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Karma, destino y libre albedrío

¿Somos libres o marionetas?

por T N Sethumadhavan
Este ensayo apareció originalmente en el número de noviembre de 2007 de la revista mensual ilustrada "Sapthagiri" del Tirumala Tirupati Devasthanams, y que se reproduce aquí ligeramente modificado.
Destino

La vida es una creación. ¿Pero simplemente estamos desempeñando el papel que ya ha sido creado para nosotros, o podemos crear nuestras propias páginas en cualquier capítulo de la vida? ¿Podemos determinar nuestro destino o el destino nos determina? Las opiniones difieren. Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿cuánto podemos controlar realmente en nuestras vidas?

Introducción

El único tema que casi todas las religiones proclaman se cristaliza en estas palabras: "La voluntad divina es mejor" (ishvarechcha gariasi) para los hindúes; "Hágase tu voluntad" para los cristianos; "Si Dios quiere" (Inshallah) para los musulmanes, o para ponerlo en las palabras del Buda: "Los acontecimientos suceden, las acciones se llevan a cabo, pero no hay ningún hacedor individual".

Uno de los mayores y eternos debates de la historia de la humanidad es el papel que juega el destino en la vida de los seres humanos. Hubo un tiempo en que era casi un hecho aceptado de la vida que cada uno de los acontecimientos estaba gobernado por el destino de los seres humanos. Con el advenimiento de la ciencia moderna y el desarrollo tecnológico la importancia del papel del destino como un concepto ha sido erosionado y hoy es considerado como una fe ciega sin ninguna racionalidad detrás de ello. La mayoría de las llamadas personas exitosas y progresistas no se adhieren a la supremacía del destino y enfatizan el libre albedrío del hombre en la formación de su propia vida.

Diferentes puntos de vista

Hay tres principales corrientes de pensamiento sobre el tema que estamos discutiendo.

1. La opinión más frecuente parece ser la que dice que no hay nada llamado destino o fatalidad. Esta línea de pensamiento dice que los seres humanos tienen la opción de tomar decisiones utilizando su libre albedrío. Todos nuestros éxitos, fracasos y acciones se rigen por las decisiones que tomamos. Si tomamos las decisiones correctas y actuamos en consecuencia, nadie nos puede impedir que logremos lo que queremos. Si fallamos, debe ser debido a algo que ha ido mal debido a nuestras propias deficiencias.

En esta línea de pensamiento, el destino es considerado una superstición en el peor de los casos y en el mejor de los casos se puede considerar como un sistema de defensa psicológica para hacer frente a los fracasos en la vida, ya que nunca estamos dispuestos a aceptar que somos nosotros los responsables del fracaso debido a una mala planificación, a la falta de esfuerzo en la dirección correcta o al fracaso absoluto en juzgar correctamente las realidades.

Esta teoría deja muchas preguntas de la vida sin respuesta. Por ejemplo, no responde a la cuestión de las diferencias entre personas diferentes en el momento de su nacimiento. ¿Por qué uno nace de padres ricos y otro de pobres? ¿Por qué algunos niños nacen saludables y otros enfermos o lisiados de alguna manera? Y otras preguntas similares.

2. La segunda escuela de pensamiento dice que somos libres para dar el primer paso, pero tan pronto como lo damos, nuestro segundo paso se convierte en inevitable y predecible. Nos vemos obligados por las diferentes leyes de la vida que gobiernan el resultado de un acto.

Por ejemplo, digamos que vamos a plantar un árbol. Mientras no lo hayamos hecho, tenemos muchas opciones. Podemos elegir no plantar la semilla en absoluto. Podemos elegir el tipo de árbol que deseamos que crezca, etc. Pero una vez que hemos tomado esa decisión y actuado sobre ella, nuestra libertad se ve limitada por muchas causas. Si plantamos un mango, entonces no importa lo que hagamos, no podemos obtener otra fruta que el mango de ese árbol. No podemos garantizar que la semilla que acabamos de plantar crezca hasta convertirse en un gran árbol sano. También puede suceder que el árbol crezca, dé fruto, pero no podamos probar ni un solo fruto debido a varias razones. En otras palabras, nuestra libertad se limita a las acciones que tomamos pero no al resultado de esas acciones. Esto es lógico porque el resultado de cualquier acto depende de muchos otros factores sobre los que no tenemos control. Es por eso que incluso los mejores planes de las personas más poderosas e inteligentes terminan en un completo fracaso y caos total. Este concepto se llama "Ley del Karma". La palabra karma significa: kar = acciones, ma = mi, es decir, "Mis acciones".

