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Vivir desde nuestro Conocimiento más profundo

por Dorothy Hunt
Dorothy Hunt

Experimentalmente, no hay realización sin Ser, que es una cesación de devenir. Paradójicamente, no hay un florecimiento de esa realización sin devenir, que es nuestra disposición a ser transformados por nuestra realización. La realización no es un logro del ego. Es el fin de intentar llegar a alguna parte, de ser alguien, de llegar a algún otro lugar. Lo que se realiza es lo que está siempre presente, lo que está aquí, lo que somos y siempre hemos sido cuando ya no estamos identificados con nuestra mente condicionada. ¿Qué es lo que está aquí ahora mirando hacia fuera, hacia dentro, consciente del desarrollo de este momento?

Cuando nos damos cuenta profundamente del misterio de nuestro propio ser despierto y no nos alejamos de lo Desconocido que encontramos, nuestra mente cesa su búsqueda, su separación y su creencia de que ella puede acabar con la ilusión. El pensamiento egoico no se conoce a sí mismo como "conciencia pura", sino que es la Conciencia la que ve al pensamiento egoico. El océano infinito de la Conciencia se despierta en su propia expresión de ser. Y es esa misma seidad despierta la que transformará nuestra forma de ser en el mundo. Si estamos buscando un estado "permanente" de encarnación, o un conocimiento de la conciencia "pura" que sea "recordado" a cada momento, todavía estamos operando desde la mente de separación.

Cuando ha habido un verdadero despertar, es el Misterio y no el "yo" el que entonces comienza a transformar nuestros pensamientos, nuestro corazón y nuestras acciones. Es en este punto cuando muchos buscadores se alejan de lo que han realizado y vuelven a la mente para tratar de averiguar cómo vivir desde esta verdad. Sin embargo, tan pronto como volvemos a los pensamientos de la mente acerca del "cómo", nos hemos alejado del misterio de ser, que es la fuente y el agente de vivir más profundamente, directamente y simplemente desde lo que somos. Por lo tanto, esto a menudo se convierte en una fuente de confusión, y muchos o bien vuelven a las técnicas de transformación egoica, que ahora están dirigidas por un ego espiritualizado, o se vuelven pasivos, en lugar de estar fundamentados en ser, que está simultáneamente vivo, presente, íntimo con el momento, y funcionando con sabiduría y compasión. En cualquier caso, la realización puede no florecer verdaderamente debido a nuestros intentos de controlar o evitar actuar.

Cuando empezamos a darnos cuenta de la verdad de lo que somos, podemos sentir que somos libres, pero nuestras mentes, emociones y nuestros cuerpos pueden estar actuando y reaccionando a partir de viejas identificaciones. Es nuestra devoción profunda y sincera a la verdad, y a vivir desde la verdad lo que abre el corazón y la mente y crea la disposición para que todos los puntos de vista falsos sean deconstruidos. Nuestro mayor aliado es nuestra propia integridad. Nadie puede darnos o quitarnos nuestra integridad. Es cosa nuestra. La verdad interior ve la mentira, pero sin ningún prejuicio, ya que no ve a ningún yo separado que juzgar. Este proceso comienza cuando realizamos o nos damos cuenta de lo que somos. Pero, ¿hasta dónde estamos dispuestos a dejar que nos lleve esa realización? La realización no crea una nueva identidad; impide que se manifiesten las viejas. En la vida espiritual, no estamos tratando de trascender nuestra experiencia humana, sino de expresar plenamente la verdad de nuestro Ser a través de ella. Cuando queremos autenticidad más de lo que queremos mantener una "imagen", la libertad nos guiará.

La iluminación como intimidad

El maestro zen Dogen, considerado el 51 patriarca del Zen, una vez dio una descripción muy simple de la iluminación: "La iluminación es simplemente intimidad con todas las cosas". Y continuó diciendo: "No conocer es más íntimo".

