanos viven en tal miseria. Y además toda la ficción del yo, no puede mantenerse sin estar en oposición a algo. El yo, para poder continuar, tiene que estar en conflicto con algo casi continuamente, ya que su supervivencia depende del no-yo. Depende de mantener la ilusión de que es una entidad separada, "esta es mi frontera, y ahí fuera están los demás y el resto del mundo". Eso sólo puede mantenerse ―la ilusión de la separación, de un encapsulado yo― por el temor que subyace en el pequeño yo. Está en un estado de continua contracción ―tanto psicológica como física― de protección del pequeño yo y su encapsulado sentido de sí mismo. Para que su ilusión de separación pueda mantenerse, necesita enemigos de una forma u otra.

¿Por qué es que el 90 por ciento de la historia humana es la historia de la locura? Cualquier persona que posea un libro de historia dice: "Es una locura". Así que tenemos que llegar a la raíz de esta locura para ir más allá de ella ― no decir: "Oh, están locos". Es ver que yo estoy loco. Ver la locura es en realidad una cosa muy positiva porque ¿de dónde surge esa visión? De la cordura. Es sólo cuando surge la cordura que puedes ver la locura. Y podemos ver la locura colectiva de la humanidad en su historia, la increíble locura ― matanzas, sufrimientos.

Así que ¿cómo surge todo esto? Surge en cada individuo. Incrustada en la estructura misma del sentido egoico de uno mismo está la necesidad de enemigos. Los enemigos no están necesariamente en la forma de personas, aunque a menudo ese es el caso, sino en forma de situaciones, condiciones, incluso lugares. Y entonces ¿qué hay en la raíz misma de eso? ¿Cuál es el gran enemigo real del pequeño yo? El momento presente.

¿Y cuál es el momento presente ahora? La vida. Porque la vida no puede estar en ningún otro lugar ni en ningún otro momento que ahora. Así que el pequeño yo vive en oposición a la vida. Su enemigo es la vida misma, que es ahora. Si eso no es locura, ¿qué es? Por lo tanto soy yo, el pequeño yo, contra el universo.

El pequeño yo puede tener breves momentos de alivio temporal. Nunca por mucho tiempo, ya que no puede permitirse estar en el estado de no-oposición a lo que es por mucho tiempo. No puede permitirse estar en un estado de paz por mucho tiempo. No puede permitirse estar en un estado de alegría por mucho tiempo. No puede permitirse estar en el estado de amor por mucho tiempo. Porque todas esas cosas surgen sólo cuando no hay oposición a "lo que es", cuando hay un abrazo profundo a lo que es. Así que el pequeño yo tiene miedo de abrazar lo que es. Su misma existencia depende de no abrazar lo que es. Reconocer eso es una realización maravillosa. Algo dentro de ese reconocimiento: "¿Hay algo ahí que no tenga nada que ver con el pequeño yo?"

Así que hay dos movimientos ― puedes encontrarlos dentro de ti mismo, incluso aquí. Algo surge que es más profundo que esa ficción egoica. Está surgiendo ahora. Sin embargo, todavía existe el impulso detrás de la ficción egoica del yo. Puedes estar seguro de que no le gusta esto.

La necesidad profunda incrustada en la estructura misma de la mente egoica, una profunda necesidad de infelicidad, nunca se ha hecho patente porque la supervivencia de esa estructura de la mente depende de la inconsciencia. Cuando la haces consciente, de repente ves, "¡Oh, esto es una locura! Mi necesidad de ser infeliz". Nunca es reconocida plenamente, siempre viene en una forma encubierta ya que las razones de mi infelicidad siempre están ahí fuera: "Esto me hace infeliz, eso me hace infeliz, el momento presente me hace infeliz. Lo que es ― me hace infeliz".

Siempre y cuando hay inconsciencia, las causas de la infelicidad están ahí fuera, y siempre está la interpretación: "Si solamente esas cosas cambiaran o pudiera cambiarlas, yo estaría bien". Y entonces te embarcas en una continua lucha contra lo que es. "Voy a cambiar estas cosas de ahí fuera para eliminar las causas de mi infelicidad. Si puedo hacer que cambies tu comportamiento, entonces seré feliz. Mi infelicidad se irá". Esa es la ilusión, y mucha gente llega al final de su encarnación (la mayoría todavía) atrapada en esa ilusión: "Si las cosas fueran diferentes", no ven que la infelicidad está incrustada en la estructura misma de la mente. Se puede ver en las relaciones. Si conoces a una persona, los primeros días o semanas ―a veces incluso meses― hay armonía. Y entonces surge algo que es muy diferente, una energía completamente diferente. La necesidad de conflicto regresa. Y el momento en que los seres humanos están más tiempo sin conflicto es a menudo cuando se enamoran, y eso puede durar unas pocas semanas. O si te vas a vivir a una isla del Pacífico Sur, es posible que seas libre de la infelicidad por algún tiempo, pero puedes estar seguro de que la felicidad que está aquí ― no ahí― en la estructura de la mente egoica, encontrará una razón para que seas infeliz. Aun cuando estés en el paraíso, habrá algo que no está bien. Podría ser cualquier cosa: los mosquitos, el aburrimiento.