Karma es un término general para los procesos por los cuales las impresiones se forman e imprimen en el campo de la mente para dar ciertos frutos en una estricta aplicación de la ley de causa y efecto. La teoría del Karma común en muchas religiones orientales indica que hay un sistema de contabilidad universal en el cual cada individuo debe experimentar las consecuencias de todas sus acciones (Karmas). Ninguno de nosotros, no importa lo rico, poderoso o influyente que sea en el mundo, puede evitar enfrentarse a estas consecuencias. Nuestras vidas y nuestro destino son creados por la suma total de estas consecuencias, buenas y malas. La personalidad con la que hemos nacido, la forma en que miramos, los padres de los que hemos nacido, la religión y el país al que pertenecemos, nuestras relaciones, han sido creados por las consecuencias de las acciones realizadas en alguna vida pasada.

El Karma se manifiesta a través de los samskaras (vasanas) o impresiones acumuladas en nosotros. Cada pensamiento, palabra y obra crea un samskara o impresión que nos altera y finalmente cambia nuestro destino. Como nuestros pensamientos crean nuestras vidas, el karma comienza con los pensamientos. Los buenos pensamientos generan buen karma mientras que los malos pensamientos o negativos cosechan mal karma. El karma bueno o malo está determinado por nuestra motivación. El mismo acto puede generar karma bueno o malo dependiendo de la razón por la que lo estamos haciendo. Dar comida a un mendigo por compasión o dársela para deshacernos de comida vieja, tendrá consecuencias diferentes.

En las filosofías orientales como el hinduismo o el budismo, el concepto de reencarnación ocupa un lugar preeminente. Dice que todos seguimos tomando nacimiento tras nacimiento. Este ciclo de nacimiento y muerte ha continuado desde la eternidad y continuará repitiéndose hasta que un ser humano alcance la "iluminación", que es el objetivo último de la vida (purushartha). Este estado de iluminación ha sido descrito de manera diferente por diferentes sabios. Algunos lo han llamado Auto-Realización, otros lo han llamado Auto-Actualización. También se conoce como alcanzar Moksha, el Nirvana o Kaivalya. Sólo cuando uno lo logra, uno puede deshacerse de los grilletes que le atan a este ciclo implacable de nacimiento y muerte.

Por lo tanto, el karma va de la mano con la reencarnación, ya que el renacimiento es el medio para agotar todas las consecuencias de nuestro karma. Nuestro presente ha sido creado por nuestro pasado y nuestro futuro está tomando forma a través de cada momento que vivimos ― a través de cada pensamiento, palabra y acción.

El Bhagavad Gita ha venido defendiendo el nishkama karma ―la acción sin deseos― desde tiempos inmemoriales. Dice: "Tu elección está en la acción solamente, nunca en el resultado de ella. No seas el autor del resultado de la acción. No dejes que tu apego sea la inacción." (2-47)

La teoría de la reencarnación también afirma que las consecuencias de las acciones (Karma Phala) no necesariamente deben ser experimentadas en la vida presente; pueden ser transferidas a vidas futuras. Debido a esto, se han postulado varias subdivisiones del Karma. La clasificación siguiente es común a muchas escuelas de pensamiento hindúes.

  • Sanchita Karma. El almacén que acumula los resultados finales kármicos sin agotar de nacimientos anteriores.
  • Prarabdha Karma. Esa parte del Sanchita Karma que empezó a dar sus frutos y debe ser resuelto en la vida presente. Prarabdha se traduce a menudo como destino.
  • Agami Karma. Las consecuencias del nuevo Karma que es generado en la vida presente a causa de las acciones actuales y que es arrastrado a vidas futuras.

Esta teoría implica que todos los acontecimientos están predestinados. No hay nada llamado libre albedrío. Todos somos como instrumentos en algún gran diseño y nada más. Todos nuestros pensamientos y acciones están predestinados.

