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Artículos - Joan Tollifson

Zafu

¿Por qué tenemos caminos y prácticas?

¿Son necesarios, inútiles, útiles, un obstáculo?

Por Joan Tollifson 29 de enero de 2026

¿Por qué tenemos caminos y prácticas?

Si «la realidad es simple» y «esto es siempre ya esto» y «todo es esto, tal y como es» y «no hay nadie que no esté iluminado o que vaya a iluminarse», y así sucesivamente, entonces, ¿por qué tenemos espiritualidad, meditación, reuniones de no-dualidad, retiros, satsangs, El Trabajo de Byron Katie, La Vía sin Cabeza, el Método Sedona, el Yoga de la Presencia Radiante, el budismo, el Advaita, libros como los que escribo, y así sucesivamente? ¿Para qué molestarse con todo esto?

Una respuesta obvia es el sufrimiento. Estamos profundamente condicionados y habituados a pensar —y, por lo tanto, a sentir— que somos entidades separadas, aisladas y vulnerables que vivimos en un mundo exterior fragmentado, amenazadas por los demás y por fuerzas que escapan a nuestro control; y es cierto que el cuerpo-mente ES vulnerable. Sufrimos formas de ansiedad, depresión, relaciones fallidas y adicciones que ponen en peligro la vida, propias exclusivamente del ser humano. Parece que vivimos en un mundo de guerras y tiroteos en colegios. Anhelamos una salida a nuestro sufrimiento y, naturalmente, queremos sanar lo que nos duele y arreglar lo que está roto. Buscamos una cura y, sin embargo, como la mayoría de nosotros acabamos por darnos cuenta, esa misma búsqueda se convierte en una adicción dolorosa. ¿Qué hacer?

Tenemos destellos de otra posibilidad. Hemos saboreado, aunque sea brevemente, la belleza que está aquí, la alegría, el amor, la facilidad de ser, la paz y el bienestar que pueden estar presentes incluso en medio de circunstancias dolorosas. Lo hemos visto reflejado en ciertas personas y en sus vidas, y lo hemos sentido dentro de nosotros mismos. Nos atrae nuestra Verdadera Naturaleza, nuestras posibilidades más profundas, una fuerza evolutiva, lo más sencillo, lo más obvio y lo más fácil de pasar por alto. Nos impulsa a explorar y descubrir la naturaleza de la realidad.

En su maravilloso libro Coming to Our Senses: Healing Ourselves and the World Through Mindfulness (Recuperar los sentidos: sanarnos a nosotros mismos y al mundo a través de la atención plena), Jon Kabat-Zinn escribe sobre la aparente contradicción entre prácticas como la meditación y la verdad absoluta de que no hay nada que alcanzar ni nadie que lo alcance. Como ejemplo de cómo la meditación es a la vez un camino y, al mismo tiempo, no tiene camino, Kabat-Zinn señala que no puedes alcanzar tu pie, ya que forma parte de ti, pero, al mismo tiempo, el pie de un gran bailarín «sabe» algo que un pie corriente no sabe, aunque en su naturaleza fundamental sean iguales. Escribe que: «La meditación es una forma de ser, no una técnica… La meditación no consiste en intentar llegar a ningún otro lugar. Se trata de permitirte estar exactamente donde estás y tal y como eres, y de que el mundo sea exactamente como es en este momento también… Más que nada, he llegado a ver la meditación como un acto de amor… un gesto del corazón que reconoce nuestra perfección incluso en nuestra evidente imperfección… La conciencia misma es el maestro, el alumno y la lección… Descansar en la conciencia en cualquier momento implica entregarnos a todos nuestros sentidos, en contacto con los paisajes internos y externos como un todo sin fisuras».