Digamos que alguien pudiera crear para ti un ambiente donde se hubieran eliminado todas las causas de la infelicidad. La infelicidad profunda todavía surgiría por el aburrimiento insoportable, hasta el punto del suicidio. A veces ocurre eso con las personas que nacen en una gran riqueza, donde todas sus necesidades o deseos son inmediatamente satisfechos. Deberían ser completamente felices ―ellos lo han tenido todo― pero a menudo surge la miseria profunda, la profunda insatisfacción con todo. Así que no puedes escapar de eso.

Hay una reacción profunda, una repulsa a lo que yo digo en el pequeño yo que dice: "Bueno, puede que tenga razón, esto puede aplicarse a otras personas, pero en realidad son infeliz porque tengo razones para ser infeliz. Los otros pueden estar en el engaño, pero mi sufrimiento es real".

Y así ver, percibir lo que es una realización asombrosa ― que llevas contigo a todas partes la infelicidad dentro de la estructura de tu propia mente. La estoy utilizando (la infelicidad) como un término genérico. El Buda usó el término "Sufrimiento". Otras tradiciones usan los términos "Espejismo" o "Ilusión" o incluso "Pecado". El ver o darse cuenta de eso da comienzo a su disolución. Las estructuras de la infelicidad humana, que son las estructuras de un modo de pensar egoico condicionado, comienzan a disolverse. ¿Y qué ocurre entonces? Esto sólo ocurre si tu atención se mueve hacia el ahora, y se sostiene ahí. Pero al ego le gusta hacer de eso un problema también. Dice: "Está bien, debe llevar tiempo deshacerse de la ilusión de toda esa infelicidad en mi mente. ¿Cuánto tiempo llevará?" Si ha llevado 100.000 años para que surja en los seres humanos, entonces es la condición humana. Si ha llevado tanto tiempo, ¿llevará lo mismo para salir de ella? ¿Otros 100.000 años? Y el ego dice: "¡Sí, sí, lo haré! Dame tiempo".

Y esa es tu oportunidad. Debes estar preparado. Podría ser a través del simple hecho de que tal vez la forma (humana) no pueda permanecer en existencia por tanto tiempo. Quizás sí. Es posible que haya un elemento de incertidumbre, y puedas ir muy profundamente hacia el "sí ", y al ahora, y a la Presencia, de modo que el pasado y el futuro desaparecen casi por completo a excepción de los asuntos prácticos. Y caminas por este sendero del ahora. A veces lo describo como la "cuerda floja del ahora".

Y ese es el florecimiento de la consciencia humana. Si caminas por la cuerda floja de ahora, tienes que estar totalmente presente, a cada paso. No hay ningún pequeño yo. No puedes recordar tus problemas en la cuerda floja, o te caerías inmediatamente. Incluso el miedo. No puedes tener miedo de dar el siguiente paso o caerías inmediatamente. Sólo hay este paso. Y hay una total presencia a cada paso. Este es el estado que está surgiendo, y es sólo en esa presencia total y absoluta que el pequeño yo se disuelve y todos los problemas adheridos a él ―que en realidad constituyen su propia existencia― desaparecen. No pueden sobrevivir ante la intensa presencia.

Mira cualquier problema de tu vida, no importa lo grave que parece, y mira si puede sobrevivir cuando tu atención está totalmente aquí. Entonces te conviertes en lo que siempre has sido ― que es la consciencia misma, el campo imperturbable de presencia que subyace a todo. Así que la pesadez se ha ido. Ese es el cumplimiento de tu existencia humana.

Ahora bien, no importa cuánto tiempo exista esta forma. Unas pocas semanas, 50 años, lo mismo da. Este florecimiento es la realización de "quién" eres. Pero no serías capaz de decir mucho sobre ello a través de la mente. Si alguien pregunta, "¿Quién eres?" sólo puede haber un silencio.

Lo extraño es que, desde el punto de vista de la mente, parece como si supieras menos acerca de "quién" eres que antes. Y es verdad. Es un abrazo voluntario a ese estado (de no saber), y esto es también una clave, un abrazo voluntario y decir "Sí" al estado de no saber nada más. Es por eso que es tan aterrador para el pequeño ego. Abrazar el no saber.

Hay un vasto poder en ese no saber. Lo que necesitas saber en todo momento (que es siempre este momento) surgirá de lo que a la mente le parece como el estado de ignorancia. Lo que necesites saber, o cualquier cosa que necesites hacer y conocer en todo momento, en lo que sea ―en las relaciones, en cualquier situación― surge del estado del no saber. Así que siéntete cómodo, feliz con no saber.

