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Libros - Rafael Redondo Barba

zen, la experiencia del ser

Zen, la experiencia del Ser

Detalles del libro:

Título: ZEN, LA EXPERIENCIA DEL SER
Autor: Rafael Redondo Barba
Nº de páginas: 236
Editorial: Desclée De Brouwer
Año de edición: Noviembre 2018
ISBN: 978-84-330-2241-7

Descripción:

La experiencia del Ser está más allá de todos los dogmas, de todos los rituales, de todas las religiones y sagradas escrituras, por muy sagradas que sean. El despertar no es monopolio de filosofía o creencia alguna; el despertar es anterior a budismos y cristianismos. El despertar no es algo que se nos da después de la muerte, sino que es una posibilidad que late en esta vida, aquí, ahora, en este momento, querido lector, en el que estás leyendo esta contraportada.

La experiencia del Ser, por ser universal, no puede colonizarla nadie, ningún maestro, ninguna escuela de meditación: está al alcance de todos, siendo la vivencia más próxima de toda proximidad; efectivamente, el Reino de Dios se halla dentro de uno mismo. Por tanto la verdadera religión es la Vida en todas sus manifestaciones, porque el Espíritu sopla donde quiere, es salvaje…

Rafael Redondo Barba

Rafael Redondo Barba (Bilbao, 1941) es autor de nueve libros y numerosos artículos científicos. Escritor, conferenciante y columnista de diversos periódicos, desarrolla su principal actividad en el País Vasco. Es pionero en implantar la meditación Zen dentro de un programa de Terapias Alternativas, dependiente del Servicio de Psiquiatría del Hospital Civil de Bilbao. En mayo de 2004 fue reconocido Maestro Zen por Willigis Jäger, en Sonnenhof (Alemania). Desde entonces, abandonada voluntariamente la docencia universitaria, su actividad se ha centrado en enseñar el camino del Zen.
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Extracto del Prefacio

En la más profunda arteria del ser humano late una nostalgia: en su inconsciente resuena aún la música callada de su origen olvidado; y la añora, aunque también la rechaza. Esa es su tragedia. Y esa es, también, la razón de que siempre se halle activo, buscando a tientas eso que intuye; eso que le atrae y que a la vez censura. Y así vive ―si a eso puede llamarse vida―, extravertido y de espaldas a su Verdadera Naturaleza.

A pesar de esa represión constante, y aunque, en su quehacer frenético, deambule como un ciego, en su interior palpita el deseo de unirse con aquello ―su realidad primera― que fue expoliado desde apenas nacer. Vive, expatriado desde su más primera infancia, a través de la deformación de una pedagogía instrumental en la que ha sido adiestrado más para competir que para compartir, más para capacitarse que para formarse. Más para tener que para ser. Y a eso le llaman normalidad.

Sin embargo, en medio de su sinsentido, allí, en lo más profundo del corazón de cada hombre y de cada mujer... sigue palpitando una Noticia. La experiencia nos dice que cuando los seres humanos, liberándose de las programaciones colectivas, des-aprendiendo lo aprendido, prestando más atención a su voz interior, no sólo pueden comenzar a encontrar sentido a su existencia, sino también tornarse más solidarios entre sí, gravitar de modo natural los unos hacia los otros y, sobre todo, despertar de su dormidera colectiva...

Todo en la Naturaleza busca el despertar a la Unidad. Y si el ser humano, empujado tanto por los patriotismos como por el narcisismo personal y colectivo, se obstina en no liberarse de esas programaciones mentales que saquean el fondo de su ser, acabará desapareciendo como tantas y tantas especies depredadoras desaparecieron antes que él del planeta Tierra.

Cuando las personas despiertan al Ser, caen en la cuenta de que ese montaje que llamamos EGO, tanto el personal como el colectivo, no pasa de ser una alienante estructura ilusoria. Formamos parte de todo el Universo; es más, el despertar consiste en apreciar cómo la inefable anatomía del Cosmos late dentro de nosotros mismos, también en constatar de qué manera todos los seres humanos somos capaces de trascender el cuerpo y la mente comprobando que todo es Uno. El permanecer dormidos a esa verdad es la causa de todos los conflictos mundiales.

Habitar la Tierra implica respirar la vida que en ella nos ha sido dada, para transformarla en aliento del Ser y expresarla en ese soplo; y ello, de tal modo, que a través del vaivén de la respiración, nuestra conciencia se vaya constelando en la profunda hondura de una nueva identidad. Se trata de respirar y expresar, el Ser que respiramos, que es el Ser que nos respira, porque el Ser es abrazo unificante, pura compasión, pura solidaridad, pura conciencia. Tan sólo los que pastan dormidos en una enajenante normalidad se cierran a semejante posibilidad.

Para caer en la cuenta de todo eso estamos en el mundo. Y captar "Eso" es Zen: escuchar la vida que nos vive, y este libro ha sido escrito a partir de esa escucha, como quien espera el cumplimiento de un acontecimiento, que en el fondo intuye... Porque todo ser humano, aunque no lo sepa, es, en el fondo, portador de una Noticia.

Abrirse a la experiencia del Ser es el cambio más decisivo que puede darse en la existencia, supone tanto un viraje crucial como el comienzo de una transformación. La persona que haya caído en la cuenta de lo que supone ser su verdadero ser comprenderá que toda la naturaleza, incluida la de su propia mente y de su propio cuerpo, se halla impregnada por el Ser que la envuelve. Estar despierto es captar que no sólo es uno quien toma conciencia de la Vida, sino que es la propia Vida la que toma conciencia de sí misma a través de la forma humana que le ha sido dada.

Sí, el Espíritu forma parte de nuestra propia urdimbre, él es la misma trama de nuestras células, el aliento de nuestro aliento que suspira en el tejido de nuestro profundo palpitar.

En Occidente, el Espíritu se ha hecho Za-Zen y a través del Za-Zen se ha hecho cuerpo. El Ser, desde la trama de su propia hondura, él mismo se ha hecho deseo, deseo de la altura, en la misma acción del inspirar.

Por todo eso, la intuición de ser acecha a todo buscador que huye de ese suicidio colectivo llamado sentido común y acaba constatando de qué manera el mismo buscador es capaz de convertirse en lo buscado, adoptando ―como señala un famoso koan Zen― el rostro que tú tenías antes de que tus padres nacieran.

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