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Artículos - Adyashanti (2006)

Todo vuelve a la nada

Por Adyashanti
Adyashanti

Inexplicablemente sucede. Cuando menos te lo esperas. Por una razón que nunca puedes saber. En un momento estás esforzándote, pensando, imaginando, y luego, en un abrir y cerrar de ojos, todo desaparece. La lucha desaparece. El esfuerzo desaparece. La persona desaparece. El mundo desaparece. Todo desaparece, y la persona es como un punto de luz que simplemente se desvanece hasta que desaparece. Y no hay nadie ahí para presenciarlo. La persona se ha ido. Sólo, sólo queda la conciencia. Nada más. No hay nadie que sea consciente. No hay nada de lo que ser consciente. Sólo eso permanece. Entonces, finalmente y simplemente, se comprende.

Entonces se ve que todo ―toda la lucha, todo el esfuerzo, todo el pensar, todo el imaginar, toda la entrega, todo el dejar ir, todo el acaparar, toda la oración, toda la mendicidad, toda la maldición, también― era sólo una distracción. Y sólo entonces se ve que la persona era, es, y siempre será nada más que un pensamiento. Con un solo pensamiento, la persona parece resurgir. Con más pensamientos, el mundo parece resurgir de la nada. Pero ahora lo sabes.

La encarnación no es más que un pensamiento. Un millar de encarnaciones no son más que un millar de pensamientos. Y este asombroso milagro de un espejismo que llamamos el mundo reaparece tal como era antes, pero ahora lo sabes. Es por eso que a menudo sueltas una gran carcajada, porque te das cuenta de que todas tus luchas fueron inventadas. Las conjuraste de la nada ―con un pensamiento que estaba vinculado a otro pensamiento, que entonces creíste, que se unía con otro pensamiento que entonces creíste. Pero nunca podría haber sido verdad, ni por un segundo pudo haber existido en realidad. Nunca podrías haber sufrido realmente por una razón que fuera cierta ―sólo a través de la imaginación, buena, mala, indiferente. Las complejidades de la filosofías y teologías espirituales son sólo un pensamiento dentro del Vacío.

Y así hablamos a veces, y yo finjo que me tomo en serio tus luchas, así como fingía tomarme en serio las mías. Puedes fingir que te tomas en serio tus propias luchas de vez en cuando, y aunque lo finjamos, en realidad no hay que olvidar que estamos fingiendo, que estamos inventando el contenido de nuestra experiencia; estamos inventando los pequeños dramas de nuestras vidas. Estamos inventando si tenemos que apegarnos o entregarnos o entender o rezar a Dios o purificarnos o estar libres de karma ―todo es un pensamiento. Acabamos de confabularnos con esta farsa ridícula de una ilusión que finge que es real, sólo para descubrir que no lo es. No hay karma. No hay nada realmente que purificar. No hay ningún problema. Sólo hay lo que tú creas y crees que es así. ¡Y si te gusta que sea así, proyéctalo!

Pero no podemos continuar con esta absoluta farsa indefinidamente. No podemos seguir fingiendo este juego que jugamos, indefinidamente. Es imposible. Todo vuelve a la nada.

Y entonces es un poco más difícil mantener el rostro serio constantemente durante el resto de tu vida.

Transcripción de una charla en Pacific Grove, CA, 9 de junio de 2006.
Fuente: Adyashanti.org