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Más allá de la creencia

por Joan Tollifson
Joan Tollifson

Es tan fácil apropiarse de las creencias e ideas que oímos de los demás y adoptarlas como la verdad simplemente porque parecen lógicas, o porque admiramos a la persona que las dijo, o porque estamos desesperados por encontrar una solución a nuestra incomodidad e incertidumbre. También es muy fácil convertir algo que comienza como una experiencia directa (genuina, inmediata, de primera mano, no conceptual) en una creencia.

Por ejemplo, alguien que admiramos nos dice que no hay un yo y no hay libre albedrío, y por tanto adoptamos esto como una nueva creencia, una nueva ideología. O tal vez descubrimos esta ausencia del yo y del libre albedrío directamente por nosotros mismos. Buscamos (con la conciencia, no con el pensamiento analítico) al elegidor o al pensador o al hacedor, y descubrimos directamente en ese momento de observación que no podemos encontrar a nadie detrás de nuestros pensamientos y acciones, que nuestras acciones no tienen ningún punto de origen que podamos localizar o precisar, que no hay ningún límite real que podamos encontrar entre sujeto y objeto. Vemos esto muy claramente. En ese momento en el que no encontramos ninguna fuente ni separación ni nadie que lleve el timón, este "no hay yo, no hay libre albedrío" no es simplemente una idea o una filosofía que hemos leído o hemos llegado a través del razonamiento analítico, sino más bien, es algo que vemos tan claramente como vemos la taza de café en nuestra mesa. Es una visión innegable, una percepción experiencial, algo que conocemos de tal manera que está absolutamente fuera de toda duda.

Pero lo que conocemos fuera de toda duda no es en realidad ningún tipo de formulación mental, como "no hay yo, no hay libre albedrío" ― es algo mucho menos tangible. Esa ausencia experiencial de un elegidor o de un pensador, esa no limitación indivisa que fue revelada, que no es algo que podamos agarrar de la misma manera que podemos agarrar nuestra taza de café, esa no limitación no es un objeto.

Pero como habitualmente queremos agarrar algo, y como tenemos un impulso natural de comunicar nuestros descubrimientos, la tentación de formular y conceptualizar este descubrimiento y convertirlo en una idea es muy fuerte (y quizás en gran medida inevitable). Y no hay nada inherentemente malo en la formulación de ideas, sobre todo si tenemos en cuenta que cualquier conceptualización sólo es una representación abstracta y simbólica. Sin embargo, muy a menudo se pierde de vista esto. Y después de poco tiempo una idea se convierte en una creencia. Al poco tiempo vamos por ahí afirmando que no hay un yo y no hay libre albedrío. Incluso podemos encontrarnos que nos estamos identificando con esta idea, así que realmente nos sentimos enojados, amenazados, a la defensiva o pontificamos cuando alguien está en desacuerdo. Si encontramos un libro que sugiere que existe algún tipo de yo independiente o algún tipo de libertad de elegir, inmediatamente desechamos el libro. Creemos que sabemos más. Y tal vez en el fondo, tenemos miedo de que nuestras creencias puedan no ser correctas, lo que nos hace aún más ansiosos por convencer a los demás como una forma de convencernos a nosotros mismos.

¿Es posible ser conscientes de todo esto mientras sucede?

No estamos tratando de eliminar todo esto, sino simplemente ser conscientes de ello, verlo con claridad mientras se desarrolla. Para poder comunicar, hay que formular las cosas en conceptos y usar palabras. Esto es funcional. Pero, ¿podemos ocuparnos de esta actividad y al mismo tiempo ser conscientes de los peligros inherentes de la conceptualización, la formulación y la verbalización? (¿Puede verse ahora, por ejemplo, que el "nosotros" que empleamos en estas frases es una conveniencia gramatical y no es algo que realmente pueda encontrarse en la realidad?) ¿Se puede utilizar el mapa sin confundirlo con el territorio, y sin asumir que es el Único y Verdadero Mapa?