3. La tercera escuela sostiene que tanto el destino como el libre albedrío trabajan juntos en las actividades humanas. Dice que el libre albedrío no es exclusivo sino que está incluido en el destino. La filosofía hindú no acepta enteramente ninguna teoría, a saber, destino o libre albedrío. Si el destino es el único factor decisivo, ¿cómo es posible entonces que las semillas para los futuros nacimientos puedan sembrarse en el presente nacimiento, que depende del libre albedrío? Si no se toma ninguna iniciativa en la vida y todo se deja al destino es un mero escape de la responsabilidad de realizar nuestros propios deberes y es fatalismo. El Bhagavad Gita reitera que nadie puede permanecer sin realizar acciones, ni siquiera por un segundo. Por otro lado, si el libre albedrío absoluto va a ser el factor determinante, ¿por qué muchos de nuestros esfuerzos resultan en fracasos a pesar de los esfuerzos sinceros y honestos mientras muchas otras acciones tienen éxito donde no se hacen esfuerzos sinceros?

Esto nos lleva a la siguiente pregunta ¿cuál es este destino y puede ser alterado por la pura fuerza del libre albedrío humano?

Para encontrar una respuesta a esta pregunta debemos comenzar con la premisa de que hay algún propósito en la creación del universo y que todo dentro de él trabaja de acuerdo con una secuencia preestablecida en la que no hay caos y el hombre es sólo un pequeño componente de toda la maravilla. El propósito de la vida humana en este esquema de cosas es hacer que el hombre sea perfecto y así liberarse del ciclo de repetidos nacimientos y muertes (moksha).

La opinión de los sabios y las escrituras:

Bhagavan Ramana Maharshi

Sri Ramana Maharshi acepaba la validez de las leyes del Karma, pero dijo que sólo eran aplicables mientras una persona se imaginaba que estaba separada del Ser. En este nivel (el nivel del ajnani o del ignorante), dijo que los individuos pasarían por una serie de actividades y experiencias pre-ordenadas, todas las cuales son las consecuencias de actos y pensamientos anteriores. Dijo que cada acto y experiencia en la vida de una persona está determinada al nacer y que la única libertad que tiene es darse cuenta de que no hay nadie actuando ni nadie experimentando. Sin embargo, una vez que uno realiza el Ser (o Sí mismo), no queda nadie que experimente las consecuencias de las acciones y por lo tanto toda la estructura de las leyes kármicas se vuelve redundante.

Sri Ramana Maharshi dejó claro que si el agente, de quien depende el Karma, es decir el ego, que subsiste entre el cuerpo y el Sí mismo, se funde en su fuente y pierde su forma, ¿cómo puede sobrevivir el Karma, que depende de él ? Él dice que cuando no hay "yo" no hay Karma. La esencia del Karma es conocer la verdad de uno mismo indagando "¿Quién soy yo, el hacedor, que empieza a hacer Karmas?" A menos que el hacedor de Karmas, el ego, sea aniquilado a través de la indagación, no se puede lograr la paz perfecta de la felicidad suprema, que es el resultado del Karma Yoga.

A la pregunta "¿Existe tal cosa como el libre albedrío?" Sri Ramana Maharshi reponde con la pregunta: ¿De quién es el albedrío? Siempre que exista el sentido de "hacedor", existe el sentido del disfrute y de la voluntad (o albedrío) individual. Pero si se pierde este sentido a través de la práctica de la auto-indagación (Vichara) y uno se vuelve auto-realizado, la voluntad divina actuará y guiará el curso de los acontecimientos. Él aclara que el libre albedrío se mantiene sólo en asociación con la individualidad. Todas las Escrituras se basan en esta idea y por lo tanto nos aconsejan dirigir el libre albedrío hacia metas correctas.

A la pregunta "Si lo que está destinado a suceder sucederá ¿hay alguna utilidad en la oración o el esfuerzo o debemos permanecer inactivos?" Ramana Maharshi dice: Sólo hay dos modos de vencer al destino o quedar al margen de él. Uno es investigar a quién pertenece ese destino y descubrir que el único limitado por el destino es el ego y no el Sí mismo, y que el ego es inexistente.

