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Colaboraciones - Leo Carcaiso

La "Cosa"

por Leo Carcaiso
Leo Carcaiso

¿A qué nos referimos cuando hablamos de Dios?

En toda la literatura espiritual y a lo largo de los kilómetros de palabras escritas acerca de lo "insustancial", siempre ha surgido cierta incomodidad a la hora de infringir el segundo mandamiento de las tablas de Moisés.

A pesar de la advertencia, muchos han sido los intentos de nombrar al Innombrable: "Dios, Fuente, Lo Que Es, Conciencia, Ser, Brahmán, Noúmeno, La Nada, El Amado etc." Son todos productos de una frustrada cosificación con la cual la actividad mental intenta apuntar a algo que intuye, pero que en realidad no conoce.

En su sermón "El Templo vacío" (1), Meister Eckhart nos ofrece un hermoso comentario al capítulo de la Biblia donde Jesús echa a los mercaderes del templo. En esa alegoría, el monje nos señala la necesidad de vaciarse de cualquier tráfico mental y del apego a conocimientos, imágenes o creencias para que finalmente pueda manifestarse el silencio en el templo y así permitir la revelación de Dios.

Todos los sabios siempre han sido conscientes de que la transmisión de lo infinito es una tarea inútil y por lo tanto (¡y por esto "sabios"!) nunca le han dado excesiva importancia en sus enseñanzas. La especificación de Lo Visto se ha confinado así dentro de los límites de una actuación poética y evocativa.

Estas descripciones, que han sido brindadas a través de místicos, filósofos y santos de diferentes religiones, a menudo han tenido una función principalmente destructiva, con el objetivo de demoler todas las creencias enraizadas acerca de la imagen de la divinidad.

En uno de sus diálogos U. G. Krishnamurti nos advierte:

"I: Los gurús y los sacerdotes nos enseñan también que no existe una estructura separada y que esa es la causa de nuestros problemas. ¿En qué se diferencia de ellos?

UG: Para usted, y para ellos, son sólo palabras. Su creencia en un movimiento unitario de la vida es solo una creencia sin fundamento, sin ninguna certeza. Han racionalizado hábilmente lo que los gurús y los libros sagrados les han contado. Sus creencias son el resultado de la aceptación ciega de la autoridad, es todo material de segunda mano. Usted no es algo separado de sus creencias. Cuando se terminan sus preciosas creencias e ilusiones, se termina usted." (2)

El problema (si tal se considera la ensoñación) es que el vacío engendrado por tal acción demoledora atrae hacia sí nuevas imágenes que, si retenidas, pueden pasar a ser creencias como las anteriores.

La "enzima" responsable de esta transformación y que hace coagular las imágenes en creencias es, a mi parecer, la seriedad. En la literatura espiritual ha sido a menudo evocada, desde diferentes textos religiosos, hasta los discursos de J. Krishnamurti y considerada como la actitud más adecuada para trascender la ilusión. Sin embargo, lo que suele suceder, es que la seriedad muchas veces se traduce en una fragmentación de lo vivido, con un torpe manejo de las etiquetas mentales "más importante" y "menos importante". Ensimismados y con los ojos entrecerrados, se siente en los momentos extáticos una mayor cercanía a la divinidad que cuando nos ponemos a fregar una montaña de platos y por lo tanto el aspecto de lo Absoluto tiene que ser muy diferente a esa berenjena que está tupiendo el desagüe.

En el despertar lo divino vuelve a lo cotidiano, de donde en realidad nunca se movió y desde donde en un momento dado se dijo a sí mismo: "¡Ajá!".

Respecto a Lo Que Es, usando una terminología ortodoxa, me gusta describirlo en su totalidad como el Ser con su doble faceta fenoménica de Consciencia y Existencia. Aún así, estas son sólo palabras muertas cargadas de solemnidad y si bien pueden ser empleadas en una conversación acerca de lo místico, quedan siempre muy desconectadas de Lo Que finalmente Se Vio en el despertar. Es por esto que en la descripción usada en mi libro preferí evocar la muy trivial y cotidiana imagen de una olla borboteando.