Si llegamos a ser alguien que da charlas y escribe libros, es especialmente fácil identificarse con las cosas que hemos dicho y comenzar a pensar que tenemos que atenernos a nuestras posiciones y defender nuestro mapa. Después de todo, queremos dar la impresión de tener el tipo de confianza y de certeza que la gente busca en los personajes con autoridad espiritual. Queremos creer que nuestro mapa es exacto y fiable. No queremos dar la impresión de que es inseguro o inestable.

Pero, ¿de qué estamos realmente seguros? ¿Qué significa ser estable? ¿Esta estabilidad significa aferrarse a un sistema de creencias o significa despertar a cada momento? ¿En qué se basa realmente la verdadera confianza? ¿Hay confianza en una ideología, o hay profunda confianza en la verdad de este momento y en el poder de la conciencia y la escucha, confianza en la vida siendo tal como es? ¿Se basa la verdadera autoridad espiritual en tener La Respuesta Correcta, o se trata de confiar en el espacio abierto del no-saber? ¿Se basa la verdadera certeza en una acumulación de recuerdos y de conocimientos o se basa en la vacuidad (y vivacidad) de estar completamente presentes y despiertos Aquí/Ahora?

¿Podemos preguntarnos de dónde procede nuestro conocimiento cuando decimos que no hay libre albedrío o no hay yo? ¿Estamos diciendo estas cosas desde una experiencia o percepción directa en este momento, o estamos hablando desde la memoria, el hábito y la creencia? ¿Estamos mirando de manera abierta y fresca en este momento o estamos meramente comprometidos en una clase de comportamiento repetitivo, repitiendo lo que dicen otros o repitiendo lo que nosotros mismos hemos dicho muchas veces antes?

¿Y qué ocurre si alguien dice algo que parece contradecir nuestras afirmaciones? ¿Estamos abiertos a escuchar y mirar de nuevo, o ya hemos cerrado la puerta a eso?

En este momento, ¿hay un yo? ¿Hay libre albedrío?

¿Nos proporcionan el pensamiento y la memoria instantáneamente "la respuesta correcta" y entonces estamos preparados para defender esa respuesta? ¿O la pregunta abre un vasto espacio de no-saber, de asombro, de escuchar abiertamente?

¿Es posible permanecer con el no-saber? ¿Mirar y escuchar de nuevo, sin saber lo que vamos a encontrar? ¿Estamos abiertos a ser sorprendidos?

¿Qué es este presente ocurriendo, esta presencia consciente, este Aquí/Ahora sin tiempo y sin lugar, este oír-ver-sentir-respirar-conocer-preguntar-ser? ¿Qué es esto? ¿Cómo surge un pensamiento o una intención o una acción o una decisión? ¿Cuál es la fuente de los pensamientos y acciones? ¿Dónde comienza un pensamiento o una acción? ¿Qué es lo que lo pone en movimiento? ¿Hay una fuente fuera de mí? ¿Otro aparte de mí? ¿Dentro de mí? ¿Qué es "mí"? ¿Dónde comienza y termina el "mí"? ¿Hay separación entre la respiración y escuchar el tráfico y hacer estas preguntas o es todo un acontecimiento indiviso?

¿Podemos dejar a un lado todas las respuestas que hemos acumulado en el pasado y simplemente estar abiertos en este momento, permitiendo que estas preguntas se desarrollen en silencio? En lugar de limitarnos a alcanzar una respuesta, ¿podemos relajarnos y dejar que las preguntas anulen todas las respuestas?

Si ―en este momento― todas nuestras respuestas, filosofías, ideologías y creencias desaparecen, ¿qué queda?

