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Colaboraciones - Antonio Plana

Ramakant Maharaj ― Obituario

por Antonio Plana
Ramakant Maharaj
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El pasado 31 de agosto falleció Ramakant Maharaj. Nacido en 1941 como Ramakant Sawant, en 1961 era un pobre chico que caminaba diez kilómetros diarios para ganar una rupia, cuando alguien de su familia le llevó a ver a Nisargadatta Maharaj. Después de pocos meses Nisargadatta le dio el mantra del linaje Inchegiri Navnath Sampradaya (en realidad sampradaya significa escuela y el linaje de maestros es el parampara, simplificando). Desde entonces estuvo siempre muy cerca de su gurú, que cuidó del joven Sawant y se ocupó de que tuviese estudios, arreglándoselas para que fuese al Elphinstone College de Bombay. Cuando Ramakant terminó sus estudios en la universidad, Nisargadatta se ocupó de que tuviese trabajo, al final se convirtió en abogado de un gran banco y con el tiempo llegó a ser el jefe de los servicios jurídicos del banco en toda India.

En 1981 murió Nisargadatta, algunos de sus discípulos estaban preparados para asumir el rol de gurú en su lugar, pero el hombre más realizado era Ranjit Maharaj, cuyo maestro había sido el mismo que el de Nisargadatta: Sri Siddharameshwar Maharaj. Ramakant continuó al lado de Ranjit, si bien su gurú siempre sería Nisargadatta. Su relación era muy próxima, y lo fue durante casi veinte años. Hay fotografías de Ramakant hablando junto a Ranjit, traduciéndole, y había enviado a muchos buscadores a conocer a Ranjit. Muchas veces, oyendo hablar a Ramakant Maharaj, he oído a Ranjit.

Ranjit Maharaj murió en el 2000. Pocos años después, sobre 2005, los devotos de India comenzaron a pedir a Ramakant Maharaj que les diese el mantra, que iniciase a los devotos y se convirtiese en gurú. Desde entonces vivió en Nashik, a doscientos kilómetros de Bombay, junto al llamado Ranjit Ashram. El ashram de Nashik es un lugar precioso, en el que hay una magnífica sala con fotografías de gran tamaño de los maestros del sampradaya, así como parte de las cenizas de la incineración de Nisargadatta y de Ranjit. A partir de ese momento el número de devotos comenzó a crecer, y poco después llegaron los occidentales.

Su forma de enseñar ha sido llamada "martillear", transmitiendo una y otra vez las mismas palabras e ideas al hilo de las preguntas que hacían los visitantes del ashram, del mismo modo que sucedió antes con Nisargadatta y Ranjit. Al principio crees que has entendido su mensaje sólo porque lo has comprendido intelectualmente, después te das cuenta de que en realidad no has entendido nada.

En lugar de perder al discípulo, o llámesele como se quiera, en laberintos de hacer prácticas o grandes exposiciones conceptuales, Maharaj iba directo a la esencia de las enseñanzas, e insistía en que fueses tu propio maestro una vez que habías recibido el mantra y habías oído esa esencia de lo que estabas buscando, no dependiendo de éste o de aquél maestro, sino buscando por ti mismo dentro de ti mismo, no leyendo uno u otro libro, sino yendo al grano, que es lo que hace posible la realización final.

Llegar a Ramakant Maharaj era la última estación, la última parada, el destino final. Esto no es arrogancia ni siquiera por haberlo vivido directamente. Son palabras que he oído repetir una y otra vez a personas que fueron a conocerle. ¿Por qué? Porque te enfrentaba a la nada, al vacío, al cero como decía Ranjit. El estudio árido y la discusión espiritual como entretenimiento no tenían cabida con él, y no es que lo impidiese o se molestase, sino que por sí solas perdían sentido para el buscador. Por la misma razón tampoco tenían cabida los devotos profesionales, los que esperaban que fuese el gurú el que les lleve al final del camino, cuando en realidad el maestro sólo puede señalarlo. Sus palabras eran para mí diferentes de lo que estamos acostumbrados a escuchar, diferentes de seguir a un maestro permanentemente, diferentes de la religión de libro, de perderse en infinitas enseñanzas que conducen a ninguna parte dejándonos exhaustos.

Hay maestros occidentales, o autodenominados maestros o tal vez tomados como tales por otros, que buscan diluir el encuentro gurú-discípulo creyendo así que serán más libres para tener nuevos maestros cerca de casa sin tener que ir a oriente o a cualquier sitio lejos, al tiempo que otros que no han seguido a nadie encuentran "trabajo" como maestros. Es difícil de explicar, pero cuando encuentras a un gurú de la talla de Ramakant, que estuvo diecinueve años con Nisargadatta y otros tantos con Ranjit, te das cuenta de que la autenticidad y sobre todo la madurez espiritual vienen de su mano. Ir a India a ver a Maharaj no era un esnobismo, era todo un viaje iniciático, una preparación para encontrar a un hombre extremadamente sencillo que te hacía madurar interiormente y llegar más allá de cualquier concepto acuñado por la llamada "espiritualidad", más allá de cualquier idea preconcebida. A cambio no te pedía nada, ni dinero ni nada. No había forma de seducir a Maharaj ni con elogios, ni con gratitud, ni con flores, ni con actitudes supuestamente devocionales, ni estando mucho tiempo con él. No dejaba lugar a los juegos infantiles con los que nos acercábamos por primera vez a él, el parvulario espiritual se había acabado.

A principios de 2018 pasé un mes con él. Me "premiaba" con largas conversaciones. Un día le enseñé una fotografía de unos perritos callejeros a los que estaba cuidando, se paró en seco, me miró fijamente y me dijo: "eso es ego". Hubo otros acontecimientos similares años atrás. Esa es la diferencia con tener un maestro vivo. No hay forma de jugar ni fantasear con él. Cuando te dice algo que no te gusta, no es nada fácil de digerir. No te deja escapatorias.

En 2016 Maharaj enfermó y la enfermedad ya no le dejaría. Lentamente su salud empeoró aunque tuvo cortos períodos en una condición casi normal. En Junio de 2018 estaba muy débil, y su debilidad era evidente por momentos. El 20 de agosto fue llevado al hospital en ambulancia. El día 31 a las once y veintitrés de la mañana alcanzaba el mahasamadhi, fallecía. Fue incinerado el mismo día en el crematorio de Banganga, donde se encuentra el monumento funerario de Siddharameshwar Maharaj y Ranjit Maharaj. Como solía decir: "Tú no eres el cuerpo, ni lo has sido ni lo serás".

Antonio Plana
10 de septiembre de 2018