Libros - Plotino
El alma de la filosofía
La belleza de cultivar la vida interior
Una obra que nos recuerda que más allá de lo material existen dimensiones de la vida que nos invitan a trascender y buscar sentido en la profundidad y la conexión.
En un mundo marcado por la velocidad y la eficiencia, la idea de Plotino de la contemplación como la forma más elevada de existencia podría ser incluso revolucionaria. Su énfasis en el gozo estético y en la experiencia directa de la belleza como camino hacia lo divino nos inspira a hacer una reevaluación de cómo vivimos y qué valoramos.
El neoplatonismo, liderado por figuras como Plotino, reinterpretó a Platón orientando la filosofía hacia la salvación del alma. Gracias al análisis de Ricardo Piñero, esta obra no solo nos aproxima a los grandes maestros del neoplatonismo, sino que también sitúa su pensamiento en el contexto de su época.
Esta obra incluye también la Vida de Plotino por Porfirio, en una actualizada traducción de Gregorio Luri, donde, a través de anécdotas y reflexiones, descubrimos una existencia marcada por la búsqueda de la verdad y el desapego de lo material.
Un relato fascinante para todos aquellos interesados en la espiritualidad, pero también para quienes buscan explorar los misterios de la vida y del ser humano.
Plotino (204-270 d.C.)
Fue un filósofo griego nacido en Egipto, considerado el máximo representante del neoplatonismo. Sus enseñanzas, recopiladas por su discípulo Porfirio en las Enéadas, influyeron en la filosofía cristiana, islámica y medieval. Su pensamiento combina elementos de Platón, Aristóteles y tradiciones místicas. / Más info
Ricardo Piñero Moral
Catedrático de Estética y Teoría de las Artes en le Universidad de Navarra. Ha sido profesor invitado en numerosas universidades internacionales y es miembro del consejo editorial de diversas revistas científicas y académico del Center of Medical Culture Studies de la Universidad de San Petersburgo.
Detalles del libro:
- Título: EL ALMA DE LA FILOSOFÍA
- Subtítulo: La belleza de cultivar la vida interior
- Autor: Plotino
- Edición de: Ricardo Piñero
- Editorial: Rosamerón
- Año de edición: Marzo 2025
- Nº de páginas: 176
- Encuadernación: Rústica con solapas
- Formato: 14 x 21
- ISBN: 978-8412980066

- Disponible también: Versión Kindle
Sobre esta edición
Existen momentos en la historia en los que parece imposible escapar a un desenlace dictado por los dioses, el destino o, si se prefiere un punto de vista materialista, las condiciones socioeconómicas y políticas.
Durante el siglo II de nuestra era comenzó a popularizarse en el mundo grecolatino una tendencia que poco a poco fue adoptada por casi todas las escuelas filosóficas. Esa tendencia puede ser definida como mística, espiritual o salvífica, pues competía con las religiones en el intento de seducir a quienes buscaban, cada vez con más entusiasmo e incluso desesperación, algún tipo de revelación que les permitiera soportar las desgracias de este mundo. Estoicos como Epicteto o el emperador Marco Aurelio invocan al logos, a la Razón Universal o a la Naturaleza de una manera casi indistinguible de las religiones que proclaman un Dios personal, como el cristianismo, el mitraísmo o el judaísmo.
En los siglos III y IV cada vez se hace más difícil distinguir entre religión y filosofía. Los cristianos mencionan el Logos creador, mientras que los gnósticos, los maniqueos, los neoplatónicos y los herméticos se refieren a las Almas del Mundo, divinidades que se desdoblaban en una sucesión de hipóstasis, o al os opuestos del bien y el mal enfrentados en una lucha cósmica para apoderarse del alma de los creyentes. No es extraño que el más influyente santo de la Iglesia, Agustín de Hipona, fuese maniqueo antes que cristiano y que en sus Confesiones admitiera que también encontró ciertas «revelaciones» en los neoplatónicos, hasta el punto de que durante mucho tiempo no vio diferencias significativas entre ellos y el cristianismo. (Confesiones, VII, 9)
Las escuelas de filosofía, en fin, ya no buscan discípulos a los que convencer o con los que discutir, sino, del mismo modo que las sectas religiosas, devotos. La revelación o la catarsis filosófica conducen ahora a algo casi indistinguible de la conversión, por lo que las vidas de los filósofos ya no se parecen a las que escribió Diógenes Laercio, sino a las Vidas de Santos o hagiografías que escriben sus rivales cristianos. La filosofía busca el alma y el alma busca regresar al origen, al Uno, a Dios o la Razón universal a través de la filosofía.
