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Big-bang

Manifiesto por una política integral y no-dual

Por José Díez Faixat Versión PDF

Introducción

Vivimos en un mundo creativo, dinámico y complejo. En cada momento de la historia, los seres humanos han ido lidiando con las circunstancias que se han ido encontrando de formas muy diversas, en función de sus propias capacidades y las de su entorno. Dado que todos los modelos de vida que resultaron válidos durante determinadas etapas del camino, con el tiempo, acabaron mostrando sus limitaciones, la humanidad, una y otra vez, ha ido generando nuevos paradigmas, progresivamente lúcidos y complejos, con los que dar sentido a la existencia. Se da la circunstancia que, en el momento actual, la vanguardia evolutiva de la posmodernidad, que comenzó su andadura mostrando acertadamente las limitaciones de la era moderna, ha acabado derivando hacia modalidades extremas y disfuncionales que, lejos de proporcionar un mensaje inspirador para los seres humanos, se han convertido en una pura invitación al nihilismo y al narcisismo desbocados.

Parece, por eso, que este puede ser un buen momento para plantear una revolucionaria visión de la realidad, capaz de poner algo de orden y sentido en este mundo vertiginoso, polarizado, desencantado y plagado de populismos. Quizás, al final, podamos empezar a vislumbrar que esta vida, nuestra vida concreta de cada día, puede ser, en verdad, mucho más fascinante de lo que jamás hubiéramos podido ni siquiera sospechar.

La espiral evolutiva

Permitidme explicar brevemente, de entrada, el marco en el que ha ido surgiendo la propuesta que se va a presentar en estas páginas, para, de esta forma, clarificar el fundamento, el contexto y la envergadura de esta exposición.

Desde hace más de cuarenta y cinco años estoy investigando sobre una pauta armónica y fractal en la dinámica evolutiva —tanto en la filogenia como en la ontogenia humanas—, que se despliega-y-repliega a través de una doble espiral —divergente-convergente—, desde un polo original A de energía (Big Bang) hacia un polo final Ω de conciencia (un atractor ubicado en torno al año 2217). [Los lectores interesados en conocer detalles de este trabajo pueden echar un vistazo al artículo Beyond Darwin: https://byebyedarwin.blogspot.com/].

En esta investigación sobre la pauta de la evolución se pone de manifiesto una característica intrigante: todos los procesos creativos del universo —ya sean físicos, biológicos o culturales— se despliegan cuánticamente a lo largo de un espectro de niveles de estabilidad progresivamente complejos y lúcidos que emergen, uno tras otro, a un ritmo armónico muy preciso. Esos sucesivos niveles emergentes de la escalera evolutiva van alcanzando, a lo largo del tiempo, cotas crecientes de amplitud y profundidad, aportando, a cada paso, perspectivas más y más comprehensivas y unificadas. Cada nueva perspectiva, al integrarse con las ya emergidas en las etapas precedentes, va dando lugar a entidades y organismos progresivamente complejos y conscientes. El proceso ha sido idéntico desde el mismo origen de los tiempos: partículas elementales, átomos, moléculas, organismos pluricelulares... Todos los peldaños —cada uno aportando su novedad característica— resultan imprescindibles para la construcción íntegra de la espiral evolutiva, porque si cualquiera de ellos desapareciera, toda la estructura por encima de esa cota se derrumbaría. Cada nivel evolutivo se sustenta sobre todos los anteriores y, de hecho, ni siquiera hubiera podido surgir sin la presencia activa y simultánea de todos ellos.

Centrando el tema en las etapas específicamente humanas del proceso, nuestra investigación sitúa los sucesivos niveles de emergencia básicos en el Paleolítico superior (B-4), en el Neolítico (B-5), en la Edad Antigua (B-6), en la Edad Media (B-7), en la Edad Moderna (C-1) y en la incipiente Edad Posmoderna (C-2), siguiendo una pauta espiral muy precisa que va acelerando la historia de forma vertiginosa hacia un polo de atracción que se alcanzará dentro de un par de siglos. En cada una de estas etapas básicas tuvieron lugar novedosas transformaciones simultáneas, tanto en los ámbitos interiores como en los exteriores, tanto en los individuos como en las colectividades. Aparecieron, en todos los casos, emergencias creativas —biológicas, psicológicas, sociales y culturales— con un «sabor» específico característico en cada uno de esos periodos. Resulta verdaderamente sorprendente comprobar la enorme sintonía entre el espectro de niveles evolutivos que se pone de manifiesto en nuestra investigación y los listados de niveles de desarrollo presentados tanto por los estudiosos de los procesos socio-culturales y sus transformaciones, como por los más renombrados psicólogos del desarrollo en sus respectivas investigaciones sobre un amplio abanico de líneas de crecimiento, tales como la cognitiva, la moral, la identidad del yo, los valores, las necesidades, las visiones del mundo, los órdenes de conciencia, los estadios de la fe, etc.

En las seis tablas que se incluyen a continuación, se recogen un par de docenas de esos listados de niveles de desarrollo propuestos por los principales investigadores de los diversos ámbitos en los que se despliega el proceso evolutivo integral. Basta con tomar nota de las características específicas de cualquiera de los niveles recogidos en esas tablas, para hacernos una idea inequívoca del «sabor» inherente de cada etapa. Para simplificar el panorama, podemos resumir las características centrales de cada uno de estos niveles de desarrollo utilizando el sencillo esquema de la Dinámica Espiral planteada por los psicólogos Don Beck y Chris Cowan, asesores de Nelson Mandela para la transición en Sudáfrica.

