¿Existo yo?
Los siete pasos para descubrirlo por ti mismo
Por Ilona CiunaiteEs una pregunta extraña, no es algo que nos preguntamos normalmente. Pero que tal si la respuesta es ¡no!, no hay un «yo». No hay un yo en la forma en que crees que existe. ¿Tendrás el valor y la curiosidad para descubrirlo por ti mismo?
Esta es la verdad más sencilla, más lógica y más obvia—no existe ninguna entidad separada llamada «yo». No hay ningún «yo» en absoluto, ningún director ni controlador, sino una vida que fluye libremente; todo es una sola realidad, una sola vida. La vida simplemente ES.
Es tan sencillo que resulta muy difícil de ver. Pensar que todos tenemos un «yo» especial y separado que está al mando de nuestras vidas no es más que una suposición incuestionable. Es una creencia fundamental a través de la cual el ser humano percibe la vida. La sensación de separación persiste en la vida cotidiana, lo que hace que uno se sienta siempre estresado, deprimido o en busca de algo más. Existe una profunda y constante sensación de que algo va mal, de que hay algo por descubrir, de que la vida no es plena, ni abundante, sino estresante e insatisfactoria.
Por supuesto que hay algo que no va bien.
Existe esa sensación de que algo va mal. Surge desde lo más profundo y nos mantiene buscando respuestas.
La respuesta es sencilla: no hay un «yo». Nunca lo hubo. No estamos haciendo nada en la vida; la vida no nos está sucediendo a nosotros, sino que está sucediendo como nosotros. No hay ningún «director» que decida qué, cuándo, con quién ni por qué. La vida simplemente sucede, por sí sola, sin motivo alguno. Es la vida viva. La vida viviéndose.
La gran pregunta es cómo ver que, en realidad, no hay ningún «yo» en absoluto.
Si aceptas esto como una creencia, sin ponerlo a prueba, nada cambiará. Tendrás una creencia más funcionando en tu sistema, creando más conflictos que antes. Para ver la verdad de esto, tienes que mirar por ti mismo.
Mirar es muy sencillo—solo se necesita una intención clara de ver por fin la verdad, sin importar qué distracciones se interpongan en el camino. Hay que estar dispuesto a dejar de lado todas las expectativas. No da miedo y no es magia. Solo hay que empezar a pensar por uno mismo y responder a algunas preguntas concretas con total honestidad, como nunca antes.
Cuando empieces a mirar, lo primero que debes hacer es despejar el camino. Esto se puede hacer escribiendo. Puedes contar con alguien que te guíe o simplemente hacerlo tú mismo. No des nada por sentado, cuestiona todo. No hay absolutamente nada que necesites saber para empezar a indagar. Simplemente empieza a escribir y aclara las cosas por ti mismo, por tu cuenta, por amor a la verdad. Nadie puede mirar por ti. Ni siquiera pienses en eso.
(No empieces todavía. Lee todo el texto hasta el final y luego empieza)
He elaborado unos pasos tras observar lo que realmente funciona para la mayoría de la gente.
Todo lo que necesitas es lápiz y papel, además de un deseo sincero de saber.
En esta etapa, es importante darse cuenta de que mirar y pensar no es lo mismo. Por ejemplo, si te pidiera que describieras lo que hay detrás de tu espalda en este momento, podrías responder de memoria —pensando— o podrías girar la cabeza para mirar y, a continuación, describir lo que hay tal y como lo ves. En este trabajo tienes que fijarte en tu propia experiencia y olvidarte de todo lo que sabes, de todo lo que crees que es cierto, de todo lo que has oído o leído. Confía en tu experiencia directa.
Paso 1: Despejar el camino
Anota esto:
En realidad, no existe en absoluto un «yo» separado. No hay ningún agente al mando, ningún director, ningún observador, ningún dueño de la vida; lo único que hay es la vida fluyendo libremente como un único movimiento.