Es una gran cosa que descubrir. Y ahora este estado de consciencia se aplica a toda tu existencia. Está bien no saber, y entonces permaneces con el no saber, que es la quietud. Y todo lo que se necesita de repente viene. Puede venir como palabras, como una acción, o simplemente como una emanación de amor. Sucede, ya no es la totalidad ―la vida transcurre― y luego regresas al estado de no saber.

Podría ser una cosa simple como salir a caminar y ver todo lo que te rodea en ese atento estado de alerta. No vas caminando por ahí como el pequeño yo con sus problemas. Vas caminando como un campo de consciencia que mira el universo ―el universo fenoménico y su belleza― sin necesidad de imponer el ruido mental en nada ni interpretar. No necesitas saber cómo se llama este árbol. Es posible que lo sepas, pero ya no es importante si no interfiere con la belleza de ese momento. Ya no existe la pesadez de una persona que camina por la calle. El campo de consciencia, y tú, miran el mundo, y si tenías algunos pensamientos en la cabeza, dirías: "Esto es bueno. Cada momento es bueno".

Y Dios vio su creación y ―no puedo recordar exactamente las palabras― vio que era bueno. Eso que mira el mundo a través de tus ojos es pues la consciencia pura ― la luz que emana de la Fuente. Esta luz mira a través de tus ojos, de tus percepciones sensoriales y ama a su creación porque tú la creaste. Tú eres la consciencia, que aparece como forma, y es bueno. Así que caminas como una bendición en la tierra, ya no como una carga. Y todo el mundo y todas las cosas te aman por eso. Hasta la naturaleza, sentirás que la naturaleza ―los árboles, las flores― aman tu presencia. Es casi como si su mismo ser se moviera un poco hacia ti porque dentro de la totalidad no hay separación entre esto y lo otro ―cuando ves la belleza sin la mente― es un auto-reconocimiento. La consciencia ―la flor, que es una expresión de la consciencia― reconoce su propia belleza a través de ti. Así que hasta la naturaleza encuentra la plenitud a través de eso. Se conoce a sí misma a través de ti. Se parece a ti.

Y sin embargo, si todo eso es forma, lo eterno está debajo de las formas, en este momento, ¿cuáles son los ingredientes de este momento? La voz, tu percepción de la voz, la totalidad de este espacio, la gente, flores, luces, percepciones sensoriales de esas cosas. Está bien. Eso es bueno. También está el silencio. Eso es aún mejor. Y reconocer el silencio ― "Oh, escúchalo". Está surgiendo de la quietud. El silencio es útil. En el fondo no lo necesitas. La quietud no depende del silencio exterior, pero es bueno. Es útil escuchar el silencio. No es más que la quietud en ti la que puede ser consciente del silencio. Si tu mente fuera muy ruidosa sentado aquí, el silencio no tendría sentido ― un concepto. En el momento que escuchas el silencio, surge la quietud. Por medio de la quietud, te das cuenta del silencio.

Así que está dentro y fuera, y entonces viene la realización, "siempre está dentro" (no siempre puede estar fuera), pero la dimensión de la consciencia siempre está ahí. Y entonces puede surgir en los momentos más insospechados. Puedes encontrarte en medio de una situación ruidosa en el trabajo ― la lucha del pequeño yo; y de repente, surge el silencio, y estás observando sin condenar, sin interpretar. Entonces, tal vez surjan algunas palabras. Dices algo muy diferente. Cualquier cosa que surge de tu quietud interior tiene una cualidad muy diferente. Incluso si se convierte en palabras, siempre tiene algo de esa quietud ― el lugar de donde vino, todavía tiene una fragancia de eso... una frescura y una novedad. Y tal vez digas algo, y viene de esa quietud. Una dimensión de consciencia totalmente diferente surge ― el amor, fundamentalmente, más allá de lo que a las imágenes del ego les gusta ser.

Hemos estado hablando, desde hace mucho tiempo, sobre lo que no se puede hablar. La vida está llena de paradojas. Básicamente, nos hemos movido más allá del tiempo, más profundamente en el ahora. De acuerdo con el reloj parece que hemos estado sentados aquí durante una hora y media o una hora y tres cuartos, pero no ha sido realmente así. Un momento profundo, eterno, la dimensión atemporal de la consciencia viene y se ve como un acontecimiento en el tiempo, pero tienes que aceptar ciertas paradojas, así es como es.

Reconozcamos el silencio. Fuera, a través de la quietud interior. Y ahora haz frente a todo, a todo el mundo, a través de esa quietud. Trae la quietud ― sé ella, porque tú eres ella.

Y entonces esa es la dimensión de lo Sagrado surgiendo, inseparable de la quietud.

A veces las preguntas están bien, pero en este momento siento que no hay necesidad de eso. Sólo sería la mente tratando de entender algo que ya conoce. Y sé que tú ya lo sabes. Y tu mente dice: "No, no, no lo sé". Sí, lo sabes.