Artículos - Joan Tollifson

Presencia abierta y consciente
Encontrar lo sagrado en todas partes
Por Joan Tollifson 9 de agosto de 2024La espiritualidad, tal y como yo la entiendo, no consiste en creencias, ideas o filosofías. No se trata de logros, experiencias especiales o de dejar atrás la vida cotidiana. Se trata de estar despierto, aquí y ahora, de no aferrarse a nada, de disolverse en la presencia, de prestar una atención abierta a lo que se ofrece en este momento, de escuchar, de ver, de despertar, de ser esta vitalidad radiante.
El tipo de meditación que me ha interesado no consiste en concentrarse o intentar controlar la mente. Se trata de descubrir lo que ocurre cuando detenemos toda nuestra actividad habitual y todos nuestros esfuerzos por controlar lo incontrolable, cuando salimos del reino del pensamiento y entramos en el silencio y la quietud ―sin hacer nada, sin ir a ninguna parte, simplemente siendo esta vasta presencia despierta y sin ataduras que somos―, escuchando sonidos, sintiendo sensaciones, viendo la belleza en todas partes, sintiendo las energías y las corrientes de la vida, profundizando y abriéndonos a la quietud de la escucha ―siendo y contemplando todo este acontecimiento de formas cada vez más sutiles y sorprendentes.
No se trata de intentar permanecer en un estado libre de pensamientos todo el tiempo, lo cual sería imposible. Por el contrario, se trata simplemente de darse cuenta de cómo surge el pensamiento, cómo capta la atención, cómo nos hipnotiza, cómo nos despertamos de él de forma natural, notando qué se siente al perderse en el pensamiento y qué se siente al despertar del reino del pensamiento y estar totalmente presente en el mundo sensorial y en la amplitud de esta presencia despierta y abierta que somos, el amor incondicional que lo contempla todo, la inmensidad de aquí y ahora.
La meditación es ver cómo nos alejamos de este simple ser y nos vemos arrastrados al mundo del pensamiento conceptual ―la historia de mí y todas las historias y preocupaciones sobre nosotros mismos, nuestros seres queridos y el mundo―, el conflicto, las opiniones, las creencias, las identidades, los disgustos y el sufrimiento, la confusión, todos los esfuerzos por entender y comprender y llegar a alguna parte y ser alguien. No se trata de ir a la guerra con todo esto, sino simplemente de despertarlo, de verlo tal y como es.
No se trata de no pensar nunca en nuestras vidas ni en el mundo, ni de no escuchar las noticias, ni de no preocuparnos, ni de estar todo el tiempo en un estado de conciencia despreocupada e irreflexiva. Más bien se trata de ver cómo se mueve la atención, cómo nos hipnotizan las historias y las ideas, cómo el pensamiento convierte los dolores inevitables y las circunstancias dolorosas de la vida en sufrimiento innecesario por las formas en que nos resistimos y pensamos sobre estas cosas y por las historias que nos contamos a nosotros mismos y las ideas que creemos.
La conciencia es el gran transformador, el poder alquímico. Simplemente iluminando lo que es, lo falso queda al descubierto y pierde gradualmente su agarre y su credibilidad, y al mismo tiempo, la fuente siempre presente de libertad y bienestar se descubre y parece volverse más fácilmente accesible.
Esta fuente que señalo es muy, muy sencilla. Muy corriente. Totalmente disponible. Nunca está realmente ausente, sólo pasa desapercibida. Siempre está aquí. Muy íntima. Más cerca que cerca, pero sin límites. Es este mismo momento, esta presencia consciente, esta experiencia presente, este aquí-ahora-vida. En lugar de pensar en esto, o intentar «conseguirlo», o intentar que algo suceda, o intentar deshacernos de algo que creemos que nos estorba, ¿qué pasaría si simplemente estuviéramos aquí, presentes y conscientes sin esfuerzo, tal y como somos?
Esta presencia consciente es el estado natural―nunca está ausente, incluso cuando la ignoramos. Nada se interpone realmente en nuestro camino. Los obstáculos y distracciones aparentes no son sólidos ni sustanciales; si profundizamos en ellos con atención abierta, no son nada (ninguna-cosa) en absoluto, son vibraciones de energía, y en el centro mismo de ellas está la inmensidad de la presencia abierta. Todo es esto. Siempre está aquí. Así que esto no requiere ningún esfuerzo. Es relajarse y dejarse llevar, disolverse, liberarse, despreocuparse, permitir que todo sea exactamente como es.
Por supuesto, todo es siempre como es, tanto si lo permitimos como si nos resistimos. E incluso ese permitir o resistir es también lo que es, y todo ello es un movimiento impersonal de todo el universo, un movimiento que no podría ser diferente en ningún momento de cómo es exactamente. En el sentido último, nada de ello es un problema. Pero en la vida cotidiana, hay una diferencia palpable entre, por un lado, perderse en pensamientos dolorosos sobre lo fracasados que somos, o sobre cómo alguien nos ha hecho daño, o sobre cómo el mundo debería ser diferente de lo que es, y, por otro lado, simplemente escuchar los sonidos del tráfico, oler el aire empapado por la lluvia, oír el canto de los pájaros, sentir la respiración, sentir la inmensidad abierta y espaciosa que somos y que es el Aquí-Ahora. Ésta es la diferencia entre el cielo y el infierno, entre el nirvana y el samsara―las circunstancias son exactamente las mismas, pero la forma de estar con ellas y de verlas es diferente.