La ventaja de un retrato tan profano de la divinidad es que no deja margen a la retención y es inmediatamente soltada porque es considerada como una herramienta de escasa utilidad por la mente seria, puesta en sagrados e importantes asuntos espirituales.

En la misma línea, me gustaría aportar otra imagen con la que en esos tiempos la mente intentaba traducir esa Visión: ¡la piel de un pulpo!

Aunque me siento casi seguro (¡pero nunca se sabe!) de que en la nomenclatura divina nunca serán incluidas las palabras "El Gran Pulpo", el fluir de las formas, el aparecer y desaparecer de los objetos en la conciencia, se parecía mucho a la increíble habilidad mimética de la piel de algunos de estos moluscos. (3)

Muchos maestros y sabios han usado a menudo la metáfora de la película proyectada sobre una pantalla para apuntar a Lo Que Es, pero esta herramienta, aunque tenga muchas ventajas, induce a la mentalización de objetos y a una sutil fragmentación de la Unidad. Además, carece por completo de la información más impactante del despertar : la increíble vitalidad del substrato nouménico. Este es el aspecto más difícil de trasmitir, donde el lenguaje y la mente muestran todos sus límites en el comprender el oxímoron de una "vital quietud".

Al mismo tiempo, la impermanencia fenoménica resulta ser una propiedad intrínsecamente "biológica" a este súper-organismo, que no es proyectada por algo ajeno o separado de Él.

"Marea que al moverse parece estar dormida,
Demasiado plena para hacer ruido o espuma"

Poema zenrin citado por Alan W. Watts (4)

Esta "Cosa" (¡vaya cosificación!) era y es lo único que siempre ha sido y su infinitud llena completamente cada rincón de la existencia no dejando espacio a ningún posible ente que sea separado de Ella. Es imposible acercarse a Ella porque nunca fuimos algo diferente y cualquier camino, esfuerzo o realización son generados en su seno y por su parte.

Una vez visto esto, a cascada, viene reconsiderada la sensatez de conceptos como el "yo", la "elección", el "karma", la "reencarnación" y muchos otros argumentos de debate espiritual.

Todo es vida y el neumático más reseco tirado bajo el sol en un vertedero no tiene menos vitalidad que un Tony Manero el viernes por la noche cuando tocan los Bee Gees.

"Es un movimiento unitario y cualquier cosa que diga al respecto es engañoso, confuso. Usted no es una "persona", no es "algo", no es una entidad discreta rodeada de "otras" cosas. El movimiento unitario no es algo que pueda experimentar." - U. G. Krishnamurti. (5)

Junto a esta Visión se produce la inmediata apercepción de otras características del Gran Pulpo: el Silencio, la Paz, la Presencia, la Unidad, la Vacuidad, la atemporalidad, la impersonalidad.

Palabras estas que por cierto, aunque apuntando a la Realidad, nunca llevarán a la mente a comprender Lo Que ella comprende.

Por supuesto, aunque sea una de las imágenes que más se aproximó a lo vivido de primera mano, la del "Gran Pulpo" debe ser tomada como una provocación, un juego de palabras o una simple metáfora alternativa a esas ya en boga en la literatura espiritual y con la implícita y sana invitación a deshacerse de la misma una vez escuchada. Un poco como la mensajería de James Bond.

© Leo Carcaiso, Agosto 2014
Notas:
  1. Maestro Eckhart , "El fruto de la nada", Ediciones Siruela, Madrid, 1998.
  2. U. G. Krishnamurti, "La mente es un mito", Editorial Sirio, Malaga, 2013.
  3. El "pulpo mimo" (Thaumoctopus mimicus).
  4. Allan W. Watts, "El camino del Zen", Editorial Edhasa, Barcelona, 2003.
  5. U. G. Krishnamurti, "La mente es un mito", Editorial Sirio, Malaga, 2013.
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