Etapas históricas en la espiral evolutiva Ken Wilber
Estructura mental
Jean Gebser (Ken Wilber)
Visiones del mundo
Clare Graves
Valores
Don Beck
Chris Cowan
Dinámica espiral
B-4
Paleolítico Superior
Mente simbólica Emocional-sexual Mágica Autista Supervivencia (Beige)
B-5
Mesolítico/Neolítico
Mente conceptual Intencional (Mágica-mítica) Mágico-animista Espíritu de parentesco (Púrpura)
B-6
Edad Antigua
Mente concreta Regla/rol Mítica Egocéntrico Dioses de poder (Rojo)
B-7
Edad Media
Mente abstracta Regla/rol (Mítica-racional) Absolutista Fuerza de la verdad (Azul)
C-1
Edad Moderna
Mente formal Racional Racional Múltiple Impulso de lucha (Naranja)
C-2
Edad posmoderna
Mente pluralista Pluralista Relativista Vínculos humanos (Verde)
C-3 Visión-lógica inferior Holística Sistémico Flujo flexible (Amarillo)
C-4 Visión-lógica superior Integral Visión global (Turquesa)
Etapas históricas en la espiral evolutiva Jean Piaget
Desarrollo cognitivo infantil
M. Commons
F. Richards
Desarrollo cognitivo
Kurt Fischer
Habilidades dinámicas cognitivas
A. Maslow
Necesidades
B-4
Paleolítico Superior
Preoperacional simbólico Preoperacional Representaciones simples Supervivencia fisiológica
B-5
Mesolítico/Neolítico
Preoperacional conceptual Primario Mapeos de representaciones Satisfacción fisiológica
B-6
Edad Antigua
Operacional concreto Concreto Sistemas de representaciones Seguridad
B-7
Edad Media
Operacional formal temprano Abstracto Abstracciones simples Pertenencia
C-1
Edad Moderna
Operacional formal pleno Formal Mapeos de abstracciones Autoestima
C-2
Edad posmoderna
Sistemático Sistemas de abstracciones Autorrealización
C-3 Meta-sistemático Principios simples (Autotrascendencia)
C-4 Paradigmático Mapeos de principios
Etapas históricas en la espiral evolutiva L. Kohlberg
Desarrollo moral
Robert Kegan
Órdenes de conciencia
Jenny Wade
Evolución de la conciencia
James Fowler
Estadios de la fe
B-4
Paleolítico Superior
0. Premoral 0. Incorporativa Reactiva 0. Indiferenciada
B-5
Mesolítico/Neolítico
1. Obediencia y castigo 1. Impulsiva Ingenua 1. Mágica proyectiva
B-6
Edad Antigua
2. Individualista 2. Imperial Egocéntrica 2. Mítica literal
B-7
>Edad Media
3. Acuerdo interpersonal 3. Interpersonal Conformista 3. Sintética convencional
C-1
Edad Moderna
4. Ley y orden 4. Institucional Logro 4. Reflexiva individual
C-2
Edad posmoderna
5. Contrato social 5. Interindividual Afiliativa 5. Conjuntiva
C-3 6. Ética universal Auténtica 6. Universalizadora
C-4
Etapas históricas en la espiral evolutiva Jane Loevinger
Desarrollo del ego
S. Cook-Greuter
Etapas del ego
William Torbert
Lógicas de acción
Terri O’Fallon
Etapas del ego
B-4
Paleolítico Superior
Simbiótico Simbiótico 1.0 Impulsivo
B-5
Mesolítico/Neolítico
Impulsivo Impulsivo Impulsivo 1.5 Egocéntrico
B-6
Edad Antigua
Autoprotector Autocentrado Oportunista 2.0 Orientado a reglas
B-7
Edad Media
Conformista Centrado en el grupo Diplomático 2.5 Conformista
C-1
Edad Moderna
Consciente de sí Consciente Autodeterminado Experto Triunfador 3.0 Experto 3.5 Triunfador
C-2
Edad posmoderna
Individualista Autocuestionado Individualista 4.0 Pluralista
C-3 Autónomo Autorrealizado Estratega 4.5 Estratega
C-4 Integrado Consciente de los constructos Alquimista 5.0 Consciente de los constructos
Etapas históricas en la espiral evolutiva Ervin Laszlo
Transformaciones socioculturales
Hanzi Freinacht
Lógica cultural
J. Habermas
Etapas de la evolución sociocultural
Jay Earley
Evolución social
B-4
Paleolítico Superior
Tribus nómadas Cazador-recolector Arcaico Lengua simple Arcaica Estructuración familia 1. Tribus Caza mágica
B-5
Mesolítico/Neolítico
Aldeas neolíticas Agro-pastoril Animista Imágenes Mágico-animista Parentesco tribal 2. Aldeas Mitología
B-6
Edad Antigua
Imperios antiguos Agrícola Faustiano Escritura Mitológica Imperios 3. Imperios Dioses y héroes
B-7
Edad Media
Reinos feudales Artesanal/preindustrial Postfaustiano Textos abstractos Mítico-racional Primeros estados 4. Reinos medievales Religión y filosofía
C-1
Edad Moderna
Estados nacionales Industrial Moderno Textos impresos Racional-reflexivo Estado nación 5. Democracias modernas
C-2
Edad posmoderna
Uds. supranacionales Postindustrial posmoderno Imágenes transferidas Ciudadano del mundo Global 6. Conciencia global
C-3 Metamoderno Internet
C-4
Etapas históricas en la espiral evolutiva G. Lenski
Fundamentos tecno-económicos
Karl Marx
Etapas de la evolución histórica-social
Elliott Jaques
Sistemas estratificados
Robert Selman
Asunción de roles
B-4
Paleolítico Superior
Caza y recolección Comunismo primitivo
B-5
Mesolítico/Neolítico
Hortícola (Barbarie) Calidad Indiferenciado y egocéntrico
B-6
Edad Antigua
Agraria simple Esclavismo Servicio Diferenciado y subjetivo
B-7
Edad Media
Agraria avanzada Feudalismo Práctica Segunda persona y recíproco
C-1
Edad Moderna
Industrial Capitalismo Desarrollo Tercera persona y mutuo
C-2
Edad posmoderna
Informática Socialismo Intención estratégica Profundo y con simbolismo social
C-3 Ciudadanía corporativa
C-4 Clarividencia corporativa

