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La Consciencia ― El puente entre la ciencia y la religión

por Peter Russell 6 de diciembre el año 2015
Peter Russell

La ciencia y la religión a menudo parecen polos opuestos y en muchos aspectos lo son. Pero creo que las dos pueden estar, y finalmente estarán, unidas; y su punto de encuentro será la consciencia humana.

El hecho más evidente de nuestra existencia es que somos seres conscientes. De hecho, todo lo que siempre conocemos son pensamientos, imágenes y sentimientos que surgen en nuestra consciencia. Sin embargo, en lo que se refiere a la ciencia occidental, no hay nada más difícil de explicar. ¿Por qué el complejo proceso de información en el cerebro conduce a una experiencia personal interna? ¿Por qué no ocurre todo en la oscuridad, sin ninguna consciencia? ¿Por qué siquiera tenemos una vida interior?

Esta paradoja de la existencia innegable de la consciencia humana en contraste con la ausencia de cualquier explicación científica satisfactoria para ella, sugiere que puede haber algo errado con la actual visión científica del mundo. La mayoría de los científicos asumen que la consciencia emerge de un modo u otro a partir de la materia inanimada. Pero si esta suposición no nos lleva a ninguna parte, tal vez deberíamos considerar una visión del mundo alternativa que se encuentra en muchas tradiciones metafísicas y espirituales. Allí, la consciencia se considera un componente esencial del cosmos, tan fundamental como el espacio, el tiempo y la materia.

Curiosamente, expandir el modelo científico para incluir la consciencia de esta manera no amenaza ninguna de las conclusiones de la ciencia moderna. Las matemáticas siguen siendo las mismas, al igual que la física, la biología, la química y todos los otros descubrimientos sobre el mundo material. Lo que cambia es nuestra comprensión de nosotros mismos. Si la consciencia es, en efecto fundamental, entonces las enseñanzas de los grandes sabios y místicos comienzan a tener un nuevo sentido.

Aquellos que han penetrado hasta el núcleo de sus mentes con frecuencia han descubierto una profunda conexión con el fundamento de todo ser. El sentido de ser un yo individual ―esa sensación de yo-idad que todos conocemos tan bien, pero parece tan difícil de definir― resulta no ser tan único después de todo. La luz de la consciencia que brilla en mí, es la misma luz que brilla en ti ― la misma luz que brilla a través de una miríada de mentes.

Algunos han expresado esta unión interna en la declaración "Yo soy Dios". Pero para la religión tradicional esto le parece una blasfemia. ¿Cómo puede un humilde ser humano afirmar que él o ella es Dios, el todopoderoso ser supremo? Para la ciencia moderna, tales declaraciones no son más que un auto-engaño. Los físicos han mirado hacia el espacio profundo a los confines del universo, han ido hacia atrás en el "tiempo profundo" hasta el principio de la creación, y penetrado en la "estructura profunda" de los constituyentes fundamentales de la materia. En cada caso, no han encontrado ninguna evidencia de Dios; ni ninguna necesidad de Dios. El universo parece funcionar perfectamente sin ninguna ayuda divina.

Pero cuando los místicos hablan de lo divino, no están hablando de un ser sobrenatural y supremo que gobierna el funcionamiento del universo; están hablando del mundo interior. Si queremos encontrar a Dios, tenemos que mirar en el ámbito de la "mente profunda" ― un ámbito que la ciencia aún tiene que explorar.

Cuando lo haga, se dará cuenta de que se ha embarcado hacia un rumbo que la llevará finalmente a abrazar el espíritu y ―nos atrevemos a decir― a Dios. Para la comunidad científica, basada en una visión del mundo material, esto es anatema. Pero también lo era la noción del sistema solar hace cuatro siglos.