¿Qué estamos haciendo realmente con toda esta cuestión espiritual o no-dual? ¿Estamos buscando comodidad y seguridad, una especie de versión moderna de lo que otras personas encuentran en el fundamentalismo cristiano o musulmán? Hasta cierto punto, al menos en parte, la comodidad y la seguridad es lo que todos estamos buscando, y eso es natural ― es una función de supervivencia buscar estas cosas. Pero con el tiempo, empezamos a notar que habitualmente tendemos a buscar la comodidad y la seguridad en lugares equivocados. Podemos obtener consuelo temporal de un cigarrillo o un plato de helado, y podemos conseguir una sensación temporal de seguridad de un nuevo romance o una opinión favorable de nuestro nuevo libro, pero estas cosas no se sostienen. Luego te enteras de que tienes un cáncer de pulmón y diabetes, y que el objeto de nuestro nuevo romance nos ha dejado por otra persona, y que un crítico diferente acaba de escribir una crítica mordaz y negativa de nuestro libro. No hay nada malo en disfrutar de un plato de helado o de una reseña favorable del libro, pero ¿podemos estar atentos a todo el mecanismo del deseo y a lo que lo pone en movimiento? ¿Qué estamos buscando realmente? ¿De qué estamos tratando de escapar? ¿Las cosas que habitualmente deseamos y perseguimos ofrecen en realidad la comodidad y seguridad que prometen? ¿Es cualquier creencia que adquirimos realmente satisfactoria o siempre viene con su sombra gemela, la duda?

¿Podemos ver nuestra tendencia a aferrarnos a las respuestas a medida que surgen? ¿Podemos observar cómo queremos algo sólido, algo a lo que aferrarnos, algo en lo que podamos confiar? ¿Podemos observar cómo nos convertimos en dogmáticos, cómo nos cerramos, cómo nos identificamos con nuestras posiciones? ¿Es cualquier respuesta que encontramos realmente sólida o digna de confianza? ¿Qué es verdad aquí y ahora? ¿Qué es lo que está más allá de la creencia, más allá de la duda?

¿Hay libre albedrío o algún tipo de libertad en este momento?

Si la mente acaba de aparecer con "La Respuesta" o ha salido en busca de ella, ¿es posible darse cuenta de esta actividad mental y tal vez dejar que se vaya? ¿Es posible estar despierto aquí y ahora sin tratar de comprender o rechazar nada, sin creer en nada, sin conocer nada, sin tener ninguna idea en absoluto acerca de cómo funciona este universo o lo que es o por qué todo está aquí?

¿Cómo se siente cuando pensamos que tenemos "La Respuesta"? ¿Cómo se siente buscando la respuesta, pensando acerca de todo esto, dando vueltas y más vueltas en la noria del pensamiento, o buscando desesperadamente en Internet o en las estanterías por "La Respuesta Correcta"? Y ¿cómo se siente simplemente no-saber, descansar en simplemente ser este acontecimiento presente, despierto a todo el despliegue, tal como es?

Cuando hay conciencia abierta, libre, ilimitada, hay espacio para que algo nuevo y genuinamente creativo emerja. Podríamos llamar a esto libertad. Pero cuidado con llamarlo de alguna manera. Las palabras pueden abrir la mente, pero también pueden cerrarla. ¿Podemos llegar a darnos cuenta de cuando las palabras y las historias nos están despertando y cuando nos están adormeciendo en una especie de trance hipnótico? ¿Podemos notar la diferencia entre las palabras que surgen de la presencia consciente y abierta del Aquí/Ahora y de las palabras que surgen del hábito y la creencia y de nuestro deseo de comodidad y seguridad? ¿Estamos hablando desde un lugar que está vivo y presente o estamos repitiendo mecánicamente las viejas ideas? Incluso si esas ideas fueron una vez ciertas y vivas, pueden ahora no ser nada más que un peso muerto.

¿Qué es lo que hace que algo sea original, auténtico y vivo? ¿Es una cuestión de encontrar constantemente nuevas palabras y nuevas formulaciones? ¿O se trata de dónde proceden las palabras en este momento? ¿Pueden las mismas palabras ser ciertas en un contexto y falsas en otro?

Si una voz en tu cabeza está ahora insistiendo en que, "Estas preguntas son dualistas, porque todo proviene del Uno y todo es el Uno y no hay nada más que el Uno", te invitaría a preguntarte, en este momento, ¿es cierto ? ¿O es sólo otra idea muerta?

¿Qué es real en este momento?

¿Qué ocurre cuando se hace esa pregunta?

¿Qué queda si incluso renuncias al Uno?