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Lo Conocido y lo Desconocido

por Tony Parsons
Tony Parsons

La historia de Adán y Eva es una alegoría que describe la pérdida del "paraíso" por medio del surgimiento del conocimiento del yo. Por lo tanto, al parecer, está la totalidad (el paraíso), y dentro de esta ilimitada energía libre y sin causa, aparece algo que se experimenta a sí mismo como un ser separado de la totalidad (el paraíso).

Esta es una metáfora que apunta a lo que parece ser "la historia" de la consciencia del yo, de la que aparentemente ha nacido el conocimiento y la experiencia del libre albedrío, la elección, el tiempo y el espacio, el propósito y dirección.

Mientras "la historia" se desarrolla, así el yo aprende a conocer "el mundo exterior" e intenta negociar el mejor acuerdo posible para sí mismo — aparentemente actúa en busca del placer y evita el dolor. Cuanto mayor es el conocimiento más eficaz es la acción, el resultado y la aparente sensación de control personal... o al menos eso parece.

Todos estos esfuerzos traen resultados variables, y así el individuo llega a conocer estados fluctuantes de gratificación y decepción. Sin embargo, se puede notar que parece haber un sentimiento subyacente de insatisfacción que conduce al yo a buscar un significado más profundo.

Debido a que el aparente yo sólo puede existir a través de su propio conocimiento, la búsqueda de un significado más profundo se limitará a lo que puede conocer y experimentar por sí mismo. Dentro de estas limitaciones, hay una multitud de doctrinas, terapias, ideologías, enseñanzas espirituales y sistemas de creencias que el buscador puede llegar a conocer. También puede haber el conocimiento y el experimentar de estados de silencio, de quietud, de felicidad, de conciencia y desapego, todos los cuales parecen ir y venir como la noche y el día.

Todas estas enseñanzas, recomendaciones y prescripciones tratan de proporcionar al buscador respuestas para aquello que es incognoscible, y formas de encontrar aquello que nunca se ha perdido.

Así que el yo es el buscador separado que persigue todo lo que piensa que puede conocer y hacer, a excepción de su propia ausencia. Esa ausencia es el vacío que es incognoscible, pero, paradójicamente, es también la anhelada plenitud, la totalidad (el paraíso).

En caso de que el aparente buscador se encuentre con una percepción que revele en gran profundidad la naturaleza real de la separación y también ponga al descubierto, sin compromiso, la sublime futilidad de la búsqueda, puede haber un colapso del constructo del yo separado. Ese mensaje totalmente impersonal lleva consigo una energía ilimitada en la que se despliega la energía aparentemente contraída del yo. Puede surgir una resonancia que está más allá de la conciencia del yo —algo inefable puede ser detectado— una fragancia y una apertura a la maravilla de lo desconocido pueden emerger.

De repente, parece que hay un cambio y una realización impersonal de que esto ya es la totalidad. La ilimitada, desnuda, inocente, libre y maravillosa simplicidad del ser es ya todo lo que hay... es extraordinaria en su ordinariez y sin embargo no se puede describir.