La Dinámica Espiral es un modelo transdisciplinario (bio-psico-socio-cultural) que tiene su origen en las minuciosas investigaciones del profesor de psicología Clare Graves acerca de la evolución de los individuos y de las sociedades. Analizando las diferentes formas de pensar y modos de existir de los seres humanos, identificó una serie de patrones comunes o sistemas de valores básicos, y los integró en un modelo multiestratificado de niveles progresivamente complejos. Decía Graves que la naturaleza del ser humano es un sistema abierto, en constante evolución, que procede por saltos cuánticos de un estado estacionario a otro, a través de una jerarquía de sistemas ordenados, relativamente estables, que se despliegan de forma espiral a lo largo de todo el proceso histórico de la humanidad desde sus inicios hasta la actualidad. Proponía que estos niveles emergentes no son rígidos escalones, sino olas fluidas, solapadas e interrelacionadas, que dan lugar a la expansiva dinámica espiral del desarrollo individual y colectivo, impulsadas por su propio dinamismo interno y por las condiciones variables de la vida. Cada onda emergente, al poseer una perspectiva más amplia y una capacidad de organización más compleja, «trasciende e incluye» todas las olas anteriores, adquiere el máximo protagonismo durante un tiempo y, finalmente, acaba por ser «trascendida e incluida» por una nueva ola más abarcadora y compleja. Tras el fallecimiento de Graves, sus colaboradores Don Beck y Chris Cowan continuaron desarrollando y corroborando el modelo teórico de su mentor. Denominaron «memes de valor» —o «vMemes»— a los sucesivos paradigmas que definen cada uno de los ocho niveles básicos del espectro, y tuvieron la feliz idea de identificar cada uno de esos niveles con un color determinado, facilitando, así, la comprensión y la divulgación de su modelo. Las características básicas de esos niveles, o colores, serían las siguientes:

Beige: Instinto de supervivencia. Satisfacción de las necesidades fisiológicas. Impulsividad. Automatismo biológico. Acción inmediata. [Hordas nómadas].

Púrpura: Espíritu de parentesco. Lealtad al jefe, al clan, a la tradición. Cultura etnocéntrica. Seguridad. Pensamiento mágico-animista. Supersticiones. Tabúes. Rituales para apaciguar a los espíritus ancestrales. [Aldeas tribales].

Rojo: Dioses de poder. Egocentrismo. Yo grandioso, impulsivo, omnipotente. Mitos de héroes. Triunfo de los fuertes. Lucha. Conquista. Dominio. Explotación. Tiranía. Esclavitud. [Imperios antiguos].

Azul: Fuerza de la verdad. Pensamiento absolutista. Certidumbre. Existencia ordenada por un código divino. Reglas morales. Normas. Tradiciones. Obediencia. Disciplina. Culpa. Autosacrificio. Recompensa diferida. Orden. Estabilidad. Conformismo. Cultura etnocéntrica. [Reinos feudales].

Naranja: Impulso de lucha. Esfuerzo. Pragmatismo. Empirismo. Positivismo. Cientifismo. Estrategia. Competencia. Dinamismo. Crecimiento. Éxito. Resultados. Logros. Libre mercado. Materialismo. Consumismo. Capitalismo. Ley y orden. Individualismo. Autonomía. Control. [Estados nacionales].

Verde: Vínculos humanos. Comunidades de valor. Solidaridad. Colaboración. Asociacionismo. Construcción de consensos. Relativismo. Pluralismo. Multiculturalidad. Yo sensible. Comunicación emocional. Sentimientos. Igualdad. Sentido de la injusticia. Derechos humanos. Pacifismo. Feminismo. Conciencia medioambiental. Sostenibilidad. Ecología. [Unidades supranacionales].

Amarillo: Visión holista. Flujo flexible. Pensamiento sistémico.  Integración de procesos. Complejidad. Interdependencia. Redes. Realidades múltiples. Sistemas abiertos.  Aceptación de la incertidumbre. Mentalidad interrogativa. Indagación. Funcionalidad. Espontaneidad.

Turquesa: Paradigma integral. Síntesis global. Realidad fractal. La vida como despliegue de holoarquías. Dinámica espiral. Múltiples niveles entrelazados en un sistema consciente. Comunión con el todo. Comprensión de la armonía universal. Conciencia colectiva. Conexiones holográficas. Mentalidad transpersonal. Espiritualidad cósmica.

Una característica del proceso evolutivo a lo largo de los seis primeros niveles de esta serie ha consistido en el carácter exclusivista de cada uno de los paradigmas desplegados en esas etapas, con la consiguiente intransigencia hacia cualquier otra visión del mundo emergida previa o posteriormente, y la búsqueda, en muchas ocasiones, de su completa eliminación y destrucción. En ninguna de esas primeras etapas del desarrollo humano se ha llegado a comprender que todos y cada uno de los paradigmas que han ido emergiendo a lo largo del camino han supuesto un paso importante y valioso en el desarrollo de los individuos y de las colectividades, ya que, uno tras otro, han logrado desplegar las estructuras básicas de los sucesivos peldaños de la escalera evolutiva. Lastimosamente, ninguno de ellos ha sido capaz de ver más allá de su limitado punto de vista. Basta con observar la completa intransigencia e incomprensión mutua entre, digamos, un pandillero urbano (rojo), un radical islámico (azul), un capitalista neoliberal (naranja) y un militante ecologista (verde). Cada uno, defendiendo con pasión su estrecha verdad relativa, se muestra incapaz de apreciar e integrar las valiosas aportaciones de las otras perspectivas. Será tan sólo con la emergencia de los niveles integrales —que tendrá lugar, según se deduce de nuestra investigación, dentro de un siglo— que, por fin, la humanidad, individual y colectivamente, llegará a comprender y a valorar en toda su riqueza la creatividad de la dinámica espiral en su conjunto, en cada uno de los niveles fractales que la constituyen y en el fascinante juego de resonancias y armonías entre todos ellos.