"El destino es el resultado de la acción pasada, concierne al cuerpo. Deje que el cuerpo actúe como le convenga, ¿por qué se interesa por él? ¿Por qué le presta atención? Si algo sucede, sucede como resultado de acciones pasadas, de la voluntad divina y otros factores". Esta idea está incrustada en el término común "namaste" que usamos en nuestras interacciones sociales cotidianas. Esta palabra puede ser dividida en na+ma+te+astu significando así "Yo no soy" (na ma) "Tú eres" (te astu) implicando una completa eliminación de la noción de "Yo-idad" y "Mio-dad" y rendirse a "Tú ― El Señor Supremo".

"El otro modo es aniquilar al ego por una completa entrega al Señor, realizada personalmente por medio de esta continua repetición: "No yo, sino Tú, Señor". De ese modo, liquidas todo sentimiento de "yo" y "mío", y dejas que el Señor haga lo que quiera contigo. La entrega no puede considerarse completa mientras el devoto reclame al Señor esto o aquello. La verdadera entrega es amor a Dios, sólo por amor y nada más, ni siquiera por el deseo de liberación. En otras palabras, para vencer al destino, se requiere la negación absoluta del ego, y esa negación puedes conseguirla por medio del Jnana Marga (auto-indagación) o por medio del Bhakti Marga (sendero de devoción)."

La súplica del elefante en Gajendra Moksha y de Draupadi cuando estaba siendo humillada en la corte abierta de Duryodhana en presencia de su esposo y otros ancianos son ilustraciones de entrega absoluta al Señor.

Sri Ramakrishna Paramahamsa

Sri Ramakrishna también se hace eco de un pensamiento similar. Cuando su discípulo le preguntó si somos realmente libres para hacer lo que nos plazca, él respondió: "Todo depende de la voluntad de Dios, el mundo es Su obra, ha creado todas estas cosas diferentes ― grandes y pequeñas, fuertes y débiles, buenas y malas, virtuosas y viciosas ... Esto es todo Su maya, Su deporte ... Debes haber observado que todos los árboles de un jardín no son del mismo tipo."

"Mientras un hombre no haya realizado a Dios, él piensa que es libre. Es Dios mismo quien evita el error en el hombre. De lo contrario el pecado se habría multiplicado. El hombre no habría tenido miedo del pecado y no habría sido castigado por eso."

"¿Pero conoce usted la actitud de alguien que ha realizado a Dios? Tal persona siente: Yo soy la máquina y Tú, Oh Señor, eres el Operador. Yo soy la casa y Tú eres el Morador. Yo soy el carro y Tú eres el Conductor. Yo me muevo cuando Tú me mueves. Yo hablo cuando Tú me haces hablar. El deseo de argumentar (que es muy poderoso en el estado de ajnana) desaparece cuando un hombre alcanza la sabiduría."

El Bhagavad Gita

El Canto Celestial nos dice: Las fuerzas de la Naturaleza hacen todas las obras. Pero debido a la ilusión de la ignorancia las personas asumen que ellas mismas son el hacedor. (3.27) El que conoce la verdad sobre el rol de las fuerzas de la Naturaleza de hacer la obras no se apega a ellas. Tal persona sabe que las fuerzas de la Naturaleza son las que realizan su obra utilizando nuestros órganos como sus instrumentos. (3.28) El sabio que conoce la verdad piensa: "No hago absolutamente nada". Al ver, oír, tocar, oler, comer, caminar, dormir, respirar; y al hablar, dar, tomar, así como al abrir y cerrar los ojos, el sabio cree que sólo los sentidos están operando sobre sus objetos. El que percibe que todas las obras son hechas por los poderes de la Naturaleza material comprende verdaderamente, y por lo tanto no se considera a sí mismo como el hacedor. (13.29)

Así como la respiración, el parpadeo y los procesos similares son automáticos y el hombre no reclama ninguna autoría para ellos, siendo consciente de los procesos sólo cuando la enfermedad o causas similares le afligen, de manera similar, todas sus actividades deben ser automáticas, sin que se arrogue para sí mismo la autoría o la responsabilidad de las mismas. Un hombre caritativo ni siquiera sabe que está haciendo actos de caridad, es su naturaleza hacerlos, no puede evitarlo. Este desapego sólo puede provenir de un esfuerzo incansable y de la gracia de Dios.