En la Vida de Plotino conviven dos de los protagonistas de esta inmersión de la filosofía en el terreno salvífico, en esta búsqueda de la trascendencia. Un maestro y un discípulo, los dos igual de fascinantes, los dos atravesados al mismo tiempo por la razón y la mística: Plotino, el maestro, y Porfirio, el discípulo. A ambos se los considera neoplatónicos, aunque el término fue inventado en el siglo XVI. La biografía que escribe Porfirio de su maestro coincide con ese espíritu de época, cosmovisión, paradigma cultural, moda o como queramos llamarlo, y es por ello que, al recordarlo, Porfirio nos habla de sus ideas y su filosofía, pero también de sus milagros, como cuando sufrió dos o tres revelaciones, que, como señala Ricardo Piñero, nos recuerdan inevitablemente a historias del budismo. También nos cuenta Porfirio que su maestro se dio cuenta de algún modo misterioso de que tenía la intención de suicidarse y que lo salvó enviándolo a Sicilia.
Plotino y los neoplatónicos recuperaron o reinterpretaron al Platón más místico, el del Timeo y el de aquella legendaria lección que impartió acerca del Bien que llenó de estupefacción y aburrió a casi todos sus discípulos, entre ellos a Aristóteles, pero que tal vez fascinó a Espeusipo y Jenócrates, los dos primeros escolarcas de la Academia tras la muerte de Platón. Estos fueron quienes difundieron aquel platonismo en el que se mezclaban la teología, las matemáticas y la distinción entre el alma y la materia. Hacia ellos y hacia esa interpretación mística y simbólica de Platón miraron los neoplatónicos, dejando de lado, como si hubiera sido una pesadilla en el camino hacia la verdad, el escepticismo que fue el sello distintivo de la Academia durante ciento cincuenta años.
El plotinismo y el neoplatonismo son difíciles de entender y precisan de explicaciones previas, como las que aquí nos ofrece Ricardo Piñero. Durante mucho tiempo fue menospreciado y considerado un signo de la decadencia filosófica, pero en las últimas décadas ha sido reivindicado e incluso algunos de sus complejos conceptos, que parecen a primera vista tan poco aplicables a ese mundo material que apenas parece interesar a los propios neoplatónicos, han sido reivindicados en terrenos como la física cuántica o la neurociencia.
Pero es en otro lugar donde tenemos que buscar la actualidad y pertinencia del neoplatonismo o del plotinismo: en el mundo de lo espiritual, en los anhelos de trascendencia, en la búsqueda emocional de un significado y de un sentido de la vida.
Gracias a Porfirio y esta hermosa narración conocemos muchos detalles de la vida de Plotino, y también gracias a él podemos leer las Enéadas, pues fue Porfirio quien las recopiló y ordenó a la muerte de su maestro. El esfuerzo divulgador de Porfirio nos recuerda inevitablemente a Flavio Arriano, que intentó transmitir fielmente el pensamiento de su maestro Epicteto en el Manual y las Diatribas, aunque, por desgracia, la Vida de Epicteto que escribió no se ha conservado. También la relación íntima, intensa y comprometida del maestro y los discípulos emparentan al sabio estoico y al neoplatónico.
En cuanto a la vida de Porfirio, conocemos poco, apenas lo que él mismo nos cuenta en su Vida de Plotino. Sabemos que había sido discípulo de Longino en Atenas antes de unirse a Plotino en Roma. Parece claro que tuvo alguna divergencia importante con su maestro y que él tampoco se privó de algún milagro, como cuando en Cartago una perdiz le habló con voz humana. Fue, en fin, maestro de Jámblico, con el que los neoplatónicos se deslizaron hacia la magia y la teurgia.
Pero quizá lo más importante es que Porfirio logró la proeza de conducir de nuevo al redil platónico a Aristóteles, el discípulo hereje de la Academia, aunque es dudoso que el resultado fuera coherente y respetuoso con las muchas diferencias que el propio Aristóteles señaló de manera explícita entre su pensamiento y el de Platón.
Porfirio también fue célebre por sus escritos contra los cristianos, esos rivales que acabarían siendo responsables del cierre definitivo de la Academia platónica (y finalmente neoplatónica), que también combinaban religión y filosofía y que lo hacían, nueva coincidencia, recurriendo a Platón, y más tarde a Aristóteles. Parece que los argumentos de Porfirio fueron convincentes e inquietantes, porque se empleó en su refutación el esfuerzo combinado de más de treinta teólogos y apologistas cristianos.
Por último, merece la pena destacar que, junto a Pitágoras y Plutarco, Porfirio ha pasado a la historia como el más famoso vegetariano de la Antigüedad, pues escribió elocuentes páginas contra lo que consideraba el asesinato de los animales.
Disfrutemos, pues, de esta biografía tan vivaz escrita por Porfirio, que se completa con la selección de textos de Plotino Sobre la belleza y Sobre el amor y un breve texto en el que Gregorio Luri se pregunta si Moderato de Cádiz, un filósofo poco conocido, pudo ser un inesperado precursor de Plotino, y entender un poco mejor esta filosofía suya, que no se limita a examinar la realidad, sino que lo hace con la intención de que la búsqueda de la verdad nos conduzca de algún modo a una vida mejor y a una revelación espiritual, que permita al alma, gracias a la filosofía, regresar al origen y compartir con el cosmos lo que tiene de divino.