¿Es esto una elección? En realidad, no podemos decirlo. Cualquier formulación conceptual sobre la elección o la falta de elección es un mapa mental de una realidad viviente que nunca puede ser captada o fijada por ninguna formulación conceptual. La mayor parte de nuestra actividad y pensamiento tiende a ser condicionada y habitual, a menudo centrada en la historia del «yo» y en nuestras creencias, opiniones y puntos de vista adquiridos con los que nos identificamos y a los que nos aferramos. En ese ámbito, hay poca o ninguna elección.
Pero cuanto más permanecemos conscientemente en la frescura y la vitalidad de la presencia consciente y abierta, más se abre la capacidad de responder de formas nuevas y diferentes. Ninguna de las formas en las que expresamos esta creciente capacidad de respuesta es del todo correcta―porque en realidad no hay un «yo» aparte de todo lo demás, que esté presente o no presente, pensando o despertando, permitiendo o resistiendo, abriendo o cerrando, reaccionando o respondiendo, eligiendo libremente o siendo movido impotentemente por fuerzas mayores. Ese «yo» es un espejismo hecho de imágenes mentales, pensamientos, historias, ideas, recuerdos, emociones y sensaciones. Si prestamos atención a la realidad viva aquí y ahora, podremos descubrirlo directamente.
Podemos descubrir lo efímero, fluido, insustancial y momentáneo que es todo lo que aparece y, al mismo tiempo, cómo esta presencia consciente, este momento sin fondo, este eterno Ahora, está inamoviblemente siempre presente, siempre aquí mismo, totalmente inmediato. En realidad, nunca podemos salir del aquí-ahora, y nada es realmente distinto de esta presencia consciente. Y aunque esta presencia es invisible e inencontrable como un objeto, su resplandor se muestra en todas partes como todo, y a través de la simple atención abierta, su profundidad y su tesoro pueden ser descubiertos.
En el momento en que entras en el Ahora con tu atención, te das cuenta de que la vida es sagrada. Todo lo que percibes cuando estás presente es sagrado.
— Eckhart TolleCuando tu atención vuelve al momento presente, puedes notar una nueva vivacidad, un brillo. Al llegar aquí plenamente, las cosas se animan. En el Zen dicen que serás iluminado por todas las cosas, e iluminarás todas las cosas.
— Jon BernieLa atención es la forma más básica del amor.
— John TarrantA medida que te relajes y profundices en el momento presente, por ordinario que parezca, entonces, lenta y suavemente, se abrirán los niveles más profundos de la Presencia...
A Dios no se le puede conocer con la mente. Dios no puede ser comprendido ni definido. Lo mejor que puede hacer la mente es creer en Dios. Pero creer en Dios es un sustituto muy pobre de conocer a Dios a través de tu propia experiencia directa. Y una vez que se conoce, no hay necesidad de creer.
Para mí, Dios es la Presencia silenciosa en el corazón mismo de todas las cosas presentes... Si quieres experimentar la Presencia viva de Dios en todas las cosas presentes, tendrás que venir a donde está Dios. Tendrás que salir de la mente y hacerte presente. Cuando nos hagamos plenamente presentes, empezaremos a sentir la Presencia que está en todo. Esta Presencia es lo que yo entiendo por Dios.
— Leonard Jacobson
No necesitamos llamarlo Dios, por supuesto. No necesitamos llamarlo nada. Lo que importa es descubrir esta vitalidad sin ataduras por uno mismo. Y, según mi experiencia, cuando estamos plenamente presentes de este modo, vemos y sentimos lo sagrado en todas partes. Y por sagrado quiero decir precioso, infinito, digno de nuestra más profunda atención. Lo sagrado, la belleza, el amor, la alegría están en la presencia. Por eso podemos ver la belleza en un trozo de basura cuando estamos plenamente despiertos a ella, y por eso podemos sentirnos aburridos mirando los Alpes suizos si estamos perdidos en nuestros pensamientos.
Despertar es un acto de devoción en el momento presente que dura toda la vida. Es su propia recompensa. Podemos llamarlo oración, o vigilancia, o práctica, o meditación, o simplemente estar aquí ahora, ser como somos, ser nada y todo, ser sólo esto. Ser la presencia abierta y consciente que somos. Esta presencia es por naturaleza devocional―dedicada a revelar y apreciar lo sagrado aquí y ahora.
Tal vez esta devoción, esta atención abierta, este amor incondicional sea el mayor regalo que podemos ofrecer a este mundo a menudo atribulado y confuso. Quizá podamos encontrar la belleza y la gracia incluso en los problemas y la confusión aparentes. Quizás podamos apreciar que todo el espectáculo es exactamente como es, que nunca es como pensamos que es, y nunca de la misma manera dos veces. En presencia abierta y consciente, cada momento es fresco y nuevo. Todo es gracia.
Y un último recordatorio: no se trata de creencias e ideas; se trata de una experiencia directa, de primera mano, sin intermediarios, en el momento presente, aquí y ahora, tal y como es. Y no se trata de tener una experiencia concreta, o una experiencia especial, o «la experiencia correcta», o una experiencia diferente y mejor; se trata de ESTA experiencia presente, ESTA presencia consciente, ESTA vitalidad siempre cambiante y siempre presente, aquí y ahora, tal y como es.
Con amor para todos...