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La Realidad de la Consciencia (1ª Parte)

por Peter Russell 4 de diciembre 2014
Peter Russell

Las dos grandes revoluciones de la física del siglo XX ―la Teoría de la Relatividad de Einstein y la Teoría Cuántica― han revelado que la observación desempeña un papel importante.

También cuestionaron la suposición de que existe una realidad material. Anteriormente se pensaba que la realidad física existía independiente de nuestra observación de ella. La función de onda de Shroedinger y el principio de incertidumbre de Heisenberg revelaron que esto no era así.

Como resultado, varios físicos de la época ―Einstein, Bohr, Shroedinger, Eddington, Pauli― se interesaron en el papel que la mente y la consciencia han desempeñado en el cosmos, pero este interés se desvaneció con el tiempo y pocos físicos contemporáneos tratan de incluir la consciencia en su modelo de la realidad.

La mayoría de los intentos de comprender el mundo de la física moderna todavía asumen que la realidad primaria es la realidad física de masa-energía-espacio-tiempo (lo que sea que pudiera ser en realidad). La consciencia es generalmente considerada como un producto de la actividad cerebral, es decir, algo que emerge de la realidad física.

En este artículo, se argumenta que la consciencia es una cualidad fundamental del cosmos, y que lo que llamamos el mundo material emerge de ella.

No hay tal cosa como la consciencia

Si vamos a hablar de la consciencia, primero debemos definir lo que queremos decir. Esto no es fácil, en parte porque estamos usando un nombre, lo que hace de la consciencia una "cosa". Al hacerlo así hemos puesto el pie en el camino equivocado.

Cada vez que añadimos "ness" a una palabra [en inglés: conscious-ness] convertimos a un adjetivo en un sustantivo abstracto con el fin de hablar de ello. El sufijo "ness" significa "estado o cualidad de algo". Por lo tanto la felicidad [happiness] es el estado de ser feliz [happy]. Ser feliz existe como una experiencia, pero la felicidad como una cosa independiente no existe.

Lo mismo ocurre con la consciencia. No existe como una "cosa". Lo que es cierto es que soy consciente [conscious], al igual que todos y cada uno de nosotros. Es una cualidad esencial siempre presente de toda experiencia. El nombre consciencia simplemente nos permite hablar acerca del hecho de una manera más generalizada.

A este respecto, la consciencia no necesita ninguna definición; es evidente por sí misma. Soy consciente de que soy consciente. Este simple hecho no necesita ningún argumento, razón o investigación. Está fuera de toda duda.

Esta distinción es esencial para cualquier estudio del tema. El uso del nombre, consciencia, es sintomático del enfoque materialista que pretende objetivar el mundo. La consciencia se convierte en otro fenómeno para ser estudiado y conocido. Este error es frecuente en la mayoría de los enfoques contemporáneos para comprender la naturaleza de la consciencia.

Cuando yo empleo la palabra "consciencia", la empleo en el sentido de la cualidad de ser consciente, el conocer de la experiencia, y no como un fenómeno a ser conocido.

La facultad y las formas de la consciencia

Una segunda distinción importante es entre la facultad de la consciencia ―ser consciente de la experiencia como se describió anteriormente― y aquello de lo que somos conscientes: sensaciones, percepciones, pensamientos, sentimientos y otros fenómenos que surgen en nuestra experiencia. Me referiré a estos como las "formas" que aparecen en la consciencia.

Estas formas dependen claramente de los procesos cerebrales. Y soy feliz de asumir, en espera de pruebas en contrario, que por cada experiencia subjetiva hay un estado correspondiente en el cerebro.

Se asume comúnmente que esto implica que la facultad de la consciencia es también una consecuencia de la actividad cerebral. Esto se deriva de una fusión de dos cuestiones diferentes: ¿Crea el cerebro las formas de las que somos conscientes? Y, ¿crea el cerebro la facultad de la consciencia? Las llamadas preguntas "fáciles" y "difíciles" de la consciencia. Más adelante argumentaré que la respuesta a la segunda pregunta es "No".

Las representaciones de la realidad

Nuestra experiencia del mundo es una representación de la realidad creada por el cerebro.

La ciencia contemporánea tiene un pequeño problema con esta declaración. En esencia, los sentidos responden a los estímulos de su entorno, transmiten esa información al cerebro, donde es analizada y procesada, y construye un modelo del mundo "de ahí afuera". Esta representación de la realidad aparece luego en la experiencia consciente como el mundo ―en formato 3-D, a todo color, con sonido envolvente, sensacional― que conocemos.

Sin embargo, las implicaciones de este proceso de construcción raramente son exploradas. Veremos que esto conduce a una comprensión radicalmente diferente de la verdadera naturaleza del "mundo exterior", socavando la asunción de una realidad material.

La representación no es la realidad

Suponemos que la representación que experimentamos es muy parecida al mundo "de ahí afuera", lo que Kant llama la "cosa en sí". Pero resulta que las dos son totalmente diferentes.

Tomemos el color verde, por ejemplo. En el mundo físico hay luz de una frecuencia particular, pero la luz en sí no es verde. Tampoco lo son los impulsos eléctricos que viajan desde el ojo hasta el cerebro. El verde que vemos no es más que la representación que aparece en la consciencia. No hay verde "ahí fuera".

Lo mismo puede decirse de los otros sentidos, oído, olfato, gusto, tacto. Los fenómenos que experimentamos no existen en el mundo de afuera. Sólo existen en la conciencia.