Algunos puntos básicos del paradigma integral

Si el planteamiento que acabamos de bosquejar es básicamente correcto, sus implicaciones sobre algunas cuestiones sociales y políticas resultan más que evidentes. Vamos a enumerar, a continuación, algunas de ellas.

Todas y cada una de las etapas evolutivas emergen en los cuatro ámbitos básicos de la manifestaciónbiológico (individual-exterior), psicológico (individual-interior), social (colectivo-exterior) y cultural (colectivo-interior)— de forma simultánea y coherente. Los cuatro ámbitos se implican mutuamente. No es posible el despliegue saludable del potencial intrínseco de cualquiera de esos ámbitos sin la presencia sincrónica y concurrente de los otros tres. Por eso, cualquier intento de explicar la realidad global tomando en consideración tan sólo uno de los cuatro ámbitos que la componen estará inexorablemente condenado al fracaso. Si, además, ese sesgado intento de explicación se centra exclusivamente en uno solo de los niveles del largo espectro de la evolución, el resultado será un completo despropósito.

No hay «interiores» sin «exteriores». Ni viceversa. No hay «objetos» sin «sujetos», ni «sujetos» sin «objetos». Ambos términos se implican mutuamente. Son como los dos polos de un imán. Ambos necesitan la presencia del otro para su propia existencia. No existe, pues, un universo exterior, ahí afuera, al margen de los individuos que lo contemplan. No cabe describir la realidad integral haciendo referencia tan sólo al aspecto objetivo de la «energía» —como la ciencia materialista ha intentado hacer hasta muy recientemente—, sin tomar en consideración, al mismo tiempo, el aspecto subjetivo de la «consciencia». En el campo de la política que estamos abordando aquí, esta consideración nos lleva a afirmar que no es posible, en ningún caso, el progreso exterior de una sociedad sin el desarrollo interior simultáneo de los individuos que la componen.

En nuestra exposición anterior acerca de la espiral de la evolución, hemos visto la intrínseca e insoslayable relación entre las transformaciones sociales, las culturales y las psicológicas en todas y cada una de las etapas recorridas por nuestros antepasados. Es decir, en función del nivel de desarrollo psicológico alcanzado por la mayoría de la población integrante de una sociedad determinada, así han sido sus correspondientes estructuras sociales, culturales y políticas. P. ej. los estados nacionales, las democracias modernas, la tecnología industrial o el modo de vida capitalista surgieron, todos ellos simultáneamente, con la emergencia del paradigma »naranja», es decir, del pensamiento operativo formal, la visión racional del mundo, el empirismo, el cientifismo, la cultura del esfuerzo y el logro, el individualismo...

Esta constatación sobre la plena coherencia entre las formas socio-políticas y el contenido psico-cultural de una comunidad determinada en un momento concreto, pone en evidencia la completa ingenuidad de cualquier intento bienintencionado de adoptar formas de organización social y política alejadas del verdadero nivel de desarrollo psicológico y de la propia visión del mundo de un grupo humano específico en una etapa determinada. El resultado de estos intentos ingenuos no ha sido otro que la proliferación de los llamados «Estados fallidos» en muy diversos lugares del planeta. Quizás el verdadero «fallo» haya consistido, precisamente, en esa pretensión de adoptar, por ejemplo, formas «naranja» en regiones «púrpura» o «roja».

No hay «colectividades» sin «individuos». Ni viceversa. No es posible la existencia, en ningún nivel del espectro evolutivo, de entidades individuales sin la permanente interacción con otras entidades de su misma especie. «Unos» y «muchos» se implican mutuamente. Cualquier intento de tomar en consideración tan solo una de esas dos facetas, de forma exclusiva, es, a la larga, un completo sinsentido.

En nuestra investigación se pone de manifiesto que tanto el proceso evolutivo global de la filogenia humana —el camino recorrido por nuestros ancestros desde el mismo origen de los tiempos—, como nuestro desarrollo ontogenético individual —el despliegue vital de cada ser humano en particular desde la fecundación hasta su muerte—, recorren, exactamente, el mismo espectro de niveles de estabilidad, siguiendo una idéntica pauta armónica de despliegue-y-repliegue, y dentro de una trama temporal común. Todo parece indicar, pues, que tanto la evolución colectiva global, como el desarrollo de cada individuo en particular, lejos de ser asuntos independientes, ajenos o enfrentados, no son sino la expresión, en diferentes escalas espaciales y temporales, de un mismo y único espectro de energía-consciencia común. [Luego aclararemos este punto]. No hace falta decir que esta perspectiva tira por tierra cualquier pretensión de justificar tanto los totalitarismos colectivistas —que desprecian los derechos individuales— como los anarquismos individualistas —que desprecian los derechos de la colectividad.

Todos los niveles del espectro evolutivo son imprescindibles para el despliegue saludable de la dinámica espiral, tanto en la gran historia global como en el desarrollo individual de cada uno de sus protagonistas. Dado que cada etapa del proceso se construye sobre la base de todas y cada una de las etapas desplegadas previamente, la mera ausencia o destrucción de cualquiera de ellas haría colapsar, automáticamente, todo el resto de la espiral evolutiva por encima de esa cota. Dicho en otras palabras, la presencia activa y simultánea de todos los niveles del espectro evolutivo es absolutamente necesaria para que la dinámica espiral pueda continuar desplegando, instante tras instante, todo su potencial intrínseco.