Observa, espera, fíjate, escribe: ¿qué surge? ¿Hay miedo? ¿Hay alguna duda? ¿Resistencia? ¿Frustración? ¿Algo que quiere gritar y dar media vuelta, algo que dice que esto no funciona? ¿O quizá hay una sensación de asombro, alegría, alivio?
Fíjate en todo lo que está sucediendo en tu interior y simplemente ponlo por escrito.
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¿Listo? Vale. Acércalo todo más. Si hay miedo, céntrate en el miedo.
Fíjate en que es un mecanismo de protección. El miedo en sí mismo es como una puerta, te impide mirar detrás de ella. Pero solo es miedo. No pasa nada porque esté ahí, solo está haciendo su trabajo. Déjalo estar ahí, reconoce su presencia con respeto y gratitud, fíjate dónde lo sientes físicamente en el cuerpo. Presta atención a la sensación.
¿Qué es el miedo en sí mismo?
¿Qué está protegiendo?
¿Qué hay que proteger?
¿Qué es lo que se siente amenazado?
Pídele que te revele por qué está ahí, qué está intentando decirte; pídele al miedo que comparta su sabiduría. Si no hay un «yo», entonces no hay nada que necesite protección, ¿verdad? Honra ese sentimiento. Inclínate ante él, agradécele que haga su trabajo. Date cuenta de que está ahí para protegerte, es un amigo. El miedo es, en realidad, amor disfrazado. Solo te está mostrando dónde mirar, las zonas oscuras.
Ahora, mira más allá.
¿Hay algo detrás del miedo?
Si es así, ¿qué? ¿Y qué hay detrás de eso?
(Ten en cuenta que el silencio no es la ausencia de una respuesta, es la respuesta).
¿Ya está?
Si has superado esta etapa y has visto que no hay nada detrás del miedo, estás listo para el siguiente paso.
Paso 2: Deshazte de todas las expectativas.
¿Cómo esperas que sea esa liberación?
¿Qué esperas obtener de ella?
¿Cómo te imaginas que se comporta una persona liberada?
¿Cómo debería ser?
¿Qué te aportará, qué esperas de ella?
¿Cómo no quieres que sea?
Simplemente escribe todo esto y analízalo. La clave aquí es ser totalmente sincero: identifica todas las expectativas y anótalas; después, busca las expectativas ocultas.
Una vez que lo hayas escrito todo, acepta que las expectativas te impiden ver las cosas con una mirada nueva, así que déjalas atrás para poder observar con objetividad. Si sigues aferrándote a tus expectativas, vuelve a la sección sobre el miedo y analiza qué hay detrás de ellas. ¿Qué hay ahí que te hace sentir amenazado?
Todas las expectativas, independientemente de lo que esperes, no se van a cumplir tal y como las imaginas. Cada vez que te sientas atascado, vuelve a las expectativas, si hay algo que crees que debería estar sucediendo, pero no es así, hay una expectativa detrás. No son útiles, sino que son un obstáculo.
Paso 3: Conecta con lo real
Por «real» me refiero a aquello que está realmente aquí, que no desaparece si dejas de creer en ello.
Imagina que tienes una cuchara en la mano. Imagina su forma, tamaño, peso y temperatura; mantén esa imagen, cierra los ojos y siente la cuchara imaginaria.
Abre los ojos; ¿hay una cuchara aquí, en la vida real?
Entonces, ¿cómo te has dado cuenta de que no hay ninguna cuchara?
¿Qué ha pasado con la cuchara?
¿Ha desaparecido o es que nunca existió?
Fíjate en que no hubo ningún estruendo ni destellos de luz brillante en los ojos cuando dejaste de imaginar la cuchara imaginaria. Recuerda esto: un cambio no va a ser más que esto, es solo una gota de creencia—el pegamento que mantiene unida la ilusión.