El Gita pone énfasis en que la obra es una función de la naturaleza y depende de la gracia de Dios para su éxito. Dice: "Voy a declararte, ¡oh Armipotente Arjuna!, aquellos cinco factores que según la filosofía Sankhya requiere el cumplimiento de toda acción. La sede (el cuerpo) de la acción, el hacedor (ego), los diversos órganos de los sentidos de percepción, las diferentes funciones de los órganos de las acciones y también las Deidades presidenciales. Cualquier acción que un hombre realiza mediante su cuerpo, palabra y mente, ya sea correcta o lo contrario, estas cinco son sus causas." (18.13-15)

El concepto de obra se analiza en estos versículos. Cuando se le dijo que la acción puede hacerse sin deseos egocéntricos y sin apego a sus frutos la pregunta que le sigue es qué es lo que constituye la acción o la obra.

Sri Krishna dice que hay cinco aspectos de la acción o cinco divisiones de la obra. Los cinco componentes de la acción son:

  1. El cuerpo ―Adhishthaanam― el portal para la entrada y existencia de los estímulos.
  2. El ego ―Karta― que busca el cumplimiento de la acción a través del cuerpo.
  3. Los órganos de percepción ―Karanam― a través de los cuales la personalidad interior entra en contacto con el campo del disfrute y la satisfacción.
  4. Los órganos de acción y
  5. Las deidades presidenciales de los órganos de percepción que los hacen funcionar correctamente.

Las deidades representan el factor no humano que interfiere y elimina el esfuerzo humano. En todas las acciones humanas hay un elemento impredecible que comúnmente se llama suerte o factor X en el lenguaje moderno o tradicionalmente como destino o fatalidad o la fuerza acumulada por los actos de las vidas pasadas. Se llama aquí daiva. La tarea del hombre es sólo plantar la semilla, pero recoger la cosecha está en manos diferentes a las suyas.

El Ramayana de Valmiki

Encontramos más o menos las mismas ideas también en el Ramayana de Valmiki. (2/22/13-24) Cuando Sri Rama fue desterrado al bosque Lakshmana se enojó mucho cor Kaikeyi y comenzó a reprenderla fuertemente. Sri Rama pacificaba a Lakshmana diciéndole que Kaikeyi no era responsable de su destierro y echó toda la culpa a su propio destino. La disertación de Sri Rama aquí sobre el rol de la Voluntad Divina en las vidas humanas son gemas del proceso de pensamiento valmikiano y una obra maestra del Vedanta.

Él dice: "Oh Lakshmana, con mi partida al bosque vestido con la corteza de los árboles y la piel de ciervo, con mechones de cabellos enmarañados, la mente de Kaikeyi se quedará en reposo. Seguramente no ofendería a la Providencia el pasar por alto Su propósito, puesto que ha sido Ella la que que ha plantado en la mente de Kaikeyi esta idea de enviarme al exilio a través de las maquinaciones de Manthara. Por consiguiente voy a entrar en el bosque, que no haya retraso en esto."

"Sólo la intervención divina debe ser considerada como la responsable de enviarme al exilio, así como de quitarme el reino de Ayodhya que se me ofreció. No ha sido más que por incitación de la Providencia, ¿cómo pudo la decisión de perseguirme y desterrarme en el bosque entrar en la mente de Kaikeyi, mi propia madre? Oh hermano, sé consciente.
"Como tal no puedo mantener otra cosa que no sea la voluntad de la Providencia la responsable de que ella prevaleciera ante el rey urgiéndole con palabras mordaces para que detuviera mi instalación y me enviara al bosque. ¿Cómo si no podría ella, una princesa de actitud amable y poseedora de raras cualidades de cabeza y de corazón, hablar como una mujer cruel en presencia de su marido con palabras destinadas a atormentarme?"