Todos los niveles son fundamentales. No hay, pues, niveles «buenos» y niveles «malos», sino tan sólo niveles «sucesivos» dentro de un único espectro integral del desarrollo. Cada uno juega su papel característico e imprescindible dentro de la gran cadena evolutiva. Como hemos visto, esa gran cadena abarca un amplísimo espectro de niveles de estabilidad desde el polo original —de enorme energía y muy leve consciencia— hasta el polo final —de enorme consciencia y muy leve energía. Las sucesivas entidades y organismos que han surgido a lo largo del proceso evolutivo han ido integrando, en su propia estructura, un creciente número de niveles de ese espectro de energía-consciencia. Por eso, en última instancia, podemos afirmar que el ser humano actual es, de hecho, una recapitulación viviente de toda la historia del universo hasta el momento presente. Es decir, el desarrollo de nuestra vida concreta no es sino el sucesivo despliegue e integración de la totalidad de niveles del espectro de energía-consciencia, desde las partículas elementales generadas en el momento del Big Bang, hasta el emergente vMeme verde del paradigma posmoderno.

Las implicaciones políticas de esta comprensión evolutiva de la realidad integral resultan muy evidentes e inspiradoras. Lamentablemente, como hemos explicado más arriba, el despliegue de las seis primeras etapas de la fase específicamente humana del proceso evolutivo se ha caracterizado por el carácter exclusivista de todos y cada uno de los paradigmas surgidos a lo largo de esas etapas. En todos los casos se ha cometido el error de dar un valor absoluto a la propia perspectiva relativa, con la consiguiente intransigencia hacia cualquier otra visión del mundo emergida previa o posteriormente. En ninguna de esas primeras etapas del desarrollo humano se ha llegado a comprender la evidencia de que todos y cada uno de los paradigmas que han ido emergiendo a lo largo del camino han supuesto un paso valioso e imprescindible en el desarrollo de los individuos y de las colectividades.

¿Qué sería de los seres humanos sin el instinto fisiológico de supervivencia del paradigma beige?, ¿o sin el espíritu protector de los vínculos de parentesco del paradigma púrpura?, ¿o sin el ímpetu valeroso de conquista del paradigma rojo?, ¿o sin el orden estable de la certidumbre dogmática del paradigma azul?, ¿o sin la búsqueda pragmática del éxito del paradigma naranja?, ¿o sin la sensibilidad ecológica y social del paradigma verde?... Cada una de esas sucesivas etapas ha ido emergiendo con el fin de aportar una nueva perspectiva capaz de superar las limitaciones y los peligros mostrados por el paradigma precedente. La mágica protección de las tribus púrpura trasciende la mera lucha por la supervivencia de las hordas beige del paleolítico. El impulso heroico de conquista de los imperios rojo de la antigüedad trasciende la temerosa búsqueda de seguridad de las tribus púrpura neolíticas. El orden y la estabilidad proporcionados por la verdad absoluta durante el feudalismo azul trasciende el caos y la explotación originados por el poder rojo en el mundo antiguo. El espíritu racional, empírico y emprendedor de la modernidad naranja trasciende la mentalidad de rebaño, conformista y sumisa, de los reinos azul del medievo. La búsqueda de justicia social y medioambiental de las organizaciones verde posmodernas trasciende el instinto depredador motivado por el afán de lucro en el mundo naranja moderno...

Sobre la dinámica holoárquica de la evolución y de la historia

Todas y cada una de las etapas de la evolución y de la historia han ido desplegando, sucesivamente, novedosas cosmovisiones de creciente amplitud y lucidez que permitieron lidiar con situaciones progresivamente complejas en ámbitos cada vez más extensos. Por eso, en lugar de utilizar la metáfora de los peldaños de una escalera para referirnos a la sucesión de estadios del espectro evolutivo, mejor sería compararlos con la serie de muñecas anidadas en el interior de una matrioshka. Queremos decir con esto, que las sucesivas etapas evolutivas no son simples realidades consecutivas, monótonas e independientes unas de otras, como los peldaños de una escalera, sino, más bien, como las capas sucesivas de una muñeca rusa, cada una de las cuales contiene a todas las anteriores dentro de sí. Dado que los sucesivos niveles del largo espectro de la energía-consciencia han alcanzado, paulatinamente, cotas crecientes de inteligencia y empatía, al integrarse con la serie completa de niveles precedentes, han ido dando lugar a organismos progresivamente complejos y unificados, que contienen todo el espectro evolutivo dentro de sí, como parte de sí.

El escritor Arthur Koestler, en su libro El espíritu en la máquina, acuñó los conceptos de «holón» y de «holoarquía» para tratar de explicar el modo en el que se organiza la vida en todos sus niveles, sin recurrir a la vieja noción, más rígida, de «jerarquía». Con el término holón se hace referencia a cualquier entidad o sistema que funciona de forma relativamente autónoma como un todo, pero que, simultáneamente, también lo hace como una parte de un sistema mayor. Las partículas elementales forman parte de los átomos, los átomos de las moléculas, las moléculas de las células, las células de los tejidos, los tejidos de los órganos... La holoarquía es, así, una red de sistemas interconectados en la que la información fluye bidireccionalmente entre sistemas menores y mayores, de modo que cada parte influye y, a la vez, es influida por todas las demás. La holoarquía es, pues, una estructura natural y orgánica en la que cada uno de los niveles trasciende e incluye a los anteriores en una serie interminable.