Mira a tu alrededor en la habitación y fíjate en lo que es real. ¿Qué hay aquí ahora? Fíjate en las cosas, fíjate en lo que ves al mirar a tu alrededor. Si piensas que este mundo no es real, compáralo con una imagen imaginaria.
Aquí tienes otro ejercicio:
Cierra los ojos e imagina que estás en la cocina. Simplemente visualízalo y mira a tu alrededor, fíjate dónde están colocadas las cosas. Fíjate en el espacio, en cómo lo percibes.
Esto es una imagen; puede desencadenar sensaciones y contracciones —o expansiones—, historias mentales y los sentimientos asociados a ellas.
Abre los ojos y observa cómo se puede crear y explorar una imagen en la mente.
Ve a la cocina y observa las mismas cosas que viste en la imagen; ¿en qué se diferencia imaginar algo de experimentarlo? ¿Son iguales la imagen de la cocina y la experiencia de la cocina?
Céntrate en la imagen del yo, la entidad individual separada, ¿es una imagen o una entidad real?
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Si te dijera que Papá Noel es real, ¿lo verías ahora mismo en la habitación? ¿Puedes ver la diferencia entre lo real y lo imaginado?
El «yo» es imaginario. Puedes buscar el «yo» real, pero ¿se puede encontrar? Busca en cada sentido—¿puedes encontrar el «yo»? (¿Hay un «yo» en el tacto, el olfato, el gusto, la vista y el oído? Prueba con cada sentido.
¿Está el controlador/director en la cabeza? Si es así, ¿cómo da el «yo» órdenes al cuerpo?
Paso 4: «Yo» es un pensamiento. El pensamiento no piensa.
Al contrario de lo que nos han inculcado desde la infancia, «yo» no es un alma ni un ser, «yo» es un pensamiento. No es un ser, es solo una etiqueta. Ser es un verbo, no una cosa.
«Pienso, luego existo»: una famosa afirmación propuesta por René Descartes. El significado sencillo de la frase es que el hecho de que alguien se pregunte si existe o no es, en sí mismo, prueba de que existe; como mínimo, debe haber un «yo» que piensa.
Pero no nos creamos lo que dice otra persona y pongámoslo a prueba.
Cierra los ojos después de leer este párrafo y descubre aquello que siempre está presente. Sensaciones de vitalidad, de ser consciente, de «yo soy», quédate con esa sensación. ¿Es algo personal? Te parece personal porque durante todos esos años pensaste que existías como un ser separado. Es una sensación a la que la mente ha puesto la etiqueta de «yo».
Fíjate en los pensamientos:
¿De dónde vienen?
¿Puedes controlarlos?
¿Qué influye en los pensamientos?
¿Sabes cuál va a ser tu próximo pensamiento?
¿Se puede detener un pensamiento a mitad de camino?
¿Qué sabes con certeza?
Responde a estas preguntas por ti mismo, fíjate en el proceso de pensamiento. ¿Cómo surgen los pensamientos, en racimos o uno tras otro, de uno en uno?
Fíjate en que los pensamientos van y vienen por sí solos. Son solo pensamientos, como las nubes en el cielo. Y no hay nada que los controle; van pasando uno tras otro y no hay forma de detenerlos ni de deshacerse de ellos. Como un río que fluye libremente.
Considera la mente como una máquina de etiquetar. La experiencia ocurre, y a continuación viene la etiqueta. Se produce la percepción, la observación, la presenciación, y las etiquetas aparecen justo después.
Fíjate en la respiración del cuerpo; mira, ¿respira por sí sola o hay alguien que respira? La etiqueta dice «yo respiro». ¿Hay un «yo» que realiza la respiración? ¿Y qué pasa cuando duermes? ¿La respiración necesita a alguien que respire?