No estoy sugiriendo que no existe el mundo físico, sólo que es muy diferente de nuestra experiencia de él. Confundimos la representación con la realidad.

La materia no está hecha de materia

Lo mismo es cierto de nuestro concepto de materia. Nuestra experiencia del mundo incluye la de sustancia sólida. Sin embargo, la física ha revelado que esto está lejos de ser cierto.

Hace más de un siglo se dieron cuenta de que los átomos eran en gran medida espacio vacío. La solidez aparente que experimentamos es debida a los lazos de unión de los átomos reunidos en estructuras moleculares y las fuerzas correspondientes que sostienen juntas las moléculas. La fuerza de estos lazos hace que sea casi imposible que una estructura física se compenetre con otra, lo que lleva a la percepción de solidez.

Con el advenimiento de la teoría cuántica, se dieron cuenta de que incluso las partículas sub-atómicas estaban lejos de ser las "partículas" sólidas que ellos habían imaginado. Son más como nubes difusas de existencia potencial.

Sea lo que sea la materia, no está hecha de materia.

Nada ahí

Al tratar de comprender la realidad física tomamos conceptos derivados de nuestra experiencia ―tales como ondas y partículas― e imaginamos que el mundo "de ahí afuera" es similar. Creemos que la representación de la realidad que experimentamos es como la realidad que se está modelando. Pero resulta que son completamente diferentes.

Cuanto más profundamente estudiamos el mundo físico, menos evidencias encontramos de algo físico. A veces parece como si ahí no hubiera nada, o mejor dicho, "ninguna cosa".

El concepto de una "cosa" como un objeto discreto se deriva igualmente de la experiencia.

Tenemos que concluir que la realidad física no es nada de lo que imaginamos que es, o que pudiéramos imaginar que fuera.

Una realidad no homogénea

Entonces, ¿hay algo que podamos decir con certeza sobre el mundo físico?

Sí. No es homogéneo. Es decir, no es todo lo mismo. La parte del mundo que yo llamo mi dedo no es lo mismo que el aire que lo rodea. Uno es sólido; el otro gaseoso. Uno es opaco; el otro transparente.

Mirando más profundamente, la estructura de una célula nerviosa es diferente de la de una célula sanguínea. A un nivel mucho más sutil, lo que llamamos un protón es diferente de lo que sea que llamamos un electrón. Puede que no sepamos de lo que está hecho el cosmos, pero podemos decir que es altamente diferenciado, en todos los niveles, desde el quark al cúmulo galáctico.

Un campo de información

Estas variaciones constituyen información. No podemos decir lo que es un electrón, por que eso volvería a ser la proyección de nuestra experiencia de nuevo en el mundo. Todo lo que conocemos son varios bits de información. Hay cantidades que llamamos carga, espín y masa. No sabemos lo que son en realidad, los nombres son una vez más proyecciones de la experiencia. Pero podemos medirlas, o al menos tener información acerca de las probabilidades de lo que podríamos medir.

Quizá entonces, todo lo que podemos decir acerca de la realidad física es que es un campo altamente estructurado de información.

Las matemáticas describen la forma en que este campo interactúa consigo mismo, y su despliegue en el tiempo.

Actualmente hay al menos siete diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica, que tratan de describir lo que está pasando, la más popular de ellas es la Convención de Copenhague. Y luego está la escuela que dice "Cállate y calcula". Sabemos que las matemáticas funcionan, cualquiera que sea la interpretación que esté sobre el tapete.

La descripción definitiva del cosmos debe ser puramente matemática, desprovista de toda interpretación extraída de la experiencia humana.

Si alguna vez nos encontramos con otra especie inteligente que haya hecho su propio estudio del cosmos, su física puede tener un aspecto muy diferente al nuestro. Pero una vez que comprendamos cómo formulan sus matemáticas nos pondríamos de acuerdo.

Información Experimentada

Nuestros órganos sensoriales responden a los cambios en este campo de información. La información es transmitida al cerebro donde se procesa en un flujo de información que es un reflejo de la información en el mundo "de ahí fuera". Este flujo de información en el cerebro aparece entonces como información en la consciencia. Estas son las formas que experimentamos: colores, formas, sonidos, olores, texturas de las que somos conscientes. Así es simplemente cómo se traduce la información en una forma experiencial ― al igual que la información en la CPU de un ordenador se traduce en una imagen en la pantalla.

A la información se le ha dado forma en la conciencia. Podríamos decir, que tiene experiencia in-formada.

Estas formas se aparecen a nosotros como el mundo material. Pero este mundo material existe sólo en nuestra conciencia. Es nuestra manera de dar sentido a la información. Una realidad virtual creada por el cerebro.

La materia, tal como lo conocemos, está en la mente.

El "sustancia" de la que está hecha la materia no es materia física, sino sustancia mental, es decir consciencia.

Información Integrada

¿Por qué algunos procesos de información en el cerebro dan lugar a una experiencia, mientras que otros tienen poco efecto? El nuevo enfoque de la Teoría de la Información Integrada sugiere que lo que parece ser crucial es que no sólo hay un complejo flujo de información, sino una integración de la información de muchos procesos diferentes en todo el cerebro.

Esta integración se refleja en nuestra experiencia. Cuando veo una flor, percibo su color, forma, movimiento integrados en un todo único.

Sin embargo, esto no significa que la información integrada de lugar a la propia experiencia consciente, sino que la información integrada es responsable de las formas que aparecen en la consciencia.