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Libros - Vicente Simón

vivir con plena atención
de la aceptación a la presencia

Vivir con plena atención

Detalles del libro:

Título: VIVIR CON PLENA ATENCIÓN
Subtítulo: De la aceptación a la presencia
Autor: Vicente Simón
Nº de páginas: 148
Editorial: Desclée De Brouwer
Año de edición: 2011
ISBN: 978-84-330-2524-1

Descripción:

Vivir con plena atención trata de la vivencia del ser, más allá de cualquier adscripción a una escuela filosófica o a una tradición religiosa determinadas. Vivir la propia vida es una realidad de primera mano, única, intransferible. Y cuando se la mira de cara, atisbando su más profundo núcleo, lo que se nos manifiesta es la Conciencia misma, que siempre estuvo ahí y que nos tiene reservado el tesoro inagotable de una tranquilidad que permanece para siempre.

Se atestigua que es posible relacionarse de una manera distinta con la propia mente y que, si este empeño perdura, nos acaba revelando la magia de un paisaje imprevisible. No hace falta ir a ninguna parte, ni aguardar ningún acontecimiento venidero. La experiencia puede suceder aquí mismo y ahora, si acaso tenemos la valentía de afrontar la propia realidad tal como es, sin disfrazarla ni zafarnos de ella. El presente libro indaga en la estructura de la mente egoica (predominante entre nosotros) y en sus aspectos más problemáticos, que incluyen su reclusión en un universo conceptual, una ilusoria idea de la felicidad, el protagonismo desmesurado de la historia personal y la ilusión de separación en que vivimos. Pero tras alcanzar una visión cabal de la mente y de su relación con la realidad, se percibe que el mundo no resulta ni tan amenazador ni tan prometedor como lo habíamos imaginado. Se entrevé que la bondad y la belleza han estado desde siempre en el fondo del propio corazón y que una vez reveladas, van a ser reconocidas por doquier.

Prólogo

La vida está llena de sorpresas. Es como una carretera que se adentra en un bosque cerrado en el que no penetra la luz. De repente, al salir de una curva, se nos revela un horizonte seductor que no habíamos sospechado. Lo curioso es que, para acceder a esa vista que embelesa, ha sido necesario atravesar toda la oscuridad del bosque y pasar por un rosario de curvas que parecía no tener fin.

En mi vida, me encuentro en ese punto en el que, habiendo sobrepasado una curva pronunciada, el bosque se ha abierto de improviso y ha aparecido un horizonte de dimensiones insondables, cuya existencia no podía, ni remotamente, barruntar. Se trata de un espacio hondo, diáfano, saturado de la belleza del universo y en el que se respira el aire limpio de la libertad. Aún me encuentro ahí, a la vuelta de la curva, hechizado por el espectáculo y enfrascado en una contemplación que no creo que tenga fin.

Este pequeño libro es el resultado de esa primera impresión de asombro. Es un querer dar sentido (nada más humano ni más quimérico a la vez) al camino ya recorrido y al espacio descubierto aparecido contra todo pronóstico. Y, como todo libro, encierra el deseo de comunicar a los demás el tesoro encontrado, la existencia de la luminosa claridad y del corazón abierto a la libertad.

El descubrimiento mismo es la prueba palpable de que es la propia vida quien nos conduce a nuestro destino y no al revés. Creemos saber a dónde vamos, pero sólo arribamos allá donde nos corresponde. Lo que surge en la vida, a la vuelta del camino es, exactamente, aquello que tenía que surgir y manifestarse. Quizá sea la lección más importante que hayamos de aprender.

No tanto que la vida nos quiera contrariar, sino que no existe nadie a quien contrariar. Al encontrarse con lo maravilloso, el descubridor se da cuenta de que él nunca ha existido como tal. El espejismo de su individualidad se desbarata y sólo queda el misterioso prodigio de la totalidad en la que nos hallamos inmersos.

Pero es cierto que durante el trayecto, el caminante todavía cree en la existencia del viajero, del viaje y de la meta. Todavía cree que es necesario esforzarse para no salirse del camino ni extraviarse en las bifurcaciones sin letreros. Todavía desconoce que, dada la hechura de la realidad, resulta imposible desviarse de la ruta. Quizá todo el sentido de la propia travesía resida en descubrir algo aparentemente tan sencillo como eso. Que no es posible perder el rumbo ni apartarse un ápice del recorrido acertado, ya que el mundo de las apariencias obedece minuciosamente a los designios de lo que no admite parcialidad ni incertidumbre alguna.

Este libro, sin embargo, está escrito para acompañar al viajero que lucha con el camino zigzagueante y que se afana, a veces en exceso, por tomar bien las curvas y no perder el más mínimo detalle de los serpenteantes devaneos de la carretera. Está escrito, precisamente, para recordarle que, además de fijarse en el camino, esté atento al entorno que le rodea. Si sólo presta atención al firme de la vía y al trazado de las curvas, corre el serio peligro de perderse el paisaje insospechado que le espera al doblar cualquier recodo, esa visión que le hará olvidar los sinsabores del viaje y le permitirá descubrir la dimensión informal del infinito y, sobre todo, el secreto salvador de su propia (in)existencia. Si no lo descubre, permanecerá atrapado en el interior del espejismo y el viaje continuará hacia su destino, pero, al menos por esta vez, sin que se produzca el asombroso descubrimiento de que él, el viajero, era la Conciencia que todo lo contempla, el Ser mismo que, en su comprensible ingenuidad, el propio viajero imaginario andaba buscando.

El viajero, al inicio del camino, es un peregrino sin experiencia, un trotamundos principiante que no suele ser consciente de lo mucho que todavía le queda por descubrir. Conforme pasan los días y se van quemando etapas, atisba algunas cosas que ignoraba por completo y su ingenuidad comienza a desvanecerse. El acumulo de experiencias, sobre todo emocionales, hace que su estado de conciencia se modifique. Pero esta maduración no es un proceso automático ni inevitable. Hay quien opone resistencia a toda evolución o cambio significativo y permanece relativamente anclado en los estadios iniciales, al menos en el aspecto del desarrollo de su conciencia. El resultado es que, en el camino, vamos a encontrarnos con personas que muestran niveles muy dispares de maduración. En este libro he procurado que mi mensaje pueda cubrir un abanico lo más amplio posible de situaciones evolutivas, desde las más avanzadas hasta las más embrionarias. Pero, sin duda, ésta es una tarea difícil, si no imposible, y sólo la experiencia me dirá hasta qué punto he logrado alcanzar mi propósito. Quiero, sin embargo, que el lector o lectora adviertan que algunas páginas les resultarán muy asequibles, mientras que tropezarán con más trabas para sintonizar con otras. Recuerden que las dificultades experimentadas en estas últimas son señal de que se han adentrado en un terreno demasiado intrincado para ellos, al menos de momento. Es muy posible que algún tiempo más adelante puedan recorrerlas con suma ligereza. El sentido del libro es precisamente ése, el de acelerar en lo posible el avance de una evolución que es, de todas maneras, un proceso con inercia propia.

Y esa pretendida aceleración del desarrollo personal tiene un sentido que va mucho más allá de toda consideración intelectual. Se trata, sobre todo, de facilitar el alivio del sufrimiento, ya que éste se disipa cuando es comprendido en toda su profundidad. Deseo pues, a todos los que me acompañen en este libro viajero, que su lectura les suponga un impulso y una ayuda para que aflore, en ellas y ellos, la comprensión liberadora.

Selección de textos:

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