Y, según mi experiencia, las diferentes enseñanzas, expresiones, métodos, exploraciones, prácticas o caminos sin camino ofrecen distintas puertas de acceso al «Aquí y Ahora», el lugar del que en realidad nunca nos hemos alejado. Cada uno de ellos ilumina un aspecto diferente de esta realidad viva, una dimensión o faceta distinta de la misma, una posibilidad diferente, y cada uno ilumina o desmonta diferentes ilusiones que crean nuestro sufrimiento humano.

Byron Katie ofrece un hermoso método para cuestionar nuestro pensamiento; la Vía sin Cabeza ofrece una indicación maravillosamente sencilla de nuestra naturaleza esencial como la Capacidad Despierta en la que todo aparece y desaparece; el Yoga de la Presencia Radiante de Peter Brown nos abre a las texturas infinitamente sutiles e irresolubles de la experiencia presente; Eckhart Tolle nos invita a despertar al Ahora siempre presente y a ser conscientes de cómo creamos conflicto y sufrimiento a través del pensamiento; la meditación mindfulness (de atención plena) nos saca de la mente y nos lleva al cuerpo, abriéndonos a las texturas sensoriales de cada momento al tiempo que ilumina nuestros patrones habituales de pensamiento; varios maestros de satsang advaita nos señalan la conciencia ilimitada que siempre está aquí, la presencia consciente trascendental que somos; el budismo deconstruye el yo y la realidad aparente de «cosas» separadas y persistentes; los no-dualistas radicales nos recuerdan que «esto es todo, tal y como es», que quien se siente separado y carente es solo un espejismo, que incluso el espejismo es también «eso», y que en realidad no hay ningún «eso»; Varios «anti-maestros» iconoclastas [como J. Krishnamurti] nos recuerdan que debemos encontrar nuestro propio camino y ser fieles a nuestra visión única, ser una luz para nosotros mismos.

Cada una de estas diferentes indicaciones, prácticas, caminos y formas de ver la vida tiene diferentes puntos fuertes y diferentes escollos potenciales o formas en que pueden desviarnos inadvertidamente. Todas pueden ser malinterpretadas o llevadas a extremos erróneos. A menudo, una de ellas puede ser el antídoto perfecto contra las consecuencias no deseadas de otra. Cada uno de nosotros encuentra lo que necesita en cada momento, y puede ser diferente de un momento a otro, y para cada persona. Por eso, en la página de recomendaciones de mi sitio web, puedes encontrar muchas voces diferentes, a menudo aparentemente contradictorias en lo que ofrecen.

Durante mucho tiempo, podemos quedarnos atrapados en el intento de averiguar cuál es el correcto, cuál es el mejor, cuál es la verdad suprema, el más eficaz, el más avanzado, y así sucesivamente. Pero, al final, nos damos cuenta de que se trata de preguntas erróneas. Todos estos mapas, aparentemente diferentes, tienen algo valioso que ofrecer, y ninguno de ellos puede abarcar por completo todas las dimensiones y posibilidades de esta realidad viva.

Ningún mapa es en sí mismo el territorio por el que nos ayuda a navegar. Así, aprendemos a tomar de cada uno lo que nos resuena en este momento, y a no confundir el dedo que señala a la luna con la luna misma. Incluso aprendemos que la luna y el dedo que la señala no son dos, que cartografiar es una actividad del territorio, que nada está fuera de esta «no-cosa» sin fisuras. Encontramos muchas aparentes paradojas y descubrimos que la realidad no es una, ni dos. Nos inclinamos hacia un lado y luego hacia el otro. Afortunadamente, las diferentes alfombras imaginarias sobre las que intentamos ponernos de pie terminan siendo retiradas de debajo de nosotros. Una y otra vez despertamos. ¡Solo esto!

¿Qué es esto? No podemos decirlo. Y, sin embargo, aparentemente tenemos que decir algo, al igual que aparentemente tenemos que actuar de una forma u otra. Y así, estas palabras y todas las numerosas prácticas espirituales e indicaciones que se ofrecen han brotado sin elección alguna, desde no sabemos dónde, hacia la gran presencia que escucha y que todos somos.