Lo mismo ocurre al caminar, comer, escuchar música o bailar. Cada experiencia va seguida del comentario «yo hice esto». Pero fíjate bien: ¿hay alguien que camina, alguien que come, alguien que baila? Si el lenguaje dice que hay un sujeto que realiza la acción, ¿es eso cierto en tu experiencia directa?
Juega un rato con las etiquetas; fíjate en que la etiqueta «yo» es solo una etiqueta, una palabra que precede a otras palabras en el proceso de etiquetado. En este momento, la lectura se produce sin esfuerzo y, si te detienes un segundo, aparecen pensamientos y empiezan a etiquetar… «Yo» es uno de esos pensamientos. «Yo» no es un pensador, es un pensamiento que surge en la conciencia.
¿Puede un pensamiento pensar? ¿Puede un pensamiento hacer algo?
Así pues, si «yo» es un pensamiento y el pensamiento no piensa, ¿dónde está el pensador? ¿Existe alguno?
«(Yo) Pienso, luego existo» se puede desglosar en:
«Yo» es un pensamiento en sí mismo
«Yo» no piensa
No hay ningún «yo»
Pero el pensamiento ocurre.
Por sí mismo.
Paso 5: La Puerta
En la vida real no existe en absoluto un yo separado.
Compruébalo.
¿Hay un espacio entre lo experimentado y el experimentador? ¿Hay un experimentador, un centro en el que tiene lugar la vida?
En este punto, es buena idea salir al aire libre, a la naturaleza. Observa los árboles, los animales, los bebés, a otras personas. Fíjate en cómo todo se mueve, se agita: los árboles, la hierba, los animales, los pájaros, los seres humanos, los pensamientos, los sentimientos, el cuerpo que está aquí y ahora. Date cuenta de que los pensamientos surgen en función de lo que se percibe, de lo que se experimenta.
Fíjate en la vida, en la vitalidad y en cómo todo ocurre sin esfuerzo. Dirige la atención hacia el exterior. Fíjate en cómo todo simplemente es. La percepción está ocurriendo. Está aquí, ahora, viva.
Observa cómo el ver simplemente ocurre. No hay nadie detrás de los ojos, ningún espectador, ningún observador; solo el ver, el observar, que ocurre en el momento presente. No hay ningún agente que active o desactive el ver a voluntad. La mente está haciendo lo que suele hacer: etiquetar la experiencia, y eso también ocurre por sí solo, sin esfuerzo.
Cuando miras al que está mirando, ¿qué hay ahí?
Si surge una duda, fíjate en ella, mírala directamente, véela tal y como es en realidad—otro mecanismo de protección. Solo eso. Es simplemente un pensamiento que surge y se desvanece. Sigue fijándote en lo obvio. Enfócate. ¿Hay alguien que se enfoca? ¿O simplemente está ocurriendo el acto de enfocar?
En este momento ya lo estás viendo; todo lo que se necesita para reconocerlo plenamente es darte cuenta de que ya es así.
En este momento no hay nada que necesites ni que puedas hacer. Deja que se desarrolle. No hay ningún agente que pueda siquiera dejar que esto se desarrolle. Observa que no hay nadie que pueda hacer nada, admítelo. Nadie que deje que suceda. Todo simplemente sucede. Todo está sucediendo ya—la observación, el reconocimiento, el ver. No hay un yo separado, nunca lo hubo, solo hay vida, desarrollándose. Confía en ello.
Aquí hay muchas trampas y tendrás que concentrarte mucho. Todo lo que no sea la mirada directa es una distracción de la mirada. La mente creará todo tipo de distracciones, pero recuerda simplemente fijar la mirada en la puerta.
La puerta es la mejor amiga en esta búsqueda de la libertad. Es un cruce seguro e irrepetible, una vez que se ve la verdad, no puedes volver a caer en la creencia de un ser separado. Del mismo modo que nunca puedes creer que Papá Noel sea real en la vida real. Una vez que se reconoce un patrón, no se puede dejar de reconocerlo.
