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Colaboraciones - Bárbara Orrego / Natalia Araya

Meditación: Observador activo - Observador pasivo

por Bárbara Orrego Maturana y Natalia Araya García
Meditación

1- Observador Activo: Avanzando a través de la mente conceptual.

Flujo de conciencia: Orientado completamente al objeto.

El Observador Activo puede llamarse a la situación meditativa donde la persona es capaz de ser consciente de los objetos (también llamado “objeto de meditación”). En otras palabras, la actividad del observador deviene por el acto de poner atención sobre el objeto meditativo, que se proyecta a través del flujo de conciencia o atención sostenida. En esta práctica las acciones, emociones y pensamientos dejan de ser actos automáticos y/o reactivos, e incluso realidades inconscientes como experiencias dolorosas y traumáticas pueden llegar a ser conscientes para devenir en acto de sanación.

Esta atención, como contemplación consciente de los procesos mentales-corporales, puede realizarse por medio de diferentes técnicas como atención plena en el día a día, el poder del Ahora (1), meditación Samatha-Vipassana, Mindfulness, yoga, etc. Pero, según la experiencia, sea cual fuese el método de atención, parece que finalmente lo observado queda reducido a un conocer desde el pensamiento, en términos conceptuales, cuyo motor principal es el lenguaje. Es así que los conceptos nos permiten conocer, encausar el flujo de la atención en un objeto. Nos experimentamos a nosotros mismos a través de esta mente conceptual, por tanto es una acción de observación que aun alberga dualidad y sentido de individualidad.

Según se avanza en la meditación, y que es lo más interesante de este proceso, esta atención sobre el objeto, posicionada en última instancia como un acto pensante, posibilita la “separación”. En parámetros normales de percepción, la primera separeidad que experimentamos es la de ser una entidad diferente al mundo externo (no somos aquello que vemos fuera). Luego, al ingresar en el camino interior el observador de todos los procesos, pensamiento, emociones, corporalidad, comienza también a separarse de lo observado. Esto ocurre a medida que va profundizándose el análisis sobre la acción misma de la experiencia meditativa, como los procesos mentales, sus vinculaciones, el pensamiento sobre el pensamiento, etc. Ya no es solamente mantener la atención sobre el objeto, sino reflexionar sobre los procesos que ahí se suceden, deviniéndose finalmente en un vacío mental. Comienza a mirar desinteresadamente todo aquello que sucede bajo su atención. Surge una sensación de extrañamiento con respecto a los procesos mentales mencionados. Un extrañamiento que acepta y respeta todo y cada uno de estos procesos mentales que aparecen como burdos (pensamiento, emociones, corporalidad excedida, narración sobre la meditación). Los primeros atisbos de la futura ecuanimidad. Aparece el observador templado y desprendido. La pregunta que surge es: ¿Se puedes ser aquello que se observa? ¿Si eres aquello que observas, cómo puedes observarlo? Entonces ya no eres ese que piensa, que siente, que dirige el flujo de atención. ¿Quién se es entonces? Esa respuesta no tiene nombre, no tiene forma, es solo vivencial y el proceso meditativo mismo como deconstrucción te lleva a esa comprensión.

2. Observador Pasivo: Avanzado a través de la mente no-conceptual.

Flujo de conciencia: orientado completamente al existir como acto presencial.

Con una mayor profundidad, entendimiento y ejercicio meditativo comienza a aparecer una situación mental de carácter más pasivo (ya no hay un objeto sobre el cual se posa la atención). Según diferentes corrientes también ha sido llamada como Inteligencia pura, el Ser, la no mente, la Presencia, El Testigo, etc. Este es experimentado como una consciencia que no necesita de la mente conceptual para existir, no necesita de la forma para ser; un estado que trasciende lo propio e individual para levantarse como una inteligencia que es global, contemplativa y ecuánime en sí misma, que es consciente de todos los eventos mentales, y que a la vez, no hace nada, no intervine porque conoce la naturaleza impermanente y vacua de los fenómenos.

Desde mi experiencia y por medio de meditaciones diarias he logrado un acercamiento o destellos de aquella mente más pasiva, extendida desde el chacra del corazón. Por momentos, se generó espacio de paz y quietud mental, en completo presente, el cuerpo quedó sin forma, el espacio interior se fusionó con el exterior. Esta inteligencia fue percibida indescriptible. Sin embargo, el pensamiento aun asociado al ego, interrumpió su curso y ocupó ese espacio con formas y conceptos. Este es un relato de experiencias de tipo particular y no necesariamente vivida o alcanzada de la misma manera por otros, queriendo decir con esto que el camino interior es propio para cada uno. Con este cuidado, puedo mencionar que se percibe como una dimensión mental que no puede experimentarse a través de la mente conceptual y que solo puede devenir consciente de ella en uno mismo mediante el cese mental. Este es el escenario fértil de toda experiencia real del presente, antes de este estado nunca hemos abierto los ojos, solo hemos mirado imágenes proyectadas por el fuego de la propia creación mental conceptual (la caverna de Platón), moviéndose hacia el pasado o futuro.

Volviendo al tema del ego, en este nivel que he manifestado aún existe una pugna. Se debe ser precavido en este proceso con respecto a pensamientos, emociones, acciones. El ego se disfrazara de aquello que busca y tratará de trabajar según estos valores y preceptos. ¿Cómo reconocer cuando está el ego actuando? Porque en las causas ultimas del quehacer, existe discordia, envidia, miedo, vanidad, sentimiento de superioridad, etc. Este camino es ante todo amor, amor universal, cuyo fin es colectivo, altruista; no es posible el ingreso a la consciencia pura desde la óptica individualista. Si el amor y la espontaneidad que de ella deviene no guían la acción, hay que estar atento.

Estas palabras son para comentar la experiencia tanto teórica como práctica de la meditación, desde nuestra perceptiva. Nuestras mejores intenciones para el lector en su viaje interior.

© Bárbara Orrego Maturana y Natalia Araya García, 6 de octubre de 2016
Notas:
  1. Eckhart Tolle (2000). El poder del Ahora
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