La comprensión de los procesos evolutivos e históricos como dinámicas holoárquicas nos pone sobre la pista acerca de un hecho fundamental. Las sucesivas etapas del espectro evolutivo, al ir desarrollando estructuras mentales de profundidad creciente, con ámbitos de comprehensión más extensos y visiones del mundo progresivamente complejas y unificadas, tienen la capacidad de trascender e incluir como parte de sí la totalidad del abanico de niveles emergido previamente. La mente conceptual desarrollada a lo largo del periodo neolítico trasciende e incluye la mente simbólica del paleolítico superior, la mente concreta desarrollada a lo largo de la edad antigua trasciende e incluye la mente conceptual del neolítico, la mente abstracta desarrollada a lo largo de la edad media trasciende e incluye la mente concreta de la antigüedad, la mente formal-racional desarrollada a lo largo de la edad moderna trasciende e incluye la mente abstracta del medievo, la mente pluralista que se está desarrollando a lo largo de la emergente edad posmoderna trasciende e incluye la mente formal de la modernidad, la visión-lógica que se desarrollará a lo largo de la futura edad integral trascenderá e incluirá la mente pluralista de la posmodernidad...

Del mismo modo que el desarrollo cognitivo ha ido alcanzando cotas crecientes de profundidad y lucidez, el desarrollo afectivo ha ido ampliando progresivamente la amplitud de su abrazo integrador. Baste con señalar que los estadios beige (paleolítico) y púrpura (neolítico) son, básicamente, «egocéntricos», que los estadios rojo (edad antigua) y azul (edad media) son «etnocéntricos», que los estadios naranja (edad moderna) y verde (edad posmoderna) son «mundicéntricos», y que tan sólo los próximos estadios amarillo, turquesa y siguientes serán verdaderamente «holísticos», «integrales» y, en última instancia, «no-duales». En la actualidad, parece ser, hay aproximadamente un 10% de la población mundial que todavía se desenvuelve en los niveles egocéntricos, un 55% en los niveles etnocéntricos, un 30% en los mundicéntricos y menos de un 5% en los integrales. Con este panorama, se entiende bien por qué a lo largo de la historia —y todavía en el momento actual— la violencia y la lucha armada han sido —y son— la regla general que ha imperado en la práctica totalidad de los conflictos humanos. Tan sólo con la reciente aparición del nivel verde de desarrollo —mundicéntrico y pacifista— ha comenzado a sugerirse la posibilidad de modos no-violentos de autodefensa.

Partiendo de este marco holoárquico que estamos exponiendo, creemos que resulta posible aportar algo de claridad en el convulso y polarizado mundo actual, plagado de sectarismos excluyentes y populismos. Por ejemplo, poner algo de orden en el tema de las llamadas «guerras culturales», es decir, en los enconados conflictos ideológicos y simbólicos entre diferentes civilizaciones y grupos sociales que luchan por imponer sus valores, creencias y visiones del mundo. Las cuatro principales ideologías que actualmente se encuentran en liza por alcanzar la hegemonía —tanto en las diferentes naciones como a nivel planetario— se corresponden, básicamente, con los cuatro paradigmas que se han ido desplegando en las últimas cuatro etapas de la historia, a los que, utilizando el lenguaje de la Dinámica Espiral, hemos denominado rojo (edad antigua), azul (edad media), naranja (edad moderna) y verde (edad posmoderna). No hace falta ser muy avispado para advertir en torno a cuál de esas diferentes visiones del mundo se sitúan, básicamente, cada uno de los partidos políticos presentes en el panorama actual.

Según el planteamiento que estamos exponiendo aquí, no cabe pensar que estas guerras culturales puedan finalizar con vencedores y vencidos, por la sencilla razón de que todos esos paradigmas en liza, presuntamente ajenos y enfrentados entre sí, no son sino diferentes holones del mismo proceso de desarrollo, activamente presentes tanto en cada uno de los actuales seres humanos como en las diferentes comunidades en las que éstos se agrupan. Como hemos comentado, la trayectoria vital de cada uno de nosotros, desde el momento de la fecundación hasta el instante de la muerte, va desplegando, de forma natural, todo el espectro de niveles de desarrollo emergidos hasta la fecha... siempre y cuando, por supuesto, el entorno en el que tiene lugar este proceso de maduración posea todo el abanico de estructuras adecuadas con las que resonar, para, de ese modo, facilitar la emergencia saludable de todos y cada uno de esos sucesivos niveles, uno tras otro.

Desde esta perspectiva, resulta evidente que todo intento de arrinconar o destruir cualquiera de esos holones, ya sea en los procesos individuales o en los colectivos, es, intrínsecamente, destructivo y suicida, ya que, en caso de lograrlo, se obstruiría fatalmente el flujo natural del crecimiento y el desarrollo de individuos y colectividades. Por eso, es muy importante ser conscientes del enorme peligro que suponen las actitudes sectarias y excluyentes adoptadas, una y otra vez, a lo largo del despliegue de todos los paradigmas más recientes, desde la edad antigua hasta el momento presente. Porque, de hecho, aún hoy en día, es frecuente encontrar propuestas, incluso desde la supuesta vanguardia posmoderna, acerca de la construcción de «muros» y «cordones sanitarios» para marginar y borrar del mapa cualquier visión del mundo ajena a la propia. O, con el mismo fin, se ven extrañas alianzas contra natura entre, por ejemplo, líderes progresistas (verde) y radicales islamistas (azul) con la única pretensión de eliminar a su enemigo común, el mundo positivista liberal (naranja), que ocupa, precisamente, el estadio intermedio entre ambos en el proceso natural de despliegue de la gran holoarquía evolutiva. Parece que ya va siendo hora de empezar a trascender toda esa cadena de perspectivas exclusivistas que, dadas las enormes capacidades de destrucción que existen hoy en día, pueden acabar conduciendo a la destrucción de todo rastro de vida sobre el planeta.

El despliegue del paradigma naranja a lo largo de la edad moderna supuso un gran avance en la historia de la humanidad, con la emergencia del pensamiento racional, de la ciencia empírica, de los derechos y libertades individuales, de la abolición de la esclavitud, de la autonomía personal, de los estados nacionales, de las democracias liberales, de la cultura del esfuerzo y el logro, del progreso, del desarrollo industrial, de la generación de riqueza..., pero, lamentablemente, esos valores, llevados al extremo, han acabado conduciendo a un mundo desencantado, individualista, consumista, materialista, depredador de la naturaleza, movido compulsivamente por la competencia despiadada y por el afán de lucro, con una concentración obscena de la riqueza en unas pocas manos, en medio de una sociedad paulatinamente empobrecida.

