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Fr. Náder Nahum

San Juan Ramana

Intimidad con Dios

Ser-Presencia-Consciencia

Por Hno. Náder Nahum 23 de enero de 2025

Hace algunos años, por alguna razón que desconozco, fui empujado nuevamente hacia el Cristianismo, ya no como una búsqueda de pertenencia institucional, sino con la intuición de que la enseñanza legada por los místicos cristianos no difería de la experiencia unitiva que propone la No-Dualidad.

Es un camino largo para compartirlo por escrito, y animo a toda persona que esté leyendo estas palabras a que me contacte; responderé a todas y cada una de las preguntas que tenga respecto de cómo, luego de haber llegado al Advaita, he vuelto sobre los pasos de los místicos cristianos. Solo diré que ahora sí siento que puedo comenzar a entenderlos un poco más, a esos «locos de Dios».

Desde entonces, comencé a compartir un poco de la sabiduría cristiana desde el abordaje no dual en los encuentros destinados a este fin, conocidos como satsanghs.

Hoy, sintiéndolo mucho en el corazón y por una inspiración recibida en la Oración Centrante de la noche del 03 de enero de 2026, vengo a compartir con ustedes una estrofa de San Juan de la Cruz que vino espontáneamente a mi memoria para el cierre de nuestra Oración Centrante.

Bajo el título de Suma de Perfección, dice San Juan de la Cruz:

«Olvido de lo criado,
memoria del Criador,
atención a lo interior,
y estarse amando al Amado».

Estas palabras son una explicación maestra de cómo ha de realizarse correctamente la autoindagación, nada más que expuesto en el S. XVI…

Cuando tomo estas palabras del místico cristiano del Renacimiento, me conducen directamente a ese no saber sabiendo en donde la mente queda siempre, en palabras del autor, balbuciendo… a ese gran Misterio la mente no lo puede asir, no lo puede atrapar, se le escurre entre pensamiento y pensamiento. Por eso, paso a exponer cada una de estas sentencias, que sin dudas son Mahavakyas (Grandes Sentencias) del Cristianismo, para que sean una guía en esta breve Autoindagación.

«Olvido de lo criado…»

Todos comenzamos con la no dualidad escuchando y practicando el famoso neti-neti: no soy esto ni aquello otro; una negación total de todo aquello con lo que nos identificábamos y que ahora reconocemos como simples estructuras, conceptos, en fin, objetos de nuestra observación. Este primer apuntar directo nos señala la importancia de este olvido de sí, en tanto que personas con este sentido de entidad separada. Olvido de lo criado/creado implica un soltar todas las creencias y formas que alimentan el sentido de entidad separada.

«…memoria del Criador…»

Si no soy esto ni aquello ni esto otro, entonces: ¿quién soy? O también podemos preguntarnos, como aconsejaba Bhagavan Sri Ramana: ¿de dónde vengo? Esta forma de indagación nos propone ir tras la fuente de donde surgen todos y cada uno de los pensamientos, sensaciones, emociones… incluso el cuerpo.

Indagar así nos permite reconocer —que, como me gusta decir, es conocer dos veces— que lo que realmente ES no puede estar atrapado al tiempo, reducido a un espacio ni ser proclive al cambio… ESO es de naturaleza inmutable, atemporal, aespacial; ESO es el substrato de todo cuanto viene, acontece y desaparece.

Recordar es volver a pasar por el corazón, y cuando volvemos a pasar por el Corazón entramos en memoria del Creador. La consciencia Testigo o Cuarto Estado (Turiya) es la puerta a esta memoria atemporal que siempre estuvo ahí en verdad: abierta, disponible, autoevidente, autoluminosa. Tú eres ESO en donde toda la creación viene a la existencia, danza y desaparece.

«…atención a lo interior…»

Cuando comenzamos a recordar nuestra verdadera naturaleza como no diferenciada de Dios, cuando empezamos a reconocer quiénes somos en realidad, estamos en condiciones de comenzar a conocer este Sí mismo.

Todos sabemos que, para poder conocer bien a alguien, debemos pasar tiempo con esa persona: saberlo todo, sus platos favoritos, lo que le gusta y lo que no, cómo ve el mundo, cómo se mueve en el mundo, etc. Cuando nos hemos dado cuenta de que «lo visto» no nos define, dejamos de depositar en ello nuestra atención; ya no precisamos estar atestiguándolo todo, y la comprehensión toma un giro. Si no hay nada que ver porque definitivamente no me encontraré en los objetos de mi observación, entonces lo que hacemos es querer conocer AL QUE VE: la atención pasa de los objetos vistos al que ve; la atención se vuelca sobre «…lo interior».

«…y estarse amando al Amado.»

Cuando la atención se vuelca sobre lo interior, cuando se encuentra el reposo en Ver al que Ve, ser Testigos del Testigo, entonces la mente se funde en la fuente; no hay más nombrar porque ya no hay ni veedor ni lo visto. Solo queda lo único que ES, lo que siempre estuvo AHÍ: el simple y profundo hecho innegable de Ser-Presencia/Consciencia-Plenitud.

Cuando estamos con la persona que amamos, el tiempo pasa tan velozmente que sentimos que se nos escurre entre los dedos; el cuerpo olvida sus dolencias, el mundo desaparece… Cuando nos abandonamos en solo Ser-Consciencia, experimentamos un estado que algunos llaman Ananda, algo así como Bienaventuranza, Beatitud, caemos en cuenta de que somos plenos y completos.

Al descubrirnos en un sentido real, nos volvemos locos de amor por el Amado, el Sí Mismo Uno-sin-segundo.

La Oración se vuelve muda. Ya no hay pretensiones. No hay más especulación. No hay más necesidad de hablar. Basta con solo Ser ESO que ES, indudablemente.

Hno. Náder Nahum