"Lo que no se puede prever es seguramente un decreto de la providencia y no puede ser anulado por ninguno de entre los seres creados. Por lo tanto, es evidente que por la voluntad de la Providencia o por el destino lo inesperado me ha sucedido a mí tanto como a ella. Una vez más, ¿quién puede atreverse a desafiar al destino, del cual no se puede encontrar otra indicación que las consecuencias del acto mismo? La alegría y el dolor, el miedo y la ira, la ganancia y la pérdida, el nacimiento y la muerte, y cualquier experiencia similar que llegan a un individuo en particular, es indudablemente obra de Providencia."

"Fuertemente impulsados por el destino, incluso los sabios que practican austeridades severas son extraviados dejando a un lado la moderación y son arruinados por la lujuria y la ira. En realidad no es otra cosa que un acto del destino que de forma inesperada y sin motivo ostensible crea obstáculos a una acción iniciada con preparaciones hercúleas. Una vez más, es de conocimiento común que se obtiene una ganancia inesperada de fortuna con poco esfuerzo, prácticamente sin recursos. Ese es el destino."

Conclusión

Las discusiones anteriores revelarían que el universo tiene un propósito, reglas y desafíos. Nadie está aquí por accidente; todos estamos aquí para vivir el propósito de nuestra vida, aprender de la experiencia y andar el camino. Ninguna vida es inútil, todo tiene que ver con la progresión, el aprendizaje y la sucesión a un nivel superior ― algo que incluso trasciende el tiempo de una vida física porque nuestra alma vuelve para continuar la progresión.

Este es nuestro KARMA, el gran plan para nuestras vidas ―los créditos y débitos, lo bueno y lo malo― el camino que debemos recorrer.

Considera nuestro camino destinado como una ruta a través de un laberinto. El laberinto representa todos los desafíos y recompensas posibles, todos los altibajos y todas las personas que están destinadas a entrar en nuestras vidas para traernos felicidad o conflicto.

Dentro de ese marco del laberinto tenemos libre albedrío. En cualquier momento podemos girar a la izquierda o a la derecha, seguir recto o regresar. Como seres humanos con frecuencia tenemos la ilusión de que la vida es totalmente de libre albedrío. Después de todo podemos elegir qué vestir, a dónde ir, con quién casarse y qué color queremos para nuestro vestido, etc. Pero en muchas cosas no tenemos en el fondo ninguna elección. Nuestro "libre albedrío" y el destino están fundamentalmente entrelazados por el hecho de que nuestra existencia está dentro del marco predefinido del karma ―el laberinto― el entramado del camino desde el nacimiento hasta la muerte y finalmente al renacimiento.

La pregunta de si el destino o el libre albedrío es superior no puede ser contestada en un formato "o esto/o lo otro". No es esto o aquello, sino ambos. Tenemos tanto la posibilidad del libre albedrío como también la predeterminación al mismo tiempo. Esto se puede aclarar con una ilustración.
Imagina un escenario donde un búfalo está atado por una cuerda larga a un poste fijado al suelo en un campo abierto. Tiene la libertad de estar cerca del poste o ir a toda la extensión de la cuerda o sólo ir hasta una cierta longitud de la cuerda. Su libre albedrío se limita a la extensión de la longitud de la cuerda y si es muy fuerte puede incluso romper la cuerda y escapar de la esclavitud.

En esta ilustración el búfalo que está atado por la cuerda es el prarabdha karma; el ir a toda la extensión de la cuerda o permanecer cerca del poste es su libre albedrío; la ruptura de la cuerda por su esfuerzo y fuerza superiores es la ruptura del prarabdha o la obtención de la salvación o moksha (liberación) del samsara a través de la Sadhana.

¿No es entonces que toda la cuestión se queda sin respuesta cuando nos preguntamos, Quién es el que ejerce el libre albedrío? ¿El ser humano o el omnipotente Paramatman, el Sutradhar, el manejador de las cuerdas de nosotros los títeres, que erróneamente damos por hecho que somos dueños de nuestras vidas? El destino es como si fuera el balance de los activos (virtudes) y los pasivos (pecados) de una persona sobre una serie de nacimientos pasados. Por lo tanto, es imposible saberlo de antemano. Pero el objetivo del esfuerzo humano sólo puede ser liberarlo de los lazos de su karma, induciendo en él la sabiduría y la ecuanimidad.