En este punto, si necesitas ayuda, acude al foro THE GATE, donde nuestro equipo especializado te ayudará de forma totalmente gratuita. Lo veas o no lo veas, no dejes que quede ahí sin resolver; hay algunas preguntas que te ayudarán a despejar las dudas y a verlo de verdad.
O lo ves o crees que no lo ves.
Paso 6: ¿Cómo te sientes al ver esto?
¿Ha cambiado algo en el exterior? ¿Hay algún cambio en las actividades cotidianas?
¿Te sientes diferente por dentro?
Anótalo. Poner los pensamientos en un papel delante de ti ayuda mucho a la mente a concentrarse y aclarar las ideas.
Si has atravesado la puerta, resulta obvio que no hay ninguna puerta, que no hay ningún «yo» que necesite o pueda atravesarla y que nunca lo hubo. Y quizá te alegre ver que la búsqueda ha desaparecido.
En este punto, responde a la pregunta: ¿sigue ahí la búsqueda?
Una cosa es segura: no vas a oír cantar a los ángeles ni a oír un estampido sónico. Es como ver y reconocer que no hay ninguna cuchara imaginaria, solo una gota de creencia. El cambio puede ser muy sutil o puede venir acompañado de experiencias intensas; no importa cómo sea para los demás, para ti es perfecto en todos los sentidos.
Paso 7: La caída
Bien, aquí es cuando la cosa se pone interesante.
Dado que la creencia central se ha desmoronado, quedarán muchas creencias perdidas flotando en el aire. Imagínate, es como un sistema informático; si borras algunos programas, quedarán algunos archivos que ralentizarán el rendimiento, por lo que normalmente lo limpias. Desfragmentas el sistema, lo pones a punto.
Derribar la creencia fundamental es como un tsunami para tu sistema. Deja a su paso un montón de escombros, muchos cadáveres de los que ocuparse. Así que lo que tienes que hacer aquí es aclarar, aclarar y aclarar aún más. Mantén la vista puesta en la verdad, deja que las creencias salgan a la superficie. Aparecerán una a una, listas para ser liberadas. No luches contra ellas y no te aferres a nada. En cuanto empiezas a aferrarte a una creencia o idea, te quedas atascado. Para salir de ahí, simplemente deja que todo se desprenda. A esta etapa la llamo «la Caída», ya que todo lo que no es verdad se desmorona, y todo lo que es verdad encaja en su sitio.
Hay quien dice que se tarda un par de meses en asentar todo, pero cada persona es diferente. Así que no hay garantía de cuánto tiempo tardará tu sistema en reiniciarse y reequilibrarse. La fe en la verdad es tu aliada. El deseo de eliminar la última mentira de tu sistema es otro aliado, al igual que la disposición a soltar todo aquello que ya no te sirve. Cuestiona tus preciadas creencias y sigue investigando. Esto es solo el principio, no el final. No es la puerta hacia un «felices para siempre», sino un pequeño primer paso, muy importante, pero en absoluto definitivo.
Fíjate bien en las creencias más preciadas que llevas en el corazón, en esa zona intocable. Son precisamente las que realmente debes examinar de cerca. Las reconocerás porque sentirás resistencia. Sigue esa resistencia. Está ahí para indicarte que hay otro pedacito de mentira escondido en algún lugar, esperando a que lo descubras.
Cuando se elimina ese escollo, la vida se vuelve más fácil y adquiere una auténtica sensación de libertad, agradecimiento, naturalidad, confianza y asombro. Hay libertad en cada situación. Hay libertad para expresarse sin sentimientos de culpa, miedo o miedo a equivocarse. La libertad no está fuera de las situaciones negativas, sino dentro de ellas. La vida ya no se ve a través del prisma del «yo». Está completamente abierta, lista para ser explorada. Es el fin de la búsqueda, pero no el fin de la exploración.
Vive, disfruta, transmite el mensaje.