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Meditación

Meditación: ¿el arte de acompañar?

Por Enrique Moya 29 de mayo de 2026

Sí, ya sé que puede parecer algo extraño el título de este artículo. Mucho más si se tiene una relación de lejanía e inexperiencia con la meditación, pero quizás también para algunos que lleven un tiempo en su práctica. Trataremos de dar respuesta a la pregunta.

El estado de meditación y sus prácticas están hoy de moda, no solo en ámbitos filosóficos y psicológicos donde ya hay mucho interés desde hace bastante tiempo, sino más recientemente en áreas médicas (neurociencia) y científicas (física cuántica), incluso también en diversos espacios culturales y sociales. Extrayendo todos de una manera más o menos convincente su idoneidad para el cultivo de la salud, en su más amplia expresión, así como la constatación de encontrarse ante una valiosa llave que permite abrir la profundidad de la vida y, por tanto, de uno mismo.

A veces, existe la idea de que una persona que practica meditación «formal» (sedente) se ensimismase, pareciese alejarse del mundo y sus problemas. Veremos que desde una mirada demasiado estereotipada podría parecer así: la visión de una persona en quietud, imperturbable, como adentrándose en su mundo interior. Sin embargo, sabemos que la experiencia de la meditación, según nos transmiten desde noveles practicantes hasta grandes maestros, nos lleva no solo a la experiencia de una «paz que no es consecuencia» y al desarrollo de una gran claridad mental —experiencias ya de por sí formidables—; además, nos hace sentirnos uno con todos y todo, es decir, a experimentar un profundo altruismo. Jugosos frutos que surgen de una práctica sin objetivos.

La experiencia del estado de meditación, siempre abierta al transcurrir del momento presente, surge cuando nuestra atención consciente se torna sosegada y sostenida sobre un objeto. Eso es contemplar. Entendiendo por objeto: entidad, persona, lugar, contenido, situación o proceso, incluida la propia dinámica del vivir.

Cuando uno cuenta que tuvo una grata experiencia con alguien, de alguna manera está expresando que se sintió atendido, acompañado, en cercanía o vinculación con esa persona. Esto también sucede con otros objetos. La auténtica atención es acompañamiento, es permeabilidad con el/lo otro. Bien lo saben las emergentes corrientes de la psicodinámica y la psicología social, poniendo la clave del proceso terapéutico en la relación, es decir, en nuestros ámbitos y dinámicas relacionales. Como bien recordaba J. Krishnamurti: «Todos y todo estamos en relación».

Todo empieza por pararse —sí, pararse—, abriéndose a lo que acontece dentro y fuera de ti. Pararse es un acto innato en el ser humano y en otros seres, tanto para la recuperación de la salud, para deshacer automatismos, como para la obtención de una cierta comprensión sobre lo que sucede. Y mirar, —sí, mirar— que no buscar, ningún tipo de especulación mental guía la práctica meditativa, sin exámenes, sin demandas, porque no hay búsqueda en la meditación, hay encuentro. Entonces, más allá de cuál sea tu práctica, te das cuenta de que poner la atención en algo es acompañar a ese algo en la literalidad de esta bella palabra, que es compartir el pan, el sustento, la vida en sí. En ese acompañamiento contemplativo hay un adelgazamiento, un vaciamiento de la estructura psíquica egocentrada, que es la que crea el yo personal separado, calificado, y la identificación con el cuerpo-mente.

La luz de la atención va produciendo un estado de recóndita compañía, de comunión entre el conocedor y lo conocido. No-dos. Un suceso que nos puede hacer comprender experiencialmente la simultaneidad y ubicuidad entre sujeto y objeto. En ese acompañamiento de atención sosegada, sin premuras ni recompensas, y sostenida, es decir, mantenida naturalmente ante las normales distracciones de la mente, es donde se produce una unión entre conocedor, conocimiento y conocido, surgiendo lo que denominamos meditación. Es un estado que diluye la separación y diferenciación que los limitantes mentales imponen, y que te sitúa en ti mismo —Ser— no ya en una idea o anhelo de ti, un estado que te hace Uno, en una integración muy natural, con la dimensión que sostiene y alumbra la existencia.

Comprendiendo —el entendimiento prende en ti— la dinámica de las prácticas de meditación (sedente), te das cuenta de que esos «ingredientes activadores», acogida, atención, acompañamiento, son extrapolables al discurrir de tu vida. Allí donde estás, con quien estés y ante las circunstancias que te toquen vivir en esta experiencia de vida. Las prácticas de meditación han devenido en un estado de meditación, de unión, para contigo mismo, con todos y todo.

Enrique Moya
Profesor del Centro Yantra en Málaga
Autor del libro: La llave de la atención, Ed. Sirio
© Enrique Moya, 2026