Ante este panorama, la reciente emergencia de la mente pluralista del paradigma verde ha traído consigo la capacidad de analizar críticamente los peligrosos resultados de la modernidad y, con su sentido de la injusticia y su sensibilidad social y medioambiental, ha ido dando lugar al movimiento por la defensa de los derechos civiles, de la igualdad, de la solidaridad, de la pluralidad, de la multiculturalidad, de la ecología, de la sostenibilidad, del feminismo, del pacifismo, de la no-violencia... Lamentablemente, esta versión saludable del paradigma verde ha ido derivando hacia el relativismo extremo y hacia la negación de cualquier verdad universal, lo que, al final, se ha traducido en un puro nihilismo destructivo y un narcisismo generalizado. De este modo, la presunta vanguardia posmoderna, que en teoría debería liderar la dinámica de la evolución, se ha mostrado incapaz de aportar una visión del mundo inspiradora, ni de sugerir un rumbo orientador ilusionante. Al constatarse, entonces, la ineptitud del relativismo extremo para encabezar una genuina dinámica de evolución y desarrollo, la humanidad, en muchos lugares del planeta, ha comenzado a generar un movimiento reactivo de involución hacia visiones del mundo tradicionales, en un intento de reencontrar un sentido y una seguridad que la vanguardia verde no ha sabido aportar. Este movimiento reactivo puede entenderse como un mecanismo provisional de autodefensa, pero, en última instancia, no parece que retornar a antiguos paradigmas —como el azul— sea el modo más saludable de activar la dinámica holoárquica del desarrollo.

El paradigma verde demonizó cualquier forma de jerarquía al entender que ese término era, siempre, sinónimo de explotación. Las élites políticas, culturales y universitarias verde no han sido capaces de comprender la radical diferencia entre «jerarquías de dominio» y «holoarquías de desarrollo», y, en su afán de destruir cualquier otra visión del mundo diferente de la propia, no han dejado de denostar y ridiculizar los paradigmas azul y naranja e, incluso, de negar la posibilidad de existencia de otros paradigmas por encima de sí mismo. Eliminados, por un lado, el orden y la estabilidad del paradigma azul, y, por otro, la generación de riqueza del paradigma naranja, las, en su día, nobles aspiraciones de igualdad y justicia social de la izquierda verde han terminado conduciendo, lamentablemente, hacia situaciones de inestabilidad y pobreza generalizadas. Resulta fácil de entender que no se puede repartir una riqueza que no se ha sabido generar previamente.

Parece que ha llegado el momento de comenzar a activar los emergentes paradigmas holístico e integral —de los que numerosos psicólogos del desarrollo ya han empezado a aportar información—, dada su capacidad de trascender e incluir el paradigma verde y todos los anteriores. Cuando el centro de gravedad de la sensación de identidad de un número significativo de seres humanos se vaya ubicando en esos niveles del espectro del desarrollo psicológico —en la visión-lógica inferior (cosmovisión holística amarilla) y en la visión-lógica superior (cosmovisión integral turquesa)—, la humanidad habrá dado un paso definitivo hacia su plena autorrealización, individual y colectivamente. La presencia simultánea de un amplio abanico de diferentes paradigmas ya no se afrontará como una guerra cultural o física entre ellos, sino que, al contrario, se entenderá como la expresión natural de la dinámica holoárquica de la evolución bio-psico-socio-cultural en su creativo despliegue de los sucesivos niveles del espectro de energía-consciencia, a un ritmo armónico progresivamente acelerado, orientado hacia un polo de atracción ubicado en torno al año 2217.

Este planteamiento que estamos exponiendo aquí no es el fruto de una mera especulación ingenua y optimista sobre el futuro de la humanidad, sino la conclusión más consistente con toda la información recogida a lo largo de casi medio siglo de investigación transdisciplinar sobre la pauta de la evolución, que integra, además, tanto las sorprendentes propuestas de la ciencia de vanguardia en muy diversos ámbitos del mundo exterior-objetivo, como las milenarias indagaciones vivenciales llevadas a cabo en la práctica totalidad de las grandes tradiciones de sabiduría en el ámbito interior-subjetivo. Todo esto ha dado lugar a una sólida cosmovisión integral y no-dual que, creemos, puede aportar algo de claridad y sentido a la vida humana tras el inmenso vacío generado por la versión nihilista del paradigma verde en las últimas décadas. Por eso, a continuación, vamos a bosquejar las líneas generales de esta cosmovisión no-dual como remate final de este breve manifiesto por una política integral.

Una cosmovisión integral y no-dual

En este apartado final del manifiesto, vamos a tratar de esbozar el nuevo paradigma que comienza a surgir de forma natural si tomamos en consideración todos los elementos que han salido a la luz a lo largo de nuestra investigación. Para alcanzar una comprensión verdaderamente integral de todo lo expuesto, resulta completamente necesario hacer referencia, al menos, a tres ámbitos diferentes en el Todo-Uno: A) la realidad absoluta no-dual, B) la realidad relativa potencial y C) la realidad relativa espacio-temporal. A continuación, vamos a tratar de precisar el sentido de cada una de estas expresiones.

