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Extractos - Wayne Liquorman

La Consciencia lo es todo

por Wayne Liquorman
Waine Liquormen

Este Advaita, del que hablo, no es en realidad una filosofía porque no se aferra a ningún principio. Es simplemente una recopilación de directrices y conceptos, y declara que ninguno de ellos es verdadero en un sentido absoluto. Se trata de indagar dentro de las limitaciones y los conceptos erróneos sobre cómo son las cosas. Por ello más que una verdad absoluta es un proceso. Sus enseñanzas contienen una serie de herramientas.

La herramienta primordial es que todo es Consciencia; todo es Uno. O, para ser más precisos, Advaita, si se traduce literalmente, significa "no dos". Ésa es la directriz más esencial. No es una verdad. Y una directriz se debe utilizar como medio para averiguar qué es verdaderamente válido; para indagar dentro de uno mismo y descubrir la propia naturaleza. Es un proceso que, cuando ocurre, se entiende como una parte natural del fluir de la vida.

Así que la Enseñanza como ocurre ahora, ya está surtiendo efecto en este momento. Si hay un "yo" autor presente, dirá: "Mira lo que he hecho. He pensado, me he dado cuenta, hoy he visto y he prestado atención, y por ello he obtenido tantos beneficios y resultados". El entendimiento es que es la Enseñanza misma la que te ha hecho reaccionar de la forma que ha querido. Es la Enseñanza misma la que, por su propia fuerza, tiene un impacto sobre ti.

 

A lo que esta enseñanza apunta es a que la Consciencia es la autora de todas las acciones y la que da vida a todo. Actúa a través de estos instrumentos humanos de la misma manera que actúa a través de los árboles, los pájaros o las cataratas. Los humanos están estructurados de tal forma que cuando la fuerza de la vida fluye a través de ellos reaccionan de acuerdo a su programación. Por lo tanto, hay organismos asesinos, organismos trabajadores, organismos perezosos; todos están creados para efectuar diferentes acciones. Hay organismos de perros, organismos de ardillas, organismos de peces, cada uno de los cuales actúa de acuerdo a su naturaleza biológica y a su programación. La Consciencia actúa a través de todo.

Cada organismo humano está programado genéticamente para producir una amplia variedad de acciones y reacciones. Tiene instintos y necesidades físicas. El organismo reacciona a esta programación de forma orgánica. Necesita aire y luchará para conseguirlo. Necesita agua; necesita comida; necesita calor y cobijo; tiene necesidad de sexo; tiene necesidad de todo tipo de cosas. Las necesidades del organismo le llevan a la acción, de forma completamente independiente a cualquier "yo" egóico. Tus propias investigaciones te mostrarán que no se necesita la presencia de un "yo" egóico para que la acción ocurra.

Es el ego o la mente pensante la que falsamente reivindica la autoría de la Consciencia como "mi" acción. Vocifera y amenaza, sugiriendo que si "yo" me voy no se hace nada. Lo que, por supuesto, ¡es ridículo! Está claro que ése no es el caso. En la ausencia de este "yo" egóico, se crea todo el universo.

 

La Consciencia lo es todo

Todo forma parte del mecanismo de la Consciencia, porque Consciencia es todo lo que hay. Ésa es la directriz fundamental de la Enseñanza. Todo es Consciencia, por lo tanto, todo lo que ocurre es Consciencia.

Pero la Consciencia no es una cosa que pueda ser absorbida por la mente humana. Cuando utilizamos la palabra "Consciencia" no estamos hablando de una cosa. Si fuese una cosa, entonces podría ser comprendida por la mente humana; si fuese un objeto, podría ser conocido. En esta enseñanza, la palabra "Consciencia" es usada para señalarlo todo —la fuente y la sustancia de todo— y, sin embargo, no es una cosa, no es un objeto. No puede ser conocida en su totalidad porque no hay un "ello" que conocer. La Consciencia sólo puede ser conocida por sus aspectos, y éstos son la manifestación del mundo entero.

 

La Aceptación

Cuando se habla de aceptación hay que tener en cuenta un punto importante: la aceptación no quiere decir aprobación. La aceptación subyace bajo la reacción. Entonces, puede haber enfado, puede haber frustración, puede haber impaciencia, y aún así puede haber aceptación. La aceptación subyace bajo "lo que es". El enfado, cuando surge, es parte de "lo que es", la frustración, cuando surge, es parte de "lo que es". La aceptación es total; es absoluta. Gustos y disgustos, aprobación y desaprobación son aspectos de cada organismo humano. Surgen natural y espontáneamente de acuerdo con la naturaleza de cada persona, y el sabio no es ninguna excepción. El organismo que llamamos sabio es un ser humano con cualidades y características humanas.

El sabio tiene preferencias y aversiones y, como en el caso de cualquiera, las respuestas son automáticas. Las respuestas de todo el mundo son un resultado de su condicionamiento. La persona corriente posee un ego que reclama la reacción y dice: "Yo lo hice". El sabio no tiene un reclamo secundario sobre las respuestas del organismo. Ésa es la diferencia. Pero el proceso es el mismo para todo el mundo. Todo organismo funciona según su condicionamiento. Todo organismo funciona según su naturaleza.

Lo que está ausente en el sabio es la culpabilidad y el orgullo. No puede haber culpabilidad si no hay un "yo" que reclame ser la fuente de la acción. Eso es lo que son la culpabilidad y el orgullo: un falso reclamo de autoría personal por parte del "Yo".

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