Libros - Pepe Martos
El último Hierofante
Rishi es un buscador que anhela conocer la Verdad más allá de toda creencia.
Su peregrinaje lo conduce a las altas cumbres de un paraje inhóspito, donde el encuentro con un Sabio —el último Hierofante— le revela que el sendero no lleva a descubrimiento alguno, sino a la cesación de toda búsqueda.
El Último Hierofante es una alegoría del despertar: una historia sobre el Silencio, la Verdad y la disolución del Yo.
Un viaje iniciático hacia la Esencia del Ser, donde todo termina… y Aquello que siempre ha sido, Permanece.
Pepe Martos
Pepe Martos (Lucena, España, 1967) es escritor y comunicador centrado en la no-dualidad y la autoindagación. Ejerció como funcionario de carrera en la Administración Pública, experiencia que coincidió con el inicio de una búsqueda interior profunda. En el curso de su indagación entra en contacto con la enseñanza de Sri Nisargadatta Maharaj, orientación que le conduce al abandono de la búsqueda como método y al reconocimiento directo de la no-separación.
Es autor de Isha, la ilusión del Yo (2021), A través del espejo (2025) y esta obra: El último Hierofante (2026), donde la narración se convierte en espejo y silencio.
Actualmente realiza ponencias, encuentros y contenidos divulgativos en distintos formatos y plataformas digitales. / Más info
Detalles del libro:
- Título: El último Hierofante
- Autor: Pepe Martos
- Editorial: Pepe Martos Moya
- Año de edición: Febrero 2026
- Disponible también en: Versión Kindle
Extractos
La Nada
«La existencia solo se reduce a una presencia conocedora de sí»
Rishi advirtió que algunas personas más se habían sumado a la congregación que, en forma de media luna, circundaba al Gurú, el cual reposaba bajo el espeso follaje del árbol arcano, y cuyo mutismo parecía absorber incluso la brisa.
Aquellos mortales, venidos de remotos linajes y extrañas naciones, aguardaban con semblante solemne: unos con la mirada fija en el Místico, otros con los ojos cerrados, entregados a la espera de escuchar el mensaje del Sabio.
El murmullo de las hojas se fue apagando, y un silencio expectante cubrió el claro. Entonces, el Hierofante habló:
―Habéis emergido de la Nada, y os desvaneceréis en la Nada...
¡Nada vino, y nada se irá...
Sois como una isla en mitad de un infinito océano cósmico... tan diminuta expresión e inmensa vaciedad, que lo manifiesto naufraga en su propia insignificancia, a pesar de creerse el centro del universo.
De la Consciencia prístina, sin conocimiento de sí, devino la percepción de un observador autoconsciente. Este es el sujeto, sin el cual no hay objeto. Este es el adorador consciente, sin el que no hay deidad a la que adorar; por tanto, al desaparecer el Yo, no queda un Tú: se desvanece el prójimo y lo ajeno.
Es por ello que la existencia solo se reduce a una presencia conocedora de sí.
Pero todo retorna a su origen. Lo construido será destruido; lo edificado, derruido; lo recordado, olvidado.
Observad qué ocurre cuando acaece la enfermedad, cuando sobreviene el colapso, cuando parece que todo está perdido y no hay nada que hacer. De forma natural, entras en un proceso de recogimiento. Te estableces en un Yo soy sin esto ni aquello. Se detiene el criterio, se paraliza el juicio, cesa la dispersión. Es una manera que tiene el organismo de mitigar el sufrimiento, un bloqueo que conduce a un estado de no conflicto mental. Básicamente, eres y estás, sin más. No puede ser provocado.
No es una cuestión de voluntad, sino de rendición incondicional, espontánea, que no es posible eludir.
Así se inicia la cesación..., la desaparición..., la extinción... Sin resistencia..., sin entrega..., en una progresiva ausencia de sí.
Y lo que un día emerge, vuelve a desvanecerse... en la Nada.
Todo está en ti
«Eres la Sustancia que se contempla desde infinidad de rostros;
en ti se revelan el buscador y lo hallado, la simiente
y el fruto, el preludio y el final:
toda una sinfonía de apariencias»
―¿Qué es la mente? ―susurró Gloria, como un soplo que transportara las incógnitas del misterio.
―El aura donde se engendran los sueños ―respondió el Hierofante―. El principio fundamental, la raíz invisible de toda forma, el espejo en el que la Nada se reconoce a sí misma. El manantial del cual brota el caudal de quimeras que te ha traído hasta mí
Todo cuanto existe se entreteje en esa trama de consciencia: el miedo y el valor, el triunfo y el fracaso, los demonios y las deidades.
Eres la Sustancia que se contempla desde infinidad de rostros; en ti se revelan el buscador y lo hallado, la simiente y el fruto, el preludio y el final: toda una sinfonía de apariencias.
Pero cuando el fragor amaina y la mudez alborea, al igual que un sereno amanecer, permanece la Esencia donde solo habita la calma.
Todo está en ti, Gloria. Trascenderás los pretextos del pensamiento para establecerte en ese Silencio del cual procedes.
―En la presencia de la Aseidad permanezco ―afirmó la mujer.
El Maestro, con un gesto de apertura y ofrecimiento, inclinó el torso hacia ella y añadió:
―Déjate mecer por la serenidad: esa naturaleza pura del Ser mismo, anterior a todo criterio, privada de dualidad, donde el sujeto y el objeto se funden al igual que el horizonte en un vasto océano al atardecer.
Ahí nada perturba, y alcanzas a contemplar, impávida, en la distancia, el huracán de las emociones como el espectáculo de una silenciosa tempestad.
Y en ese instante, el Silencio se hizo consciente de sí mismo.