Pensamos que conocemos algo cuando podemos nombrarlo, extraer una palabra o un concepto de la memoria para describir una cosa, una persona, un sentimiento, una flor, un yo. Sin depender de palabras y conceptos, ¿podemos investigar la experiencia antes de agregar los gustos, aversiones, juicios, asociaciones y conceptos de la mente a la realidad desnuda e íntima del Ahora? ¿Cuál es nuestra experiencia cuando estamos profundamente presentes a lo que está presente delante de nosotros o dentro de nosotros?

La intimidad no puede ser un recuerdo porque el recuerdo es importado de la experiencia pasada y la verdadera intimidad está tocando el mundo exactamente como es Ahora, sin separación. ¿Podemos tocar con nuestra propia conciencia íntima las estrellas exactamente como son, nuestra piel exactamente como es, un sentimiento exactamente como es, un encuentro exactamente como es, sin la necesidad de añadir una historia o crear un drama, o reclamar un "yo" que sea íntimo? ¿Podemos vivir con la utilidad de la memoria sin usarla para sostener otro concepto sobre el despertar o sobre un "yo" separado? ¿Podemos permitir que el juicio sea reemplazado suavemente por la experiencia íntima del Ahora, sabiendo que la transformación de nuestros patrones habituales de la mente no terminan con un momento de despertar sino que gradualmente se vuelven más y más transparentes a medida que volvemos una y otra vez al reino de lo atemporal, a la disposición de no conocer algo sólo como un concepto. "No conocer", en este sentido, es realmente más íntimo.

Vivir sin un mapa

Para la mente occidental, vivir sin un objetivo, sin un mapa, no tener "dónde ir y nada que hacer" suena como pura locura ― aburrido en el mejor de los casos, perezoso, irresponsable, indiferente, y una invitación al caos en el peor de los casos. Pero nada podría estar más lejos de la verdad. Podría significar que finalmente estamos disponibles para que la Verdad se mueva espontáneamente dentro de nosotros, permitiendo que la acción venga de la dimensión de nuestro ser que está en paz. El hacer viene de Ser. No significa vivir estúpidamente, o pasivamente, o ser incapaz de hacer planes. Significa no estar apegado a esos planes. Significa estar abierto a lo que está aquí ahora en lugar de juzgarlo, siendo más curioso que temeroso acerca de la expresión de este momento. Significa ser auténtico, real, comprometido e íntimo con la experiencia.

Vivir desde nuestro estado natural significa descubrir que no hay un mapa que nos diga cómo vivir. La voz que siempre preguntó "¿cómo?" se ha aquietado, y estamos viviendo más y más directamente desde el Misterio que es total e indiviso. Este misterio de nuestro Ser está profunda y permanentemente presente en el momento que aparece, y así puede moverse con una inteligencia, sabiduría, compasión y amor desconocidos para la mente que quiere controlarlo todo.

Siempre imaginamos que encontraríamos la paz y la felicidad cuando hubiéramos perfeccionado nuestro ego. ¡Vaya sorpresa saber que no hay ninguno! Nunca imaginamos que lo que está despierto es lo que es libre, no una brillante imagen de cómo el mundo o el "yo" debería ser. La mente que siempre está tratando de controlar, mejorar el mundo, el yo y el llamado "otro" a menudo sirve como agente de división ― incluso cuando está tratando de "ayudar". Cuando nos damos cuenta de que no hay separación, la "ayuda" será automáticamente transmitida por la calidad de nuestro ser, no por asumir un papel superior de "ayudador". Cuando hemos visto más allá de un mundo roto o el sueño de una identidad herida a la Totalidad más allá de ser o no-ser, eso en sí mismo invita a sanar más de lo que se puede decir. Tal vez podamos empezar a darnos cuenta de que vivir desde nuestro Conocimiento más profundo es estar verdaderamente vivo en el momento presente y estar íntimamente consciente dentro de él. Tal vez la vida no es ni un problema a resolver ni un destino, sino una creación sin fin que se despliega a cada momento.

Por supuesto, si deseas conducir en tu coche a un destino desconocido, utiliza un mapa. Pero si quieres la Verdad, permite ser guiado desde la Fuente interior silenciosa y profunda, y aunque eso no dará seguridad a la mente, continuamente la invita a lo Desconocido, y a la aventura de vivir abiertamente, Ahora.