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Libros - Deepak Chopra

Las siete leyes espirituales del éxito
Una guía práctica para la realización de sus sueños

Las siete leyes espirituales del éxito

Descripción:

Basado en las leyes naturales que gobiernan la creación, este libro destruye el mito de que el éxito es producto del trabajo duro, de unos planes precisos o de una ambición sin límites.

Deepak Chopra nos ofrece la alternativa desde una perspectiva diferente: el conocimiento y aprendizaje de vivir en armonía con las leyes naturales traerá a nuestras vidas un caudal fluido de felicidad y abundancia.

Las siete leyes espirituales del éxito es una obra que usted apreciará constantemente, ya que entre sus páginas podrá encontrar las claves que le permitirán obtener el éxito en todos los aspectos de su vida.

Un libro de éxito que ha batido récords de ventas por los millones de lectores en todo el mundo que se han inspirado en su sencillez y sabiduría.

Deepak Chopra

DEEPAK CHOPRA es una autoridad mundial en el ámbito de la medicina mente-cuerpo.
Es autor de éxito de numerosos libros, entre los que destacan Curación Cuántica y Creating Afluence, traducidos a más de 25 idiomas. En sus obras conjuga física y filosofía, lo práctico y lo espiritual, la sabiduría oriental y la ciencia occidental.
Actualmente es director del Instituto de Medicina Cuerpo-Mente y Potencial Humano en Sharp Health Care, en San Diego, California.

Más información

Detalles del libro:
Título: LAS SIETE LEYES ESPIRITUALES DEL ÉXITO
Subtítulo: Una guía práctica para la realización de sus sueños
Título Original: The seven spiritual laws of success
Autor: Deepak Chopra
Traducción de: Alejandro Pareja
Editorial: Edaf
Año de edición: Febrero 2021
Nº de páginas: 128
Encuadernación: Cartoné
Formato: 13 x 18,5
ISBN: 978-8441400153

De la Introducción

Aunque este libro se titula Las siete Leyes espirituales del éxito, también podría llevar el título de Las siete Leyes espirituales de la vida, pues éstos son los mismos principios que aplica la naturaleza para crear todo lo que tiene existencia material, todo lo que podemos ver, oír, oler, gustar o tocar.

... Podríamos definir el éxito en la vida como la expansión continuada de la felicidad y la realización progresiva de objetivos que merecen la pena. El éxito es la capacidad de satisfacer nuestros deseos con facilidad y sin esfuerzo. Pero, a pesar de todo esto, siempre se ha considerado que el éxito, dentro del cual se incluye la creación de riqueza, es un proceso que exige trabajar duramente, y se suele considerar que se consigue a costa de los demás. Debemos alcanzar un planteamiento más espiritual del éxito y de la abundancia, que es el flujo que nos llega de todas las cosas buenas. Con el conocimiento y con la práctica de la Ley espiritual, nos ponemos a nosotros mismos en armonía con la naturaleza, y creamos, libres de preocupaciones, con alegría y con amor.

El éxito tiene muchas facetas; la riqueza material no es más que una de ellas. Además, el éxito es un viaje y no un destino. Se da la circunstancia de que la abundancia material, en todas sus manifestaciones, es una de las cosas que hacen que el viaje sea más agradable. Pero dentro del éxito también se incluyen la buena salud, la energía y el entusiasmo por la vida, las relaciones personales que nos llenan, la libertad creativa, la estabilidad emocional y psicológica, la sensación de bienestar y la tranquilidad de espíritu.

Aun viviendo todas estas cosas, seguiremos sin realizarnos mientras no cultivemos las simientes de divinidad que están dentro de nosotros. En realidad, somos seres divinos disfrazados, y los dioses y diosas que están dentro de nosotros en estado embrionario aspiran a materializarse plenamente. El éxito verdadero es, por lo tanto, la experiencia de lo milagroso. Es el despliegue de lo divino que tenemos dentro. Es percibir lo divino dondequiera que vayamos, en cualquier cosa que percibamos: en los ojos de un niño, en la belleza de una flor, en el vuelo de un ave. Cuando empecemos a vivir nuestra vida como expresión milagrosa de lo divino ―y no en determinadas ocasiones, sino constantemente―, entonces conoceremos el significado verdadero del éxito.

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Antes de definir las siete Leyes espirituales debemos comprender el concepto de Ley. La Ley es el proceso a través del cual se manifiesta lo que no es manifiesto; es el proceso por el cual el observador se convierte en lo observado; es el proceso por el cual el espectador se convierte en el paisaje; es el proceso a través del cual el soñador manifiesta el sueño.

Toda la creación, todo lo que existe en el mundo físico, es el resultado de la transformación de lo no manifiesto en manifiesto. Todo lo que contemplamos procede de lo desconocido. Nuestro cuerpo físico, el universo físico, todo, cualquier cosa que podamos percibir a través de nuestros sentidos, es la transformación de lo no manifiesto, de lo desconocido e invisible, en manifiesto, conocido y visible.

El universo físico no es otra cosa que el Yo que gira sobre Sí mismo para conocerse a Sí mismo en forma de espíritu, mente y materia física. En otras palabras, todos los procesos de creación son procesos a través de los cuales se expresa a Sí mismo el Yo o lo divino. La conciencia en movimiento se expresa a sí misma bajo la forma de los objetos del universo en la danza eterna de la vida.

La fuente de toda la creación es lo divino (o espíritu); el proceso de creación es lo divino en movimiento (o mente); y el objeto de la creación es el universo físico (del que forma parte el cuerpo físico). Estos tres componentes de la realidad —el espíritu, la mente y el cuerpo, o el observador, el proceso de observar y lo observado— son en esencia una misma cosa. Todos proceden de un mismo lugar: del campo de potencialidad pura, que es puramente no manifiesto.

Las Leyes físicas del universo son en realidad todo este proceso de lo divino en movimiento, o de la conciencia en movimiento. Cuando comprendemos estas Leyes y las aplicamos en nuestras vidas, podemos crear cualquier cosa que deseemos, pues las mismas Leyes que aplica la naturaleza para crear un bosque o una galaxia o una estrella o un cuerpo humano pueden producir también la realización de nuestros deseos más profundos.