  1. La realidad absoluta no-dual: Dado que toda la realidad manifestada aparece, inexorablemente, en forma de dualidades interdependientes —sujeto/objeto, dentro/fuera, origen/fin—, podemos entenderlas como manifestaciones polares de una realidad que las trasciende y que es «previa» a esa polarización. Los físicos hablan de una energía potencial infinita en el vacío cuántico original, y los sabios hablan de una consciencia diáfana infinita en el vacío místico final. Nuestra propuesta es que esos dos vacíos son la misma y única Vacuidad absoluta, percibida por los físicos de forma objetiva y por los contemplativos de forma subjetiva, pero que, en sí, no es objetiva ni subjetiva, sino la unidad, la identidad o la indiferencia de ambas facetas de forma simultánea. En este punto, es importante señalar que no estamos hablando de una realidad lejana, misteriosa o desconocida, sino de la vivencia más próxima, íntima y obvia de nuestra existencia, es decir, de la pura y simple Auto-Evidencia siempre presente que somos en esencia. ¿Hay algo más evidente que la pura Certeza-de-Ser en este preciso instante presente? Este ámbito ha sido descrito en todas las grandes tradiciones no-duales de sabiduría, como, por ejemplo, en el taoísmo filosófico, en el hinduismo —vedānta advaita, shivaísmo de Cachemira—, en el budismo mahāyānach’an, zen—, en el budismo vajrayānamahāmudrā, dzogchen—, en el judaísmo —cábala—, en el cristianismo —mística renana y castellana—, en el islam —sufismo—...
  2. La realidad relativa potencial: Como la Vacuidad no-dual carece por completo de la menor separación entre sujeto y objeto, no puede percibirse de ningún modo. Por eso, si quiere contemplarse a sí misma, no tiene más remedio que aparentar dualizarse como un polo objetivo original —básicamente de energía— y un polo subjetivo final —básicamente de consciencia—, manteniendo plenamente su esencia vacía. En ese mismo instante, se genera entre ambos polos un amplísimo espectro de equilibrios entre ambas facetas polares, que recorre toda la gama desde los estados más básicos —de enorme energía y poca consciencia— hasta los más elevados —de poca energía y enorme consciencia. Al entrar en vibración esta distancia ilusoria de energía-consciencia —como la cuerda de una guitarra— se produce, instantáneamente, un sonido fundamental característico y toda su ilimitada gama de sonidos armónicos (ondas estacionarias). Esto significa que, fijémonos bien, la totalidad del espectro arquetípico potencial de energía-consciencia ya está plenamente presente de forma unificada, superpuesta y resonante desde el mismo momento originario. Los sucesivos segundos armónicos que surgen con la vibración de esa «supercuerda» fundamental de energía-consciencia son, precisamente, los niveles potenciales de estabilidad estratificada que se irán actualizando, uno tras otro, a través de los sucesivos peldaños de la evolución universal. Este ámbito potencial puede asimilarse al «quantumland» de R. Kastner, al «orden implicado» de D. Bohm, al «unus mundus» arquetípico de C. Jung, al «campo morfogenético» de R. Sheldrake, al «campo akáshico» de E. Laszlo, al «código cuántico acústico» de D. Meijer, a la «red de memoria espacial unificada» de N. Haramein...
  3. La realidad relativa espacio-temporal: El espectro potencial unificado de energía-consciencia «colapsa» (como dicen en física cuántica), a cada instante, en una forma concreta del universo manifestado. Se produce, así, una dinámica toroidal a través de la cual la realidad potencial del fundamento arquetípico se actualiza y despliega en y como el mundo holográfico de las formas espacio-temporales. La salida y el retorno, instante tras instante, desde y hacia ese fundamento potencial permite ir actualizando, uno tras otro, los sucesivos niveles potenciales de estabilidad del espectro de energía-consciencia. Esta dinámica recursiva, intrínsecamente creativa, entre la «realidad potencial» y la «realidad actualizada» está mediada por el campo unificado de memoria que, paso a paso, se va generando a nivel fundamental. Toda la información recogida en cualquier punto-instante del mundo manifestado se introyecta inmediatamente en el campo básico de memoria colectiva —que, de este modo, incrementa, momento tras momento, su potencial creativo— y se proyecta al instante siguiente en el universo espacio-temporal. Una y otra vez. Ahora. Ahora. Ahora...

Teniendo en cuenta lo que acabamos de exponer, todo apunta hacia una fascinante dinámica toroidal de energía-consciencia, instantánea y eterna, en todas las escalas, como el elemento clave para la comprensión integral del universo. Según este esquema, los flujos parten de un Centro sin dimensiones, siguen una trayectoria espiral —vórtice divergente—, alcanzan la superficie exterior del toro, y retornan al mismo Centro a través de otra espiral —vórtice convergente—, para reiniciar desde ahí su interminable proceso. Todo parece indicar que la pretensión última de la manifestación evolutiva universal no es otra que reproducir de forma desglosada e integrada, en el mundo de las apariencias finitas, la no-dualidad de la energía-consciencia indiferenciada, característica de la Vacuidad fundamental. Es, en fin, el inagotable intento del Vacío de contemplar de infinitos modos su rostro invisible.

[El lector interesado en conocer más detalles de esta cosmovisión no-dual, pueden consultar las adendas finales del citado artículo Beyond Darwin: https://byebyedarwin.blogspot.com]

Si lo que aquí estamos exponiendo es básicamente correcto, el camino que habrá de recorrer la humanidad durante los dos próximos siglos es, sencillamente, fascinante. Durante este tiempo, las nuevas etapas evolutivas irán emergiendo, una tras otra, de forma acelerada hasta llegar a un ritmo vertiginoso de creatividad en torno al año 2217, en el que, por fin, se descubrirá en el mundo de las formas finitas la no-dualidad última de la energía y la consciencia. Entonces se descubrirá, sin sombra de duda, que la pura Auto-Evidencia siempre presente ha sido, está siendo y será la verdadera y única Identidad de todo y de todos. Que nunca ha habido otro. O, dicho de otro modo, que todos los otros no son sino diferentes rostros del único y autoevidente Mí-Mismo.

© 2026 José Díez Faixat