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Colaboraciones - Aitzol Zunzunegi Etxeberria

Sanación Cósmica

por Aitzol Zunzunegi Etxeberria
Aitzol

La liberación es una de las metas de todo iniciado en la espiritualidad.

Dicho anhelo de liberación de las ataduras, consecuencia del oscurecimiento al que nos aboca el ego (dueño y señor de nuestro destino), acaba convirtiéndose en una meta primordial.

Junto a la iluminación, son dos de las finalidades principales de aquellos iniciados en la espiritualidad.

Por lo tanto, liberación e iluminación habrán de ir acompañadas de un proceso de sanación del ego y sus persistentes exigencias, por un lado, y sanación del oscurecimiento, por otro.

Esta sanación habrá de ir acompañada de dos comprensiones fundamentales: la unidad de todo lo real, para salir de las sombras (que no del asombro), y la ausencia del "hacedor" en las acciones.

Pasar del hacer al Ser y asumir que la dualidad es forma aparente y no transcendente; reconociendo, o bien que todo es Uno, o bien que no hay dos (sin negar la dualidad), es la mejor forma de afrontar dicha sanación.

No asumir la realidad del Universo, como verso del Uno o las acciones como manifestaciones del Ser, que es idéntico al Absoluto, que bien podemos identificar con el Uno, llámesele a este como se le llame, es un error, en el cual, caemos con frecuencia.

Pero dicho sea de paso, que la sanación, que no curación, de tales males es un objetivo que está a nuestro alcance.

Nadie recuerda con exactitud cuando aconteció nuestra conversión en un ego separado. Un buen día caímos en el olvido del Ser (que en esencia es idéntico al Absoluto), para ir adquiriendo posesiones; bien sean materiales o inmateriales. Y nos desconectamos de lo esencial, aquello que nos mantenía en comunión con el todo y, en consecuencia, con lo divino.

Pero tal y como caímos, también nos levantamos.

La sanación cósmica acontece cuando elevamos el espíritu y abrazamos aquella energía que fluye en la Naturaleza, cuando nos desembarazamos de nuestras ataduras o cuando nos liberamos de un peso que a menudo nos hace hincar la rodilla.

Sentir que estamos conectados con la fuente que emana en la Naturaleza, que la separación sujeto y objeto es una irrealidad, en ese abrazo y amor que podemos llegar a experimentar en una súbita experiencia mística, es otra forma de experimentar dicha sanación.

Y en ese despertar de lo divino en lo mundano, nos hicimos Uno con el todo.

Pasar de la embriaguez dionisíaca a la elevación apolínea, donde la lucidez se hace presente, nos aboca a la sanación cósmica.

Difícilmente, podremos experimentar el influjo de las musas o la conexión con la fuente, en el estado de separación. Por lo tanto, la sanación pasa por la asunción del “Yo soy”.

Y como iniciamos nuestro proceso de individuación, también un día lo concluimos. Y en ese abrazo a la totalidad, nos descubrimos, ya no como individuos aislados, sino como integrantes de un cosmos del cual somos partícipes.

De hecho, ¿qué es experimentar que todo es Uno? ¿reconocer la interconexión e interdependencia de las cosas? ¿Y asumir que no somos entidades? ¿acaso